Descompresión prolongada: un nuevo riesgo para el salmón en los wellboats
Un estudio desarrollado por Aqua Kompetanse AS, University of Bergen, Norwegian Institute for Water Research (NIVA), Pharmaq Analytiq, NUI AS, Stiftelsen Industrilaboratoriet (ILAB), Seafarming Systems AS demuestra que la descompresión utilizada durante determinadas operaciones de carga puede desencadenar enfermedad aguda por burbujas de gas en salmón Atlántico.
La creciente sofisticación de los wellboats ha permitido ampliar y diversificar sus funciones dentro de la producción de salmón Atlántico. Sin embargo, un nuevo estudio científico pone el foco sobre un aspecto físico de estas operaciones que podría tener implicancias directas para el bienestar de los peces: los cambios bruscos de presión.
La investigación “Gas bubble disease in Atlantic salmon (Salmo salar L.) induced by simulated well boat operations”, publicada en Aquaculture en 2026, demuestra que una descompresión hasta 0,4 atmósferas absolutas (ata) —condición utilizada para simular el límite operacional de determinadas maniobras de carga— puede provocar enfermedad por burbujas de gas (GBD, por sus siglas en inglés) en salmón Atlántico.
El hallazgo resulta especialmente relevante para una industria en la que los wellboats cumplen un papel cada vez más importante en procesos como transporte, cosecha y tratamientos contra el piojo de mar. El propio estudio destaca que la expansión de la escala de producción ha ido acompañada por embarcaciones de mayor tamaño y sistemas tecnológicamente más complejos.
El factor que marca la diferencia: el tiempo bajo presión
Para estudiar el fenómeno, los investigadores sometieron 122 salmones Atlánticos, de aproximadamente 670 gramos de peso promedio, a distintos perfiles de presión en una cámara experimental.
El diseño contempló tres escenarios: descompresión desde 1 ata hasta 0,4 ata, compresión hasta 2,6 ata y un grupo control mantenido aproximadamente a presión atmosférica. En las pruebas de descompresión se utilizaron además dos niveles de oxígeno disuelto previo: 100% y 150% de saturación.
Los resultados fueron contundentes. En las seis pruebas realizadas a 0,4 ata, la mortalidad apareció en todos los ensayos que superaron los 60 minutos de exposición. A los 65 minutos se registró la primera mortalidad, mientras que una exposición de 113 minutos terminó con la muerte o condición moribunda del 100% de los peces en uno de los ensayos. En contraste, el ensayo limitado a 60 minutos no registró mortalidad.
La relación temporal fue particularmente clara. La relación entre el tiempo de exposición y la mortalidad fue particularmente clara durante las pruebas a 0,4 ata. Mientras una exposición de 60 minutos no registró mortalidad, los efectos comenzaron a aparecer poco después: a los 65 minutos, la mortalidad alcanzó un 7,7% en uno de los ensayos; a los 72 minutos, llegó al 8,3%; y a los 79 minutos, se situó entre 8,3% y 25%, dependiendo del ensayo. El resultado más crítico se registró tras 113 minutos de exposición, cuando la mortalidad alcanzó el 100%. Estos resultados refuerzan la importancia de la duración de la exposición a condiciones de descompresión durante las operaciones con wellboats, especialmente cuando esta se prolonga por sobre una hora.
Los autores advierten que estos resultados no deben interpretarse como un “umbral operativo” universal, pero sí muestran que la permanencia prolongada bajo una fuerte descompresión incrementa de manera marcada el riesgo de GBD clínicamente relevante.
Fig. 1. Representación esquemática de las operaciones de un wellboat simuladas durante el ensayo. Créditos: Estudio.
Burbujas en la sangre: una señal que el ojo no siempre puede detectar
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la utilización de ultrasonido para detectar burbujas de gas en el sistema circulatorio.
Inmediatamente después de la exposición, se detectó embolia gaseosa en peces sometidos a 0,4 ata, tanto con 100% como con 150% de oxígeno previo. En total, 48,6% de los peces sometidos a descompresión presentaron embolias gaseosas en una o más cavidades cardíacas.
Entre los grupos comparables, la proporción de peces positivos fue de 41,7% con 100% de oxígeno y 45,8% con 150%, sin diferencia estadísticamente significativa en la carga media de burbujas.
Esto entrega una señal importante para la industria: la ausencia de signos externos inmediatos no necesariamente significa ausencia de alteraciones internas.
De hecho, el estudio concluye que el ultrasonido fue una herramienta especialmente útil para evaluar cuantitativamente la carga de burbujas, mientras que las alteraciones conductuales pueden utilizarse como indicadores complementarios.
Aletas y branquias también muestran las huellas de la descompresión
Las evidencias no se limitaron al sistema circulatorio. Entre los 60 peces evaluados después de exposiciones a 0,4 ata, 57 —equivalentes al 95%— presentaron burbujas visibles en las aletas. En los grupos comparables, la prevalencia fue de 87,5% con 100% de oxígeno previo y de 100% con 150%. Además, la carga de burbujas fue significativamente mayor en el grupo con 150% de oxígeno en las aletas pectorales y anales.
Las branquias ofrecieron otra señal de severidad. Las burbujas visibles macroscópicamente se observaron principalmente en peces muertos o moribundos sometidos a 0,4 ata. En estos individuos, los investigadores observaron burbujas a lo largo de las arterias de los filamentos branquiales, mientras que en los grupos control y sometidos a 2,6 ata las estructuras observadas se limitaron a zonas más distales.
El análisis histológico identificó además cavidades compatibles con burbujas de gas en estructuras vasculares de las branquias. En peces muertos o moribundos, estas estructuras se observaron incluso en la transición hacia arteriolas lamelares y capilares, un patrón que los investigadores consideran relevante para el diagnóstico de GBD.
¿Más oxígeno significa menor riesgo? El estudio entrega una señal inesperada
Uno de los elementos más interesantes para la salmonicultura es el efecto del oxígeno previo a la descompresión.
Los investigadores compararon agua con 100% y 150% de saturación de oxígeno antes de llevar a los peces a 0,4 ata. Aunque ambas condiciones generaron distintas relaciones entre gases inertes y oxígeno, los principales signos clínicos fueron similares.
En términos de mortalidad y alteraciones conductuales, no se observó una relación clara con el nivel de oxígeno previo.
Incluso más: aunque el grupo de 150% mostró una carga significativamente mayor de burbujas visibles en las aletas, la carga de gas detectada mediante ultrasonido no presentó una diferencia estadísticamente significativa respecto del grupo de 100%.
El resultado lleva a los autores a plantear que, bajo estas condiciones, la duración de la supersaturación gaseosa parece ser más determinante que la relación entre gases inertes y oxígeno.
Esto no significa que la oxigenación deje de ser relevante para el bienestar de los peces. Más bien, el estudio muestra que elevar el oxígeno antes de una descompresión intensa no eliminó el riesgo de GBD bajo las condiciones experimentales evaluadas.
Fig. 2. Configuración experimental en la cámara de presión «Obelix». Créditos: Estudio.
El comportamiento de los peces también cambió
Las alteraciones comenzaron a aparecer después de un período inicial relativamente estable. En los primeros minutos de las exposiciones a 0,4 ata, los peces adoptaron una posición de nado inclinada hacia abajo, asociada a la liberación de gas desde la vejiga natatoria. Posteriormente, en la mayoría de los ensayos, aparecieron pérdida de equilibrio, alteraciones en la flotabilidad, orientaciones anormales, hiperactividad, hipoactividad y comportamientos compatibles con convulsiones.
El primer signo de pérdida de equilibrio apareció entre aproximadamente 56 y 75 minutos, mientras que comportamientos compatibles con convulsiones fueron registrados entre 57 y 77 minutos.
El patrón contrasta con las pruebas a 2,6 ata. Allí los peces mostraron de manera consistente una posición de nado inclinada hacia arriba, probablemente como respuesta para mantener la flotabilidad, pero no se observaron otros signos importantes asociados a GBD.
¿Es reversible?
Aquí aparece uno de los resultados más alentadores, aunque también uno de los que requieren mayor cautela.
La mayoría de los signos clínicos observados durante o inmediatamente después de la descompresión ya no eran detectables al día siguiente ni una semana después. Esto sugiere que una parte importante de las manifestaciones subletales puede ser reversible. Sin embargo, algunas lesiones histopatológicas persistieron.
Los autores también advierten que todavía se desconoce buena parte de las posibles consecuencias de largo plazo de este tipo específico de GBD. Por ejemplo, una exposición severa podría potencialmente afectar la capacidad natatoria o la capacidad aeróbica, aunque estos efectos no fueron evaluados directamente en el estudio.
Por ello, “recuperación visible” no debe interpretarse automáticamente como recuperación fisiológica completa.
Un nuevo desafío para el manejo de wellboats
El estudio abre además una pregunta relevante para operaciones en las que los peces experimentan más de un cambio de presión.
Los investigadores señalan que las operaciones reales de wellboats pueden incluir una secuencia de descompresión durante la carga, compresión durante la descarga y posterior retorno a condiciones atmosféricas. El experimento, en cambio, evaluó cada condición de presión de manera separada.
Por ello, no es posible determinar a partir de esta investigación si exposiciones sucesivas podrían producir un efecto acumulativo en salmón Atlántico.
Los autores plantean que una exposición previa podría dejar sitios de nucleación que faciliten una nueva formación de burbujas durante una exposición posterior. Al mismo tiempo, reconocen que también podrían existir mecanismos de adaptación. En otras palabras, la respuesta de un pez que atraviesa múltiples ciclos de presión sigue siendo una pregunta abierta.
La principal lección operacional: menos intensidad y menos tiempo
Para la industria salmonera, quizás el mensaje más concreto del estudio está en su conclusión operacional. Los investigadores plantean que las medidas más importantes para disminuir el riesgo de GBD clínicamente significativa serían reducir la desviación respecto de la presión atmosférica durante la carga y acortar el tiempo que los peces permanecen expuestos a condiciones subatmosféricas. Al mismo tiempo, enfatizan que se requieren nuevos ensayos antes de establecer recomendaciones operacionales más precisas.
En términos prácticos, el trabajo sitúa la gestión de la presión como una variable que merece ser considerada junto con otros parámetros tradicionalmente monitoreados durante el manejo de peces.
La conclusión de los investigadores es clara: una presión de 0,4 ata representa un riesgo de GBD clínicamente relevante cuando la exposición se prolonga aproximadamente más de una hora, y los esfuerzos para proteger el bienestar de los salmones deberían orientarse a reducir tanto la intensidad como la duración de la descompresión durante las operaciones con wellboats.
Un hallazgo que podría impulsar nuevas preguntas
Más que cerrar el debate, el estudio abre una nueva línea de investigación para la salmonicultura. ¿Cómo responden los peces cuando atraviesan varios ciclos de presión durante una misma operación? ¿Qué combinación de presión, tiempo, temperatura, oxígeno y supersaturación representa el menor riesgo? ¿La recuperación de los signos visibles implica una recuperación funcional completa? ¿Y qué efectos podría tener una GBD subclínica sobre el desempeño del pez después del transporte o tratamiento?
Por ahora, la evidencia disponible apunta a una conclusión concreta: en las operaciones de wellboats, la presión no es solamente una variable física del sistema. Puede convertirse en un factor biológico con consecuencias directas para el pez cuando la exposición a una fuerte descompresión se prolonga.
El desafío para la industria será traducir este nuevo conocimiento fisiológico en protocolos de manejo que permitan mantener la eficiencia operacional sin incrementar innecesariamente el riesgo para el bienestar de los salmones.
Lea el estudio completo aquí: Gas bubble disease in Atlantic salmon (Salmo salar L.) induced by simulated well boat operations
La creciente sofisticación de los wellboats ha permitido ampliar y diversificar sus funciones dentro de la producción de salmón Atlántico. Sin embargo, un nuevo estudio científico pone el foco sobre un aspecto físico de estas operaciones que podría tener implicancias directas para el bienestar de los peces: los cambios bruscos de presión.
La investigación “Gas bubble disease in Atlantic salmon (Salmo salar L.) induced by simulated well boat operations”, publicada en Aquaculture en 2026, demuestra que una descompresión hasta 0,4 atmósferas absolutas (ata) —condición utilizada para simular el límite operacional de determinadas maniobras de carga— puede provocar enfermedad por burbujas de gas (GBD, por sus siglas en inglés) en salmón Atlántico.
El hallazgo resulta especialmente relevante para una industria en la que los wellboats cumplen un papel cada vez más importante en procesos como transporte, cosecha y tratamientos contra el piojo de mar. El propio estudio destaca que la expansión de la escala de producción ha ido acompañada por embarcaciones de mayor tamaño y sistemas tecnológicamente más complejos.
El factor que marca la diferencia: el tiempo bajo presión
Para estudiar el fenómeno, los investigadores sometieron 122 salmones Atlánticos, de aproximadamente 670 gramos de peso promedio, a distintos perfiles de presión en una cámara experimental.
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El diseño contempló tres escenarios: descompresión desde 1 ata hasta 0,4 ata, compresión hasta 2,6 ata y un grupo control mantenido aproximadamente a presión atmosférica. En las pruebas de descompresión se utilizaron además dos niveles de oxígeno disuelto previo: 100% y 150% de saturación.
Los resultados fueron contundentes. En las seis pruebas realizadas a 0,4 ata, la mortalidad apareció en todos los ensayos que superaron los 60 minutos de exposición. A los 65 minutos se registró la primera mortalidad, mientras que una exposición de 113 minutos terminó con la muerte o condición moribunda del 100% de los peces en uno de los ensayos. En contraste, el ensayo limitado a 60 minutos no registró mortalidad.
La relación temporal fue particularmente clara. La relación entre el tiempo de exposición y la mortalidad fue particularmente clara durante las pruebas a 0,4 ata. Mientras una exposición de 60 minutos no registró mortalidad, los efectos comenzaron a aparecer poco después: a los 65 minutos, la mortalidad alcanzó un 7,7% en uno de los ensayos; a los 72 minutos, llegó al 8,3%; y a los 79 minutos, se situó entre 8,3% y 25%, dependiendo del ensayo. El resultado más crítico se registró tras 113 minutos de exposición, cuando la mortalidad alcanzó el 100%. Estos resultados refuerzan la importancia de la duración de la exposición a condiciones de descompresión durante las operaciones con wellboats, especialmente cuando esta se prolonga por sobre una hora.
Los autores advierten que estos resultados no deben interpretarse como un “umbral operativo” universal, pero sí muestran que la permanencia prolongada bajo una fuerte descompresión incrementa de manera marcada el riesgo de GBD clínicamente relevante.
Fig. 1. Representación esquemática de las operaciones de un wellboat simuladas durante el ensayo. Créditos: Estudio.
Burbujas en la sangre: una señal que el ojo no siempre puede detectar
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la utilización de ultrasonido para detectar burbujas de gas en el sistema circulatorio.
Inmediatamente después de la exposición, se detectó embolia gaseosa en peces sometidos a 0,4 ata, tanto con 100% como con 150% de oxígeno previo. En total, 48,6% de los peces sometidos a descompresión presentaron embolias gaseosas en una o más cavidades cardíacas.
Entre los grupos comparables, la proporción de peces positivos fue de 41,7% con 100% de oxígeno y 45,8% con 150%, sin diferencia estadísticamente significativa en la carga media de burbujas.
Esto entrega una señal importante para la industria: la ausencia de signos externos inmediatos no necesariamente significa ausencia de alteraciones internas.
De hecho, el estudio concluye que el ultrasonido fue una herramienta especialmente útil para evaluar cuantitativamente la carga de burbujas, mientras que las alteraciones conductuales pueden utilizarse como indicadores complementarios.
Aletas y branquias también muestran las huellas de la descompresión
Las evidencias no se limitaron al sistema circulatorio. Entre los 60 peces evaluados después de exposiciones a 0,4 ata, 57 —equivalentes al 95%— presentaron burbujas visibles en las aletas. En los grupos comparables, la prevalencia fue de 87,5% con 100% de oxígeno previo y de 100% con 150%. Además, la carga de burbujas fue significativamente mayor en el grupo con 150% de oxígeno en las aletas pectorales y anales.
Las branquias ofrecieron otra señal de severidad. Las burbujas visibles macroscópicamente se observaron principalmente en peces muertos o moribundos sometidos a 0,4 ata. En estos individuos, los investigadores observaron burbujas a lo largo de las arterias de los filamentos branquiales, mientras que en los grupos control y sometidos a 2,6 ata las estructuras observadas se limitaron a zonas más distales.
El análisis histológico identificó además cavidades compatibles con burbujas de gas en estructuras vasculares de las branquias. En peces muertos o moribundos, estas estructuras se observaron incluso en la transición hacia arteriolas lamelares y capilares, un patrón que los investigadores consideran relevante para el diagnóstico de GBD.
¿Más oxígeno significa menor riesgo? El estudio entrega una señal inesperada
Uno de los elementos más interesantes para la salmonicultura es el efecto del oxígeno previo a la descompresión.
Los investigadores compararon agua con 100% y 150% de saturación de oxígeno antes de llevar a los peces a 0,4 ata. Aunque ambas condiciones generaron distintas relaciones entre gases inertes y oxígeno, los principales signos clínicos fueron similares.
En términos de mortalidad y alteraciones conductuales, no se observó una relación clara con el nivel de oxígeno previo.
Incluso más: aunque el grupo de 150% mostró una carga significativamente mayor de burbujas visibles en las aletas, la carga de gas detectada mediante ultrasonido no presentó una diferencia estadísticamente significativa respecto del grupo de 100%.
El resultado lleva a los autores a plantear que, bajo estas condiciones, la duración de la supersaturación gaseosa parece ser más determinante que la relación entre gases inertes y oxígeno.
Esto no significa que la oxigenación deje de ser relevante para el bienestar de los peces. Más bien, el estudio muestra que elevar el oxígeno antes de una descompresión intensa no eliminó el riesgo de GBD bajo las condiciones experimentales evaluadas.
Fig. 2. Configuración experimental en la cámara de presión «Obelix». Créditos: Estudio.
El comportamiento de los peces también cambió
Las alteraciones comenzaron a aparecer después de un período inicial relativamente estable. En los primeros minutos de las exposiciones a 0,4 ata, los peces adoptaron una posición de nado inclinada hacia abajo, asociada a la liberación de gas desde la vejiga natatoria. Posteriormente, en la mayoría de los ensayos, aparecieron pérdida de equilibrio, alteraciones en la flotabilidad, orientaciones anormales, hiperactividad, hipoactividad y comportamientos compatibles con convulsiones.
El primer signo de pérdida de equilibrio apareció entre aproximadamente 56 y 75 minutos, mientras que comportamientos compatibles con convulsiones fueron registrados entre 57 y 77 minutos.
El patrón contrasta con las pruebas a 2,6 ata. Allí los peces mostraron de manera consistente una posición de nado inclinada hacia arriba, probablemente como respuesta para mantener la flotabilidad, pero no se observaron otros signos importantes asociados a GBD.
¿Es reversible?
Aquí aparece uno de los resultados más alentadores, aunque también uno de los que requieren mayor cautela.
La mayoría de los signos clínicos observados durante o inmediatamente después de la descompresión ya no eran detectables al día siguiente ni una semana después. Esto sugiere que una parte importante de las manifestaciones subletales puede ser reversible. Sin embargo, algunas lesiones histopatológicas persistieron.
Los autores también advierten que todavía se desconoce buena parte de las posibles consecuencias de largo plazo de este tipo específico de GBD. Por ejemplo, una exposición severa podría potencialmente afectar la capacidad natatoria o la capacidad aeróbica, aunque estos efectos no fueron evaluados directamente en el estudio.
Por ello, “recuperación visible” no debe interpretarse automáticamente como recuperación fisiológica completa.
Un nuevo desafío para el manejo de wellboats
El estudio abre además una pregunta relevante para operaciones en las que los peces experimentan más de un cambio de presión.
Los investigadores señalan que las operaciones reales de wellboats pueden incluir una secuencia de descompresión durante la carga, compresión durante la descarga y posterior retorno a condiciones atmosféricas. El experimento, en cambio, evaluó cada condición de presión de manera separada.
Por ello, no es posible determinar a partir de esta investigación si exposiciones sucesivas podrían producir un efecto acumulativo en salmón Atlántico.
Los autores plantean que una exposición previa podría dejar sitios de nucleación que faciliten una nueva formación de burbujas durante una exposición posterior. Al mismo tiempo, reconocen que también podrían existir mecanismos de adaptación. En otras palabras, la respuesta de un pez que atraviesa múltiples ciclos de presión sigue siendo una pregunta abierta.
La principal lección operacional: menos intensidad y menos tiempo
Para la industria salmonera, quizás el mensaje más concreto del estudio está en su conclusión operacional. Los investigadores plantean que las medidas más importantes para disminuir el riesgo de GBD clínicamente significativa serían reducir la desviación respecto de la presión atmosférica durante la carga y acortar el tiempo que los peces permanecen expuestos a condiciones subatmosféricas. Al mismo tiempo, enfatizan que se requieren nuevos ensayos antes de establecer recomendaciones operacionales más precisas.
En términos prácticos, el trabajo sitúa la gestión de la presión como una variable que merece ser considerada junto con otros parámetros tradicionalmente monitoreados durante el manejo de peces.
La conclusión de los investigadores es clara: una presión de 0,4 ata representa un riesgo de GBD clínicamente relevante cuando la exposición se prolonga aproximadamente más de una hora, y los esfuerzos para proteger el bienestar de los salmones deberían orientarse a reducir tanto la intensidad como la duración de la descompresión durante las operaciones con wellboats.
Un hallazgo que podría impulsar nuevas preguntas
Más que cerrar el debate, el estudio abre una nueva línea de investigación para la salmonicultura. ¿Cómo responden los peces cuando atraviesan varios ciclos de presión durante una misma operación? ¿Qué combinación de presión, tiempo, temperatura, oxígeno y supersaturación representa el menor riesgo? ¿La recuperación de los signos visibles implica una recuperación funcional completa? ¿Y qué efectos podría tener una GBD subclínica sobre el desempeño del pez después del transporte o tratamiento?
Por ahora, la evidencia disponible apunta a una conclusión concreta: en las operaciones de wellboats, la presión no es solamente una variable física del sistema. Puede convertirse en un factor biológico con consecuencias directas para el pez cuando la exposición a una fuerte descompresión se prolonga.
El desafío para la industria será traducir este nuevo conocimiento fisiológico en protocolos de manejo que permitan mantener la eficiencia operacional sin incrementar innecesariamente el riesgo para el bienestar de los salmones.