En un análisis reciente publicado en Reviews in Aquaculture, un grupo internacional de científicos advierte que las fugas no registradas de salmones desde centros de cultivo en jaulas marinas abiertas constituyen una de las principales amenazas para la gobernanza, la credibilidad pública y la sostenibilidad ambiental de la acuicultura chilena.
El artículo, titulado “Unmarked Escapees Undermine Policy and Public Trust in Chilean Salmon Aquaculture”, fue elaborado por los investigadores J. Andrés Olivos, Iván Arismendi, Seth M. White, Thomas P. Quinn, Eva B. Thorstad, Brooke E. Penaluna y Doris Soto, quienes representan instituciones de Estados Unidos, Noruega y Chile, entre ellas la Universidad Estatal de Oregón, la Universidad de Washington, el Instituto Noruego de Investigación de la Naturaleza (NINA) y el Centro Interdisciplinario para la Investigación en Acuicultura (INCAR).
Un desafío ecológico y regulatorio persistente
Los autores plantean que las fugas de peces desde jaulas de red en aguas abiertas representan un desafío global aún sin resolver. Estos eventos, explican, generan perturbaciones ecológicas con consecuencias sociales y económicas de gran alcance. En algunos países, incluso, han motivado la prohibición de la crianza en jaulas de red debido a los impactos sobre los ecosistemas y las especies nativas.
Uno de los mayores riesgos asociados a los salmones escapados es su capacidad para reproducirse en la naturaleza, lo que puede provocar introgresión genética con poblaciones silvestres, competencia por alimento o espacio, e incluso el establecimiento de poblaciones no nativas.
Sin embargo, los autores advierten que una de las principales barreras para abordar el problema es la incertidumbre sobre el origen de los peces capturados en ríos, lagos o el mar: “¿Son fugitivos recientes o nacieron en estado silvestre?”, se preguntan. Esta ambigüedad, sostienen, debilita la aplicación de políticas, distorsiona las evaluaciones ecológicas y limita la efectividad de la planificación de la conservación.
El caso chileno
En el sur de Chile, donde el salmón del Atlántico (Salmo salar), el salmón coho (Oncorhynchus kisutch) y la trucha arcoíris (O. mykiss) —todas especies no nativas— son pilares de la economía, la magnitud del problema es especialmente crítica.
De acuerdo con los investigadores, más de un centenar de fugas masivas han sido reportadas en las últimas tres décadas, lo que implica la liberación de millones de peces al medio natural.
A pesar de esta realidad, no existe un sistema obligatorio de marcado que permita identificar el origen de los salmones capturados, lo que obstaculiza tanto la gestión ambiental como el control comercial. “Los salmones escapados y los de cultivo naturalizados están prohibidos para su venta y comercialización, pero la falta de trazabilidad genera incertidumbre”, subrayan los autores.
Una propuesta concreta: marcar para recuperar la confianza
El equipo científico propone implementar un marcado estandarizado y obligatorio para todos los peces cultivados en jaulas marinas abiertas. Este mecanismo permitiría distinguir con claridad los salmones silvestres de los de cultivo, facilitando la aplicación de la ley, la investigación ecológica y la transparencia en la cadena de suministro.
Como solución práctica, los investigadores recomiendan el recorte de la aleta adiposa —una técnica visible, económica y de aplicación inmediata— para fortalecer la responsabilidad del sector y alinear la política acuícola con los objetivos de conservación de la biodiversidad y los sistemas alimentarios sostenibles.
Un llamado urgente
La opinión publicada en Reviews in Aquaculture pone sobre la mesa una discusión clave para el futuro de la salmonicultura chilena: la necesidad de combinar crecimiento productivo con responsabilidad ambiental y trazabilidad transparente.


















