Lo que para la filial española SeaFood Legacy Spain fue un cierre exitoso de un proceso administrativo y financiero ocurrido el 18 de marzo, para su matriz noruega, Columbi Salmon, se ha trasformado en una derrota con sintomas de funeral jurídico de impacto europeo en el puerto de Ostende, Belgica.
El Consejo de Estado de Bélgica ha ratificado la anulación de los permisos para la planta RAS, dejando al gigante noruego fuera de juego en territorio belga y provocando una airada reacción de las autoridades locales.

El detonante: El salmón es «agricultura», no «puerto»
A pesar de la intensa campaña de la ONG GAIA centrada en el sufrimiento animal, la sentencia judicial que ha sepultado el proyecto se basa en un tecnicismo de planificación urbana. El Consejo de Disputas de Permisos (RvVb) determinó que la cría de salmones en tanques terrestres es una «producción agraría».
Bajo esta etiqueta, el proyecto se vuelve ilegal en la zona portuaria de Ostende, la cual solo permite actividades vinculadas directamente a la infraestructura marítima. Este criterio ha causado estupefacción en el gobierno local. «Nuestra ciudad tiene una larga tradición con empresas de procesamiento de pescado. Es extraño que esta planta ahora quede fuera de lugar», declaró Charlotte Verkeyn, concejala de Economía de Ostende.

GAIA: «Una victoria histórica para los animales»
Verkeyn fue tajante al desmitificar el relato de las ONG: «El aspecto medioambiental no ha desempeñado ningún papel en la decisión de cancelar el permiso». Según la autoridad, la ciudad pierde una inversión de 400 millones de euros que cumplía con los más altos estándares europeos de sostenibilidad y que habría generado 400 puestos de trabajo directos e indirectos.
Sin embargo, el 9 de abril del 2026, La organización GAIA (Global Action in the Interest of Animals) ha anunciado con firmeza que el Consejo de Estado archivó definitivamente el megaproyecto de Columbi Salmon en Ostende. El fallo, emitido el 2 de abril, es reivindicado por la ONG como el resultado de seis años de campaña ininterrumpida.
Desde GAIA aseguran que esta decisión «envía un mensaje claro: los proyectos industriales que ignoran el bienestar animal no quedarán impunes».
La organización fundamenta su victoria en que el tribunal reconoció dos puntos
-
- Legitimidad Juridica: Se reconoce explícitamente a las ONG la facultad de emprender acciones legales basadas en el bienestar de los peces.
- Incompatibilidad portuaria: El fallo determinó que la acuicultura intensiva no puede considerarse una «actividad portuaria», invalidando el uso del suelo en Ostende.
El desafío de la indentidad industrial RAS
¿Es el RAS una extensión del puerto o una granja industrial fuera de lugar? La respuesta a esa pregunta hoy vale, al menos en Bélgica, 400 millones de euros.
Mientras que en algunos países se le recibe como una industria tecnológica de vanguardia y una solución a la soberanía alimentaria (como demuestra el éxito financiero y político de la planta de Burela en España). En otros es percibida y clasificada legalmente como una «fábrica de animales» de carácter agrario.
Esta ambigüedad en la clasificación de los suelos y la creciente capacidad de las ONGs para litigar bajo el concepto de «bienestar animal» sugieren que, en el futuro, el éxito de estos proyectos no dependerá solo del capital o la tecnología, sino de la capacidad de las empresas para armonizar sus instalaciones con los planes de ordenamiento territorial más allá de la etiqueta de «producción sostenible».



















