La acuicultura ha experimentado un crecimiento exponencial, pero el bienestar de los peces a menudo se ha descuidado. Investigaciones recientes han demostrado que los peces son seres sensibles con capacidades cognitivas complejas y la capacidad de experimentar estados emocionales. Por lo tanto, es crucial adoptar un enfoque holístico para evaluar y mejorar su bienestar.
Al respecto, la Dra. Sonia Rey, destacada investigadora de la Universidad de Stirling habló con nuestro medio sobre la importancia de integrar el bienestar animal en las operaciones acuícolas, un aspecto fundamental para asegurar la sostenibilidad y el desarrollo responsable de la industria.
«El bienestar animal es fundamental para una mejor producción porque los peces que tienen niveles bajos de estrés y que, además, poseen un sistema inmunológico más robusto, mueren menos, se enferman menos y son capaces de afrontar con más facilidad los cambios a agua de mar. Creo que también es positivo porque es una situación donde todos ganan, ya que, si los animales están en mejores condiciones, la calidad del producto también es mejor», destacó.
De hecho, «se han hecho estudios donde se ha visto la calidad del filete, por ejemplo, donde niveles de alto bienestar nos dan un mejor filete porque hay niveles de estrés más bajos, y, por lo tanto, los tejidos son más consistentes», describió.
¿Qué deberíamos saber sobre los peces?
En el contexto del Workshop Internacional de Fotoperíodo 2025 desarrollado recientemente por Bioled, Rey detalló las principales características relacionadas con la biología de los peces que pueden ser relevantes para la acuicultura.
Una de ellas es que son ectotermos (sin regulación interna de la temperatura) y siguen ritmos circadianos diurnos y nocturnos como nosotros, además de ritmos estacionales. También, son menos afectados por la gravedad debido a la densidad del agua (830 veces mayor que el aire), porque el peso no es una limitación, las formas corporales son hidrodinámicas para la propulsión y los cerebros parecen más pequeños porque no tienen la misma proporción de peso cerebral en relación al tamaño corporal que los animales terrestres.
Otra característica importante es que la capacidad de natación es limitada y las diferentes velocidades de corriente cambiarán su comportamiento (de agruparse en bancos a nadar de forma dirigida en jaulas).
Pero también, un punto no menor, es que su ciclo de vida es complejo, donde la osmorregulación es un factor crítico para su supervivencia. Finalmente, la domesticación del salmón ha sido bastante reciente, alrededor de los años 1800 en Escocia y 1970 en Noruega. Aquí, un factor muy importante a destacar es el trasfondo genético del pez.

¿Cómo se siente ser un pez?
Ahora bien, esta interrogante no es menor, ya que la percepción sensorial y cognición son indicadores del bienestar de los peces, indicó la experta.
«Los peces son inteligentes y tienen buena memoria: pueden usar herramientas y tienen buenas habilidades para resolver problemas; pueden reconocer congéneres e individuos de otras especies (incluso rostros humanos) e incluso a sí mismos; tienen personalidades y diferentes síndromes de ritmo de vida; muestran diferencias individuales en sus comportamientos y estilos de afrontamiento del estrés; tienen preferencias individuales/grupales; tienen habilidades de aprendizaje social, así como contagio emocional», detalló.
¿Cómo podemos mejorar el bienestar ofreciendo lo que un pez quiere?
La investigadora aseguró que la respuesta nace partiendo desde una mirada positiva para que el pez viva una vida que valga la pena vivir y donde el uso de enriquecimiento ambiental se vuelve una medida clave. Algunas de las estrategias propuestas tienen relación con lo estructural, social, acústico, que busca no solo evitar el ruido sino proporcionar sonidos, además de lo físico, que implica el control de flujos, corrientes y temperatura en la producción.
Señaló que, al aplicar estas medidas, los estudios de caso indican tasas de crecimiento aumentadas y comportamiento agresivo reducido, menor mortalidad en salmón del Atlántico, trucha arcoíris, lubina europea y carpa común.
Por lo tanto, evaluar el bienestar animal es una tarea multifactorial que requiere un enfoque holístico que mida una variedad de factores. Estos incluyen aspectos como la integridad corporal, la fisiología, el comportamiento y el bienestar mental, entre otros. En el caso del salmón, se han desarrollado indicadores de bienestar específicos que proporcionan información valiosa para evaluar con precisión el estado de los peces.
La científica señaló que las intervenciones tradicionales de bienestar se centran en minimizar los estados de bienestar físico y fisiológico negativos (por ejemplo, dolor, hambre, enfermedad y estrés), sin embargo, se presta significativamente menos atención (o ninguna) a la promoción de estados de bienestar positivos, como la expresión de comportamientos gratificantes (por ejemplo, exploración, búsqueda de alimento, interacciones sociales), que pueden provocar estados afectivos positivos denominados Bienestar Animal Positivo o Positive Animal Welfare (PAW).
Este se ha definido recientemente como el florecimiento de un animal que experimenta estados mentales positivos, lo que lleva al desarrollo de competencia y resiliencia. Por lo tanto, va más allá de garantizar una salud óptima y la prevención o alivio del sufrimiento, al ofrecer además experiencias gratificantes para que los animales puedan prosperar en cautiverio.

Enriquecimiento ambiental
De acuerdo a un reciente estudio publicado en Scientific Reports donde participó Sonia junto a investigadores de la Universidad de Stirling, la Universidad de Bohemia del Sur, la Universidad de Vigo y el Grupo de Investigación en Ciencia Animal y Veterinaria, SRUC, una forma de promover el (PAW) es a través de alojamientos enriquecidos que imiten hábitats silvestres más complejos, fomentando la expresión de comportamientos naturales. El enriquecimiento ambiental incluye la adición de estructuras o estímulos que provocan e involucran la respuesta del pez a desafíos mentales y físicos (por ejemplo, refugios, sustratos novedosos, variación en la velocidad o temperatura del agua.
La adición del enriquecimiento dentro de los tanques de cultivo de acuicultura (que generalmente son ambientes homogéneos carentes de estimulación) ha ganado un reconocimiento creciente como un enfoque prometedor para mitigar los efectos adversos del cautiverio en el bienestar de los peces (por ejemplo, oportunidades para escapar de congéneres dominantes, estrés inducido por el hacinamiento o el transporte). En este sentido, se ha demostrado que las condiciones de alojamiento con mayor complejidad y novedad reducen el estrés, mejoran la diversidad conductual, incluida la promoción de comportamientos naturales, y mejoran la función cognitiva, promoviendo estados de bienestar positivos en los peces.
Bajo este escenario las experiencias de la vida temprana tienen efectos duraderos en el comportamiento y la fisiología, influyendo en el desarrollo de comportamientos naturales adaptativos. “El enriquecimiento de los entornos de cultivo fomenta la expresión de comportamientos naturales en peces cautivos, promoviendo el bienestar animal positivo, lo cual es importante para llevar a cabo investigaciones válidas y reproducibles e informar mejores prácticas de manejo”, comentaron los investigadores.
Un estudio de su impacto fue con el salmón del Atlántico juvenil (Salmo salar), donde se probó si la provisión de enriquecimiento ambiental en la vida temprana mejora el bienestar. Se midieron indicadores de bienestar comparando tanques enriquecidos con no enriquecidos. Se registraron rasgos morfológicos (daño en las aletas y condición corporal), fisiológicos (cortisol plasmático) y conductuales (actividad, cohesión grupal y neofobia). Además, se analizó la expresión molecular de transcritos de ARNm cerebral relacionados con la respuesta al estrés, la neuroplasticidad y el sistema serotoninérgico.
En relación a los resultados, los investigadores Sonia Rey junto a su equipo concluyeron que “el enriquecimiento ambiental no afectó los indicadores morfológicos de bienestar, la actividad o el cortisol. Los peces enriquecidos fueron más cohesivos que los peces no enriquecidos y menos neofóbicos, con una mayor renovación serotoninérgica, lo que sugiere que el enriquecimiento mitiga el estrés, promoviendo estados emocionales positivos”.
Por otro lado, “los genes relacionados con el desarrollo y la actividad neuronal (bdnf y ndf1), el estrés celular (hsp90 y hsp70) y la síntesis de serotonina (tph2) aumentaron en los peces enriquecidos después del estrés, mejorando la función cognitiva”.
Dicho esto, los hallazgos sugieren que el enriquecimiento ambiental en la vida temprana es ventajoso para el bienestar animal positivo al mejorar los estados emocionales en entornos cautivos, asegurando que los animales estén libres de experiencias negativas y puedan acceder a las positivas.
El papel de los ritmos circadianos
Sonia Rey explicó que “los peces tienen ritmos circadianos (estacionales y anuales) que son relojes biológicos que les ayudan a lidiar con los ciclos ambientales. Estos ritmos están influenciados por la luz y la temperatura (principales marcadores de tiempo), y son similares a los de otros animales, incluidos los humanos”.
Indicó también que “la fotorrecepción no visual y el uso de opsinas no visuales también son importantes en muchos procesos biológicos críticos, como la estacionalidad, el arrastre circadiano y la reparación del ADN.»
Por lo que “el reloj podría desempeñar un papel importante en la determinación del momento de la diferenciación celular durante el desarrollo y, al mismo tiempo, es muy importante la experiencia en la vida temprana”, destacó.
Ahora bien, en cuanto a las principales implicaciones relacionadas con el bienestar de los peces, la investigadora sostuvo que «el uso de entornos tanto térmicos como lumínicos como enriquecimiento ambiental son importantes para el bienestar positivo –como medida de estados mentales internos afectivos y emocionales– y tiene serias implicaciones para la biología de la especie y efectos sobre la fisiología y las respuestas inmunitarias”.
La experta, además, abrió la interrogante de que si el cambio climático puede alterar los ritmos circadianos de preferencia térmica y afirmó que la iluminación artificial también puede alterar los ritmos circadianos, no solo para la luz, sino también para la preferencia de temperatura.



















