Líderes indígenas de la costa oeste de Canadá intensificaron la presión sobre el primer ministro Mark Carney para revertir la prohibición de la salmonicultura en el océano programada para 2029 y avanzar hacia un modelo liderado por las Primeras Naciones, donde la autoridad para otorgar licencias recaiga directamente en los pueblos originarios.
La propuesta, impulsada por la Coalición de Primeras Naciones para la Gestión del Cultivo de Peces, busca reposicionar a las naciones titulares de derechos en el centro de la toma de decisiones, reemplazando años de políticas federales por un enfoque basado en evidencia científica, gestión ambiental y desarrollo económico indígena.
“El futuro de la acuicultura en Columbia Británica debe construirse con nosotros, no sin nosotros”, señaló Dallas Smith, portavoz de la coalición. “La salmonicultura es la columna vertebral de economías sostenibles para nuestras comunidades”, expresó.
Impacto económico en juego
La coalición advierte que la prohibición —anunciada durante el gobierno de Justin Trudeau— amenaza empleos, inversión y seguridad alimentaria. Actualmente, el sector genera alrededor de 1.170 millones de dólares anuales, sustenta 4.560 empleos a tiempo completo y aporta 134 millones de dólares directos a comunidades indígenas, con más de 1.000 trabajadores indígenas vinculados a la actividad.
Sin un marco regulatorio claro, cerca de 500 millones de dólares en inversión extranjera permanecen congelados. Según Smith, revertir la medida permitiría reactivar estos recursos “en meses, no en años”.
Decisiones urgentes para la industria
El tiempo apremia. El próximo ciclo productivo de salmón —de seis años— comienza en junio, obligando a las empresas a definir ahora sus planes de siembra e inversión. La incertidumbre regulatoria deja al sector frente a un dilema: continuar produciendo con el riesgo de sacrificar peces sanos antes de 2029, o detener operaciones y provocar pérdidas inmediatas de empleo.
“Por cada ciclo que no llega a la mesa, se pierden trabajos”, advirtió Jennifer Woodland, representante de la industria.
Un modelo indígena con base científica
El plan de la FNFFS se articula en cinco pilares, destacando:
- Licenciamiento indígena de la acuicultura.
- Transformación del centro científico de Campbell River en un instituto liderado por Primeras Naciones.
- Creación de un fondo de gestión del salmón financiado por la industria.
- Mayor participación accionaria indígena en toda la cadena de valor.
La coalición sostiene que la evidencia científica y décadas de experiencia demuestran que los centros de cultivo pueden coexistir de forma responsable con el salmón silvestre.
Comunidades en riesgo
En territorios remotos como Klemtu, el impacto ya se siente. Isaiah Robinson alertó que la prohibición amenaza directamente economías locales donde la salmonicultura representa más de la mitad de la actividad económica.
“Estamos perdiendo empleos hoy, no en 2029”, afirmó.
Seguridad alimentaria y dependencia externa
El debate también se extiende a la soberanía alimentaria. En 2024, Canadá importó más de 700 millones de dólares en salmón de cultivo, principalmente desde países como Noruega, Chile y Escocia.
Para Richard George, la prohibición no elimina la demanda: “Elimina el salmón producido en Canadá”.
Llamado a una “reconcili-acción”
El mensaje final de los líderes indígenas es claro: integración, no exclusión. “No pedimos quedar fuera de la agenda económica de Canadá, pedimos ser parte de ella como socios”, subrayó George.
Desde la industria, ejecutivos como Ivan Vindheim y Steven Rafferty coincidieron en que el liderazgo indígena es clave para un desarrollo sostenible que combine crecimiento económico, protección ambiental y seguridad alimentaria.
La decisión ahora está en manos de Ottawa: mantener el rumbo hacia la prohibición o abrir paso a un modelo liderado por las Primeras Naciones que redefine el futuro de la salmonicultura en Canadá.


















