Inversión internacional proyecta piscicultura industrial de salmones y truchas en la Patagonia argentina
El proyecto busca instalarse en Alto Río Senguer, Chubut, y contempla desarrollar el ciclo productivo desde la ova hasta la engorda, con foco en los mercados de exportación. La iniciativa ya cuenta con financiamiento internacional y espera autorizaciones para el uso del agua. Sus impulsores estiman que podría generar entre 40 y 50 empleos directos.
La Patagonia argentina comienza a mirar con mayor atención el potencial de los salmónidos como actividad productiva. En Alto Río Senguer, provincia de Chubut, un proyecto de piscicultura a escala industrial avanza en su etapa administrativa con la mira puesta en producir truchas y salmones destinados principalmente a la exportación. Así lo informa el diario La Jornada.
La iniciativa ya cuenta con un proyecto terminado y respaldo financiero internacional, pero todavía no ha iniciado obras. El próximo paso considerado clave por sus impulsores es obtener las autorizaciones provinciales necesarias para el uso de las aguas, requisito que permitiría poner en marcha la construcción de la primera etapa.
Patricio Bravo, uno de los impulsores del emprendimiento, explicó que la propuesta surgió a partir de su experiencia en la producción de salmónidos y del conocimiento adquirido durante aproximadamente una década de trabajo entre Argentina y Chile.
“De tanto andar por la Patagonia, surge la idea de hacer una piscicultura en Alto Río Senguer por la experiencia que tengo en producción de salmónidos y, principalmente, por la calidad de las aguas”, señaló.
Para el empresario, precisamente las condiciones hídricas de la zona constituyen uno de los principales activos para desarrollar la actividad. “La calidad de las aguas de la Patagonia es extraordinariamente buena”, afirmó.
Un proyecto que espera la autorización para comenzar
El emprendimiento lleva aproximadamente un año de desarrollo y actualmente se encuentra concentrado en la obtención de los permisos requeridos por las autoridades de Chubut.
Bravo precisó que las obras todavía no comenzaron y tampoco se han realizado experiencias productivas en el lugar, ya que el proyecto depende de la autorización para utilizar el recurso hídrico.
“En este minuto estamos en la etapa de solicitud de los permisos. El proyecto en su totalidad ya está terminado, aseguramos la inversión y necesitamos entregar esto a las autoridades competentes de la provincia de Chubut para que nos puedan autorizar el uso de las aguas”, explicó.
Una vez obtenida esa autorización, los responsables estiman un plazo de aproximadamente 10 meses para poner en funcionamiento la primera etapa de la piscicultura.
El proyecto está estructurado a través de una sociedad constituida en Argentina y cuenta con financiamiento internacional. Entre los capitales que respaldan la iniciativa se encuentran inversionistas de Turquía.
“Hay un fondo de inversión internacional que apostó a nuestro proyecto, lo vio y nos dijo que estaba dispuesto a apoyarnos económicamente”, sostuvo Bravo.
De la ova al pez: una apuesta por controlar todo el ciclo productivo
Uno de los elementos que diferencia la propuesta es su intención de abordar distintas fases del proceso productivo. La idea contempla comenzar desde la ova, avanzar por las etapas de incubación y crecimiento y posteriormente desarrollar la engorda.
“La idea es tener una producción a escala industrial de trucha y salmón para exportación. Nosotros partiríamos desde la ova para vivir todo el proceso de multiplicación y después la engorda”, detalló el impulsor.
El modelo busca así integrar etapas que van desde la reproducción y fecundación de las ovas hasta la producción comercial de los peces, permitiendo desarrollar un proceso productivo de mayor escala y control.
En cuanto a las especies, el proyecto considera tanto truchas como salmones, aunque Bravo remarcó que existen diferencias relevantes en los ciclos biológicos de ambos grupos.
Mientras algunas variedades de trucha se han adaptado a permanecer durante todo su ciclo en agua dulce, los salmones requieren migrar al ambiente marino como parte de su desarrollo natural.
Esta característica abre, según los impulsores, una segunda perspectiva de crecimiento para la actividad en la Patagonia: comenzar con producción en agua dulce y, eventualmente, evaluar oportunidades asociadas a la producción marina.
Agua dulce, pero sin intervenir los lagos
El uso responsable del recurso hídrico y la protección ambiental aparecen como uno de los principales ejes planteados por el proyecto.
Bravo fue enfático en descartar la posibilidad de desarrollar cultivos de salmón dentro de los lagos de la región.
“Si a mí me preguntan si autorizaría que se haga cultivo de salmón en el lago, yo diría que no. No es posible hacer eso, no hay que cometer ese error”, afirmó.
La alternativa planteada para Río Senguer contempla captar agua del río, utilizarla dentro de la piscicultura y posteriormente devolverla al cauce, bajo un esquema que, según sus impulsores, busca mantener las condiciones del recurso.
“En el río uno capta el agua, la hace pasar por la piscicultura y después la devuelve al río tan limpia como fue en su captación”, aseguró.
La sostenibilidad será, por tanto, un componente determinante para la viabilidad y eventual expansión del proyecto. “Se puede hacer producción de salmónidos en la Patagonia con responsabilidad, con mucho trabajo y pensando siempre en no alterar el medio ambiente y no contaminar”, enfatizó Bravo.
Chile como referencia y Argentina como territorio por desarrollar
La experiencia de Chile aparece como uno de los principales referentes detrás de la iniciativa. Para Bravo, el crecimiento alcanzado por la salmonicultura chilena demuestra la capacidad de la actividad para convertirse en una industria de relevancia económica, aunque considera que cualquier desarrollo argentino deberá adaptarse a las condiciones ambientales y productivas locales.
“La industria del salmón es una industria muy grande y muy potente”, sostuvo.
Argentina ya cuenta con antecedentes en producción de salmónidos, particularmente de trucha arcoíris, en provincias como Neuquén y Río Negro. Sin embargo, los impulsores de la iniciativa de Río Senguer visualizan un espacio mucho mayor para el desarrollo de la actividad.
Entre las especies con potencial comercial mencionó al salmón del Atlántico, distintas variedades de salmón del Pacífico y diversas especies de trucha, cuya conveniencia productiva dependerá de las condiciones de cultivo y de la demanda de los mercados internacionales.
La mirada también apunta al mar
Más allá de la piscicultura proyectada en Alto Río Senguer, la propuesta incorpora una visión de largo plazo sobre el potencial de la Patagonia argentina para desarrollar una industria de salmónidos de mayor escala.
En particular, Bravo pone el foco en el litoral marítimo y menciona zonas como el Golfo San Jorge y el Atlántico patagónico como áreas que, a su juicio, presentan condiciones que podrían ser analizadas para futuros desarrollos.
La lógica responde al propio ciclo biológico de los salmones: mientras la piscicultura permite desarrollar las primeras etapas en agua dulce, el crecimiento en el ambiente marino puede permitir ciclos de engorda diferentes a los de una producción confinada exclusivamente al agua dulce.
“Argentina, de los países que se dedican a la producción de salmón, es el más virgen. Hay que pensar en desarrollar esta industria mirando al mar porque es un desarrollo industrial importante”, afirmó.
Esta visión podría abrir un debate estratégico para la actividad acuícola argentina: si el país cuenta con condiciones para construir una cadena productiva que vaya desde la producción de smolt hasta la engorda marina y la exportación, bajo estándares ambientales y sanitarios compatibles con los mercados internacionales.
Hasta 50 empleos directos y una señal para nuevos inversionistas
El impacto económico local constituye otro de los argumentos detrás del proyecto. Según Bravo, la primera iniciativa tendría capacidad para generar entre 40 y 50 puestos de trabajo directos una vez que alcance su fase operativa.
Pero el objetivo va más allá del empleo asociado a una sola piscicultura. Sus impulsores esperan que la instalación pueda convertirse en un primer antecedente para atraer nuevos capitales y desarrollar una cadena productiva en torno a los salmónidos.
“Nosotros apostamos a que esto se desarrolle y después seguramente van a haber otras empresas que van a querer venir a producir salmones a esta parte del mundo”, planteó Bravo.
Así, el proyecto de Alto Río Senguer se encuentra ante un punto decisivo: la autorización para utilizar el agua podría marcar el inicio de una inversión que busca convertir las condiciones naturales de la Patagonia argentina en una plataforma para la producción industrial de salmónidos con destino internacional.
Por ahora, la iniciativa permanece a la espera de los permisos. Si estos llegan en los plazos esperados, sus responsables proyectan que en unos diez meses la primera piscicultura podría comenzar a operar, dando un nuevo paso en la incursión argentina por una industria que Chile convirtió en uno de sus principales sectores exportadores.
La Patagonia argentina comienza a mirar con mayor atención el potencial de los salmónidos como actividad productiva. En Alto Río Senguer, provincia de Chubut, un proyecto de piscicultura a escala industrial avanza en su etapa administrativa con la mira puesta en producir truchas y salmones destinados principalmente a la exportación. Así lo informa el diario La Jornada.
La iniciativa ya cuenta con un proyecto terminado y respaldo financiero internacional, pero todavía no ha iniciado obras. El próximo paso considerado clave por sus impulsores es obtener las autorizaciones provinciales necesarias para el uso de las aguas, requisito que permitiría poner en marcha la construcción de la primera etapa.
Patricio Bravo, uno de los impulsores del emprendimiento, explicó que la propuesta surgió a partir de su experiencia en la producción de salmónidos y del conocimiento adquirido durante aproximadamente una década de trabajo entre Argentina y Chile.
“De tanto andar por la Patagonia, surge la idea de hacer una piscicultura en Alto Río Senguer por la experiencia que tengo en producción de salmónidos y, principalmente, por la calidad de las aguas”, señaló.
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Para el empresario, precisamente las condiciones hídricas de la zona constituyen uno de los principales activos para desarrollar la actividad. “La calidad de las aguas de la Patagonia es extraordinariamente buena”, afirmó.
Un proyecto que espera la autorización para comenzar
El emprendimiento lleva aproximadamente un año de desarrollo y actualmente se encuentra concentrado en la obtención de los permisos requeridos por las autoridades de Chubut.
Bravo precisó que las obras todavía no comenzaron y tampoco se han realizado experiencias productivas en el lugar, ya que el proyecto depende de la autorización para utilizar el recurso hídrico.
“En este minuto estamos en la etapa de solicitud de los permisos. El proyecto en su totalidad ya está terminado, aseguramos la inversión y necesitamos entregar esto a las autoridades competentes de la provincia de Chubut para que nos puedan autorizar el uso de las aguas”, explicó.
Una vez obtenida esa autorización, los responsables estiman un plazo de aproximadamente 10 meses para poner en funcionamiento la primera etapa de la piscicultura.
El proyecto está estructurado a través de una sociedad constituida en Argentina y cuenta con financiamiento internacional. Entre los capitales que respaldan la iniciativa se encuentran inversionistas de Turquía.
“Hay un fondo de inversión internacional que apostó a nuestro proyecto, lo vio y nos dijo que estaba dispuesto a apoyarnos económicamente”, sostuvo Bravo.
De la ova al pez: una apuesta por controlar todo el ciclo productivo
Uno de los elementos que diferencia la propuesta es su intención de abordar distintas fases del proceso productivo. La idea contempla comenzar desde la ova, avanzar por las etapas de incubación y crecimiento y posteriormente desarrollar la engorda.
“La idea es tener una producción a escala industrial de trucha y salmón para exportación. Nosotros partiríamos desde la ova para vivir todo el proceso de multiplicación y después la engorda”, detalló el impulsor.
El modelo busca así integrar etapas que van desde la reproducción y fecundación de las ovas hasta la producción comercial de los peces, permitiendo desarrollar un proceso productivo de mayor escala y control.
En cuanto a las especies, el proyecto considera tanto truchas como salmones, aunque Bravo remarcó que existen diferencias relevantes en los ciclos biológicos de ambos grupos.
Mientras algunas variedades de trucha se han adaptado a permanecer durante todo su ciclo en agua dulce, los salmones requieren migrar al ambiente marino como parte de su desarrollo natural.
Esta característica abre, según los impulsores, una segunda perspectiva de crecimiento para la actividad en la Patagonia: comenzar con producción en agua dulce y, eventualmente, evaluar oportunidades asociadas a la producción marina.
Agua dulce, pero sin intervenir los lagos
El uso responsable del recurso hídrico y la protección ambiental aparecen como uno de los principales ejes planteados por el proyecto.
Bravo fue enfático en descartar la posibilidad de desarrollar cultivos de salmón dentro de los lagos de la región.
“Si a mí me preguntan si autorizaría que se haga cultivo de salmón en el lago, yo diría que no. No es posible hacer eso, no hay que cometer ese error”, afirmó.
La alternativa planteada para Río Senguer contempla captar agua del río, utilizarla dentro de la piscicultura y posteriormente devolverla al cauce, bajo un esquema que, según sus impulsores, busca mantener las condiciones del recurso.
“En el río uno capta el agua, la hace pasar por la piscicultura y después la devuelve al río tan limpia como fue en su captación”, aseguró.
La sostenibilidad será, por tanto, un componente determinante para la viabilidad y eventual expansión del proyecto. “Se puede hacer producción de salmónidos en la Patagonia con responsabilidad, con mucho trabajo y pensando siempre en no alterar el medio ambiente y no contaminar”, enfatizó Bravo.
Chile como referencia y Argentina como territorio por desarrollar
La experiencia de Chile aparece como uno de los principales referentes detrás de la iniciativa. Para Bravo, el crecimiento alcanzado por la salmonicultura chilena demuestra la capacidad de la actividad para convertirse en una industria de relevancia económica, aunque considera que cualquier desarrollo argentino deberá adaptarse a las condiciones ambientales y productivas locales.
“La industria del salmón es una industria muy grande y muy potente”, sostuvo.
Argentina ya cuenta con antecedentes en producción de salmónidos, particularmente de trucha arcoíris, en provincias como Neuquén y Río Negro. Sin embargo, los impulsores de la iniciativa de Río Senguer visualizan un espacio mucho mayor para el desarrollo de la actividad.
Entre las especies con potencial comercial mencionó al salmón del Atlántico, distintas variedades de salmón del Pacífico y diversas especies de trucha, cuya conveniencia productiva dependerá de las condiciones de cultivo y de la demanda de los mercados internacionales.
La mirada también apunta al mar
Más allá de la piscicultura proyectada en Alto Río Senguer, la propuesta incorpora una visión de largo plazo sobre el potencial de la Patagonia argentina para desarrollar una industria de salmónidos de mayor escala.
En particular, Bravo pone el foco en el litoral marítimo y menciona zonas como el Golfo San Jorge y el Atlántico patagónico como áreas que, a su juicio, presentan condiciones que podrían ser analizadas para futuros desarrollos.
La lógica responde al propio ciclo biológico de los salmones: mientras la piscicultura permite desarrollar las primeras etapas en agua dulce, el crecimiento en el ambiente marino puede permitir ciclos de engorda diferentes a los de una producción confinada exclusivamente al agua dulce.
“Argentina, de los países que se dedican a la producción de salmón, es el más virgen. Hay que pensar en desarrollar esta industria mirando al mar porque es un desarrollo industrial importante”, afirmó.
Esta visión podría abrir un debate estratégico para la actividad acuícola argentina: si el país cuenta con condiciones para construir una cadena productiva que vaya desde la producción de smolt hasta la engorda marina y la exportación, bajo estándares ambientales y sanitarios compatibles con los mercados internacionales.
Hasta 50 empleos directos y una señal para nuevos inversionistas
El impacto económico local constituye otro de los argumentos detrás del proyecto. Según Bravo, la primera iniciativa tendría capacidad para generar entre 40 y 50 puestos de trabajo directos una vez que alcance su fase operativa.
Pero el objetivo va más allá del empleo asociado a una sola piscicultura. Sus impulsores esperan que la instalación pueda convertirse en un primer antecedente para atraer nuevos capitales y desarrollar una cadena productiva en torno a los salmónidos.
“Nosotros apostamos a que esto se desarrolle y después seguramente van a haber otras empresas que van a querer venir a producir salmones a esta parte del mundo”, planteó Bravo.
Así, el proyecto de Alto Río Senguer se encuentra ante un punto decisivo: la autorización para utilizar el agua podría marcar el inicio de una inversión que busca convertir las condiciones naturales de la Patagonia argentina en una plataforma para la producción industrial de salmónidos con destino internacional.
Por ahora, la iniciativa permanece a la espera de los permisos. Si estos llegan en los plazos esperados, sus responsables proyectan que en unos diez meses la primera piscicultura podría comenzar a operar, dando un nuevo paso en la incursión argentina por una industria que Chile convirtió en uno de sus principales sectores exportadores.