Una investigación pionera en Noruega ha revelado que los antecedentes genéticos del salmón triploide del Atlántico tienen un impacto más fuerte en su salud y crecimiento que la técnica usada para inducir su esterilidad. El hallazgo podría transformar la forma en que se cultiva este tipo de salmón, utilizado para reducir el riesgo de cruzamiento con poblaciones silvestres.


La genética marca la diferencia en la salud del salmón triploide
El salmón triploide, que se produce aplicando presión hidrostática a huevos fertilizados, nace con tres juegos de cromosomas y es estéril. Aunque esta característica es clave para evitar la introgresión genética, el método ha estado ligado a varios problemas de salud, como deformaciones esqueléticas y enfermedades oculares y cardíacas.
El proyecto TripGenWelfy financiado por el Consejo de Investigación de Noruega, buscó determinar si estos problemas se debían a un tratamiento inadecuado durante la inducción de triploidía. Para ello, científicos sometieron huevos de distintos linajes a cinco niveles de presión, incluyendo un grupo de control diploide y otro con presión óptima.
Genética, clave para un salmón triploide más sano
Si bien los tratamientos subóptimos afectaron negativamente el desarrollo embrionario, el estudio halló que la salud y el desempeño de los peces sobrevivientes dependieron más del linaje genético que del tratamiento recibido. Algunos grupos familiares mostraron una notable resistencia, con menos deformidades y mayor supervivencia, mientras otros presentaron tasas elevadas de complicaciones.


“Los resultados son concluyentes: ciertas líneas genéticas se adaptan mucho mejor a la condición triploide”, afirmó Aurélien Delaval, investigador principal del proyecto. “Esto abre la puerta a un cultivo selectivo enfocada en el bienestar del salmón estéril”.
El equipo del TripGenWelfare seguirá explorando cómo la selección genética puede fortalecer la robustez del salmón triploide, con el objetivo de mejorar su uso en acuicultura sostenible.

















