Durante su ponencia “Nutrientes versus nutrición: Brechas y mejoras en salud de salmones”, presentada en el marco del seminario AquaSalud 2025: Nutrición y Salud —organizado por el Centro de Investigaciones Biológicas Aplicadas (CIBA) en Puerto Varas—, la investigadora estadounidense Jesse Trushenski, Ph.D. en Zoología/Acuicultura y Chief Science Officer en Riverence y directora de Investigación y Desarrollo del Nordly Group, invitó a repensar la alimentación de los salmones desde una mirada más integral: no solo como una lista de requerimientos mínimos, sino como un sistema biológico complejo que condiciona su rendimiento, bienestar y resistencia a enfermedades.
“La nutrición no es solo cumplir con un checklist de aminoácidos y vitaminas. Es comprender al pez como un organismo completo, con necesidades cambiantes según su etapa de vida y su entorno”, subrayó la científica.
De los nutrientes al organismo vivo
Trushenski explicó que la mayoría de las formulaciones actuales siguen un enfoque limitado, centrado en cubrir los “mínimos vitales”. Sin embargo, advirtió que esa lógica —heredada de la nutrición animal terrestre— no siempre se ajusta a la fisiología de un pez carnívoro como el salmón.
“El salmón no es una vaca ni un cerdo. Es un carnívoro en la cima de su cadena alimentaria, y debemos alimentarlo como tal: con suficiente proteína y un balance correcto de lípidos y carbohidratos”.
Según la investigadora, las necesidades nutricionales reales de los salmones están determinadas por su nivel trófico: cuanto más alto se ubica un animal en la cadena alimentaria, mayor es su demanda de proteína para alcanzar un desempeño óptimo.
Un carnívoro funcionalmente “diabético”
Uno de los conceptos más llamativos de su intervención fue la descripción del salmón como un “diabético funcional”. La especialista comparó la respuesta metabólica del pez frente a los carbohidratos con la de una persona que padece diabetes: niveles de glucosa elevados que se mantienen altos durante largo tiempo y que generan estrés fisiológico.
“Los carnívoros, incluidos los salmones, no procesan bien los azúcares. Sin embargo, hemos reducido la proteína en sus dietas y aumentado la grasa y los carbohidratos. En la práctica, estamos empeorando su metabolismo”.
De acuerdo con Trushenski, las dietas comerciales para salmón han cambiado drásticamente desde los años noventa: hoy contienen cerca de un 40% menos de proteína y 50% más de grasa, además de una mayor carga de carbohidratos debido al uso de proteínas vegetales.
“Si hiciéramos lo mismo con nuestra propia comida —bromeó—, estaríamos reemplazando un sándwich de pavo por mantequilla, queso y un par de Coca-Colas, y llamándolo almuerzo”.
Nutrición, salud y enfermedades metabólicas
La investigadora vinculó estos desequilibrios con una mayor susceptibilidad a enfermedades como CMS (Síndrome de Miocardiopatía), HSMI (Inflamación del Corazón y Músculo Esquelético), úlceras de invierno o nefrocalcinosis. Aunque aclaró que los virus y bacterias son los agentes causales, sostuvo que la mala nutrición actúa como un factor agravante.
“No digo que la nutrición cause todas las patologías, pero sí que puede crear enfermedades metabólicas que hacen al pez más vulnerable”.
Citó un estudio de campo en Noruega que comparó dos dietas: una alta en proteína y baja en grasa versus otra con el perfil inverso. Los resultados mostraron que los peces del primer grupo crecieron 400 gramos más y tuvieron la mitad de mortalidad durante un brote de Pancreas Disease (PD).
Ácidos grasos y nutrientes condicionales
Las conclusiones de su exposición reforzaron que la nutrición es mucho más que suministrar nutrientes. Según Trushenski, la naturaleza carnívora de los salmónidos determina sus requerimientos y tolerancias en tres grandes dimensiones: macronutrientes, ácidos grasos y nutrientes condicionalmente esenciales.
“Si no comprendemos cómo la biología del pez regula estos componentes, terminamos creando deficiencias que se reflejan en su salud y en la calidad del producto final”.
En este contexto, la científica recordó que reemplazar aceites marinos por aceites vegetales reduce el aporte de EPA y DHA, generando hígado graso e inflamación crónica, mientras que las dietas ricas en estos ácidos grasos mejoran el crecimiento y la resistencia ante patologías como el Cardiomyopathy Syndrome (CMS).
Etapas de vida: la clave de una nutrición adecuada
Otra conclusión fundamental de Trushenski fue que “la nutrición adecuada es diferente para cada etapa de vida”. El equilibrio alimentario debe adaptarse tanto en las fases de crecimiento (parr y smolt) como en los reproductores (broodstock), donde los requerimientos metabólicos y energéticos varían drásticamente.
“Un salmón joven necesita energía para crecer y adaptarse al agua de mar, mientras que un reproductor requiere nutrientes que garanticen la madurez sexual y la calidad de los gametos. No se pueden alimentar igual”, enfatizó. Durante la smoltificación, una dieta alta en proteína y baja en grasa y carbohidratos resulta esencial para aprovechar el potencial de crecimiento marino.
Una visión integral de la nutrición salmonera
En su cierre, la directora de Nordly Group recalcó que la nutrición debe verse como una herramienta estratégica para la salud y sostenibilidad de la salmonicultura.
“Nutrientes versus nutrición trata de ver el panorama completo. Si no atendemos las verdaderas necesidades biológicas de nuestros peces, terminamos creando enfermedades del estilo de vida acuático”, señaló. Y concluyó con una reflexión que resume su mensaje: “Así como adaptamos la alimentación de nuestros hijos a sus etapas de crecimiento, debemos hacer lo mismo con nuestros peces”.


















