La provincia de Tierra del Fuego no suele figurar como termómetro del rumbo económico argentino. Sin embargo, para Juan Pablo Spinetto, columnista de Bloomberg Opinion, allí se esconde una de las señales más elocuentes de que el país está cambiando. La reciente derogación de la ley que prohibía el cultivo de salmón marca, a su juicio, algo más que un ajuste sectorial: refleja una nueva relación entre ideología, medio ambiente y necesidades productivas.
Del veto ambiental al pragmatismo económico
La prohibición de 2021 había convertido a Argentina en el primer país del mundo en vetar la salmonicultura intensiva para proteger sus ecosistemas marinos. Pero el costo económico era evidente: el país importa casi todo el salmón que consume desde Chile, segundo productor mundial, con exportaciones por más de US$6.000 millones anuales.
Para Spinetto, la marcha atrás no niega las preocupaciones ambientales, pero sí evidencia una recalibración. Bajo el gobierno de Javier Milei, proyectos antes congelados comienzan a reaparecer, impulsados por una agenda promercado y de desregulación que busca reactivar sectores estratégicos.
Un patrón que se repite más allá del salmón
El caso fueguino no es aislado. En Mendoza, un proyecto de cobre rechazado hace más de una década vuelve a ganar respaldo político, mientras la gran minería observa a Argentina como una nueva frontera para los minerales críticos. A esto se suma la producción récord de petróleo en Vaca Muerta, donde la actividad se ha acelerado desde la llegada de Milei a la Casa Rosada.
Según el análisis de Spinetto, estos movimientos reflejan un país que intenta dejar atrás más de diez años de estancamiento, escasa creación de empleo privado y distorsiones que lo llevaron al borde de la hiperinflación a fines de 2023.
Milei como síntoma de un cambio social
El columnista subraya que el giro no se limita al oficialismo. Sectores de la oposición y del sindicalismo han comenzado a adaptarse a la nueva lógica. Incluso el gobernador opositor de Tierra del Fuego, hoy defensor de la salmonicultura, había respaldado su prohibición años atrás.
Spinetto cita datos del encuestador Isonomía para reforzar la idea de un cambio cultural: el porcentaje de argentinos que prefieren un Estado dominante cayó del 70% en 2011 al 41% este año. Este giro coincide, de manera reveladora, con un aumento de personas que se perciben como clase baja en lugar de clase media.
Un cambio real, pero con asterisco
¿Ha cambiado Argentina de forma estructural? Para Spinetto, la respuesta es afirmativa, aunque con reservas. El país ya vivió otros momentos de entusiasmo reformista —la convertibilidad de los 90, el auge de los 2000, las reformas de Mauricio Macri— que terminaron en frustración. Argentina, recuerda, es experta en zigzags políticos.
Aun así, el contexto actual presenta diferencias relevantes: crecimiento económico por encima del 3% por segundo año consecutivo, inflación encaminada a bajar del 20%, mayor flexibilidad cambiaria, bonos soberanos en niveles elevados y un riesgo país en mínimos de varios años.
El peronismo y la incógnita de 2026
Otro punto central del análisis es la debilidad del peronismo tras su revés electoral. Spinetto sostiene que el movimiento enfrenta una disyuntiva existencial: reinventarse alejándose de su ADN estatista o resignarse a un rol minoritario apostando al fracaso del experimento liberal.
El economista Marcos Buscaglia, citado en la columna, lo resume así: la reducción de las probabilidades de un regreso del kirchnerismo al poder sería el mayor cambio estructural en Argentina, aunque eso no implique un cheque en blanco para Milei.
Riesgos abiertos y una prueba decisiva
El columnista advierte que los riesgos siguen presentes: debilidades en la gestión cotidiana, tensiones políticas en el Congreso, recortes presupuestarios que podrían volverse impopulares, un mercado laboral desigual y la persistente dependencia del dólar.
Con elecciones hasta 2027, Spinetto concluye que 2026 será clave para saber si Argentina puede sostener su rumbo reformista. Si las reformas se traducen en crecimiento, menor inflación y mejora del nivel de vida, el costo político de abandonarlas aumentará, reduciendo la probabilidad de un nuevo giro brusco. Esta vez —sugiere— el cambio podría ser algo más que otra promesa incumplida.
NOTA: JP Spinetto es columnista de Bloomberg Opinion que cubre negocios, asuntos económicos y política latinoamericanos. Anteriormente fue editor gerente de economía y gobierno de Bloomberg News en la región.


















