Con el cierre del año, también se termina un ciclo económico marcado por ajustes, correcciones y sorpresas. Se despide 2025, un período que finalmente mostraría un desempeño algo mejor al anticipado, con un crecimiento que se habría ubicado entre 2,3% y 2,5%, según la mayoría de las estimaciones. El balance, sin embargo, mantiene un sesgo pesimista tras el decepcionante Imacec de noviembre, que evidenció una expansión mensual de solo 1,2%, así lo reporta una completa nota del Emol.


Proyecciones que quedaron cortas
En este contexto, las proyecciones de crecimiento formuladas a fines de 2024 por el Banco Central, Hacienda, organismos internacionales y analistas privados quedaron, en su mayoría, levemente por debajo de la expansión que finalmente habría alcanzado la economía chilena en 2025.
El Banco Central, en su Informe de Política Monetaria (IPoM) de diciembre de 2024, proyectaba un rango de crecimiento entre 1,5% y 2,5% para el PIB de 2025. El Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Cepal, en tanto, situaban la expansión mayormente en torno al 2% y 2,3%. Por su parte, los analistas privados —bancos y centros de estudio— convergían en una cifra cercana al 2%, con escasas excepciones levemente superiores.
Según la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) del Banco Central, en diciembre de 2024 se estimaba un crecimiento de 2% para 2025. Hacienda, en contraste, mostraba una visión más optimista, apostando por una expansión de 2,7%.


¿Por qué mejoró el escenario?
La revisión al alza de las proyecciones respondió, principalmente, a que varios supuestos considerados frágiles a fines de 2024 terminaron comportándose mejor de lo previsto. De acuerdo con el IPoM de diciembre, la inflación descendió más rápido de lo esperado, reduciendo las presiones sobre el ingreso disponible y mejorando las condiciones financieras internas.
A ello se sumó un impulso externo más favorable, con una economía global más resiliente y una revisión al alza del precio del cobre, lo que fortaleció los términos de intercambio y apoyó la actividad local. También destacó un mejor desempeño de la inversión, especialmente en maquinaria y equipos, junto con una evolución más sólida de la actividad no minera, en particular en los sectores de servicios y comercio.
Mirada puesta en 2026
Si se repite el ejercicio de proyección para 2026 —el primer año con José Antonio Kast en La Moneda—, el consenso vuelve a mostrar algo más de optimismo, aunque con cautela. El Banco Central elevó su estimación a un rango de 2% a 3% en el IPoM de diciembre, mientras que el Banco Mundial proyecta un crecimiento de 2,6%.
Hacienda estima una expansión de 2,5% para el próximo año y los expertos consultados en la EEE proyectan un crecimiento cercano a 2,3%. El FMI, en cambio, anticipa una expansión más moderada, en torno al 2%, y la Cepal la sitúa en 2,2%.
Un escenario más favorable, pero incierto
Pese a las diferencias, existe la percepción de que la economía chilena enfrenta por primera vez en varios años un escenario más favorable. El Banco Central anticipa la convergencia de tres elementos clave: un crecimiento que podría acercarse al 3%, una inflación retornando a la meta de 3% y una mejora sustantiva en las perspectivas de inversión.
Este escenario se ve reforzado por un cambio en las expectativas del mercado, asociado a la percepción de una administración más favorable al desarrollo del sector privado y a la generación de confianza, lo que ha contribuido a reducir la incertidumbre empresarial y a reactivar decisiones de inversión.
Con todo, proyectar el futuro sigue siendo un ejercicio complejo. Si bien el balance es más positivo que en años anteriores, el desempeño económico durante el primer año del gobierno del presidente electo, José Antonio Kast, continuará expuesto a riesgos internos y externos que podrían alterar el rumbo de la recuperación.
















