Tras más de dos años en pausa, Noruega vuelve a permitir solicitudes de licencias para pisciculturas en tierra. La decisión del Ministerio de Comercio, Industria y Pesca busca poner orden tras el polémico episodio, donde el Estado perdió un juicio por revocar una licencia al considerar que una instalación no estaba totalmente en tierra, así lo informa el medio especializado, Ilkas.
Las nuevas reglas incluyen un requisito de desinfección del agua de entrada y una delimitación más clara entre instalaciones costeras y marinas. Sin embargo, expertos como el abogado Torbjørn Gjelsvik advierten que aún persisten ambigüedades legales.
Evolución de solicitudes
Actualmente, hay 57 proyectos de piscicultura terrestre en trámite, con una capacidad total superior a 1,2 millones de toneladas. Para comparar, en 2024 se produjeron 1,5 millones de toneladas en el mar.
Pero no todo son permisos y regulaciones. Las barreras físicas —como la disponibilidad de terrenos industriales costeros— y los problemas energéticos están limitando la construcción. Empresas como Torghatten Aqua enfrentan trabas burocráticas para asegurar el uso del suelo, mientras que otras, como Bue Salmon, dependen del acceso incierto a energía de proveedores como BKK y Statkraft.
La salmonicultura terrestre es intensiva en consumo eléctrico: requiere bombear, limpiar y atemperar grandes volúmenes de agua. Tras la conexión de Noruega al mercado eléctrico europeo, los precios ya no son tan favorables ni estables. Especialmente en el norte, donde grandes consumidores como la refinería de Melkøya absorben buena parte de la capacidad.
Panorama económico
El contexto económico tampoco ayuda. El precio del salmón se ha reducido a la mitad en solo seis meses, situándose por debajo del costo de producción, que en tierra puede llegar hasta USD$8,30 por kilo. Empresas como Salmon Evolution ya reportan pérdidas, con peces más pequeños (2,9 kg de media) y precios bajos.
Mientras tanto, otros países —entre ellos Islandia, Canadá, China y España— avanzan con ventaja gracias a menores costos energéticos y de suelo. Noruega, líder en cultivo marino, podría quedarse atrás en el competitivo mercado de la acuicultura terrestre si no ajusta su estrategia.



















