El seminario web “El salmón como alimento saludable: evidencia y regulación actualizada”, organizado por el Instituto Tecnológico del Salmón (Intesal), reunió a destacados especialistas para analizar los beneficios del salmón en la salud humana y los recientes cambios normativos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) que refuerzan su posicionamiento como proteína clave en una dieta equilibrada.
La cita, realizada de manera virtual, contó con dos presentaciones centrales: una revisión científica liderada por el doctor Omar Porras, académico del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, y un análisis regulatorio a cargo de Gonzalo Ibáñez, Especialista Senior de Alimentos de la FDA para Sudamérica.
Alexander Jaramillo, coordinador de Salud e Inocuidad de Intesal, dio la bienvenida destacando el objetivo del encuentro. “Este seminario busca compartir la mejor evidencia disponible sobre el salmón como proteína saludable, integrando la visión académica y la visión regulatoria. Nos acompañaron dos panelistas de excelencia, referentes en sus áreas, y consideramos que este espacio fue absolutamente valioso”, expresó Jaramillo.
Omega-3, vitaminas y más: la evidencia científica sobre el salmón
El primero en intervenir fue el Dr. Omar Porras, bioquímico y Dr. en Ciencias Biomédicas con más de 25 años de experiencia en investigación. Su exposición abordó los nutrientes clave del salmón y sus efectos sobre el organismo, haciendo hincapié en que esta proteína “es mucho más que omega-3”.
“Estamos hablando del EPA y del DHA, que tienen una conexión con mecanismos moleculares descritos, principalmente enfocados en ser antiinflamatorios, reduciendo los marcadores de inflamación en el torrente sanguíneo. También hay un beneficio importante para la neurotransmisión, la neuroplasticidad y la neurogénesis”, explicó Porras.
Según el investigador, estos ácidos grasos resultan críticos en etapas como el desarrollo fetal y la primera infancia, pero también en momentos de alta reorganización neuronal como la pubertad.
“Son superimportantes en un rango etario que tenemos que posicionar, como el desarrollo fetal y los primeros años escolares. Incluso, en ventanas como la pubertad, la neurogénesis puede determinar nuestro éxito o nuestra felicidad desde la perspectiva del bienestar”, afirmó.
El académico detalló además que el salmón es fuente de vitamina E —particularmente de gamma-tocoferol, con propiedades antiinflamatorias— y vitamina D, además de compuestos como luteína y zeaxantina, relevantes para la salud ocular y la prevención de la degeneración macular.
Uno de los puntos más llamativos de su presentación fue el estudio realizado en Curaco de Vélez, Chiloé, con adultos mayores. Durante tres meses, un grupo de participantes consumió dos veces por semana 150 gramos de trucha, observándose mejoras significativas en parámetros como inflamación, dolor percibido, salud cognitiva y riesgo cardiovascular.
“En el grupo intervenido, la proteína C reactiva —marcador de inflamación— disminuyó significativamente. Además, se registró una reducción en el dolor y una mejora en la autopercepción de bienestar. El riesgo cardiovascular pasó de medio-alto a bajo en un número importante de personas”, comentó.
Porras subrayó que el salmón, al ser un producto de cultivo, permite intervenciones dietarias que potencian su perfil nutricional, algo que considera una ventaja estratégica.
“En cultivo es factible aumentar la calidad del filete y abrir la paleta de compuestos de interés, más allá del omega-3. Hablamos de un alimento integral con efectos diversos, especialmente en la reducción de la inflamación asociada a dietas modernas”, explicó.
El investigador también abordó la necesidad de integrar la sostenibilidad en las guías alimentarias. “No basta con que el alimento sea nutricionalmente rico; su producción debe dejar una estela positiva en el medio ambiente y la comunidad. La industria tiene la capacidad de responder a ese desafío”, recalcó.
La nueva definición de “saludable” de la FDA: un cambio histórico
La segunda ponencia estuvo a cargo de Gonzalo Ibáñez, analista regulador internacional en la FDA, quien explicó en detalle la actualización del término “saludable” en el etiquetado de alimentos en Estados Unidos, una reforma que calificó como “urgente y largamente esperada”.
“La prioridad de la FDA es revertir la epidemia de enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación en Estados Unidos. Más del 80% de la población no consume suficientes vegetales, frutas, lácteos, pescados y mariscos, y la mayoría ingiere demasiadas grasas saturadas, sodio y azúcares añadidos”, señaló.
Ibáñez recordó que la definición anterior, vigente desde 1994, limitaba el uso de “saludable” a criterios que hoy están desfasados. En aquel entonces, el salmón no calificaba como tal debido a su contenido de grasas totales, a pesar de que el 82% de ellas son insaturadas.
“Era absurdo que el salmón, el aguacate o las nueces no pudieran ser etiquetados como saludables, mientras que cereales azucarados sí lo eran”, criticó.
La nueva regulación, vigente desde abril de 2025, establece que para ser etiquetado como saludable, un alimento debe contener una cantidad significativa de grupos como frutas, vegetales, granos enteros, lácteos o proteínas —incluyendo pescados y mariscos— y cumplir con límites estrictos de grasas saturadas, sodio y azúcares añadidos.
Además, la reforma se apoya en la actualización de la etiqueta nutricional de 2016, que incorporó información más visible sobre calorías, porciones reales, azúcares añadidos, vitamina D y potasio, mientras eliminó datos irrelevantes como calorías provenientes de grasas.
“La nueva definición refleja la ciencia nutricional actual y permitirá que alimentos como el salmón sean reconocidos por sus verdaderos aportes a la salud. También motivará a la industria a reformular productos para cumplir con los criterios”, dijo Ibáñez.
Convergencia entre ciencia y regulación
El seminario dejó en claro que la evidencia científica y el marco regulatorio internacional se están alineando para consolidar al salmón como un alimento estratégico en la promoción de dietas saludables.
Para Porras, el respaldo de normativas como la de la FDA es clave para posicionar al salmón más allá de su imagen gastronómica. “Hablamos de un vector nutricional positivo, con beneficios comprobados en todas las etapas de la vida, desde el desarrollo prenatal hasta la tercera edad”, resumió.
Ibáñez coincidió en que la actualización regulatoria no solo beneficia a los consumidores estadounidenses, sino que también abre oportunidades para la industria exportadora chilena. “La etiqueta saludable ahora es una herramienta renovada que permitirá a los consumidores identificar de forma rápida alimentos que son la base de una dieta equilibrada, y el salmón chileno tiene todo para estar ahí”, destacó.
Más que un producto: un aliado para la salud pública
Los datos compartidos en el seminario refuerzan un mensaje central: el consumo regular de salmón puede contribuir a la prevención de enfermedades crónicas, mejorar la salud mental y física, y aportar nutrientes esenciales que escasean en la dieta moderna.
En un contexto global donde el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares siguen en aumento, el salmón se presenta como una opción de proteína de alta calidad, rica en grasas saludables y micronutrientes clave. La posibilidad de potenciar su perfil nutricional mediante ajustes en la alimentación de cultivo lo convierte en un alimento versátil y estratégico para la salud pública.
El seminario de Intesal no solo actualizó la información técnica para la industria y la comunidad científica, sino que también trazó una hoja de ruta en la que la ciencia y la regulación avanzan juntas.


















