Chile es potencia mundial en dos industrias que no podrían ser más distintas: la minería y la salmonicultura. La primera se desarrolla en tierra; la segunda cultiva el mar austral. Sin embargo, ambas comparten tres desafíos idénticos: operar en territorios extremos, bajo observación ambiental creciente, y con presión por mayor productividad y licencia social.
La profesionalización de la gran minería en Chile, entendida como la gestión, operación y dirección técnica a cargo de personal chileno calificado, tiene aproximadamente 55 años, contados desde la nacionalización del cobre en 1971. Cada accidente, cada derrame, cada conflicto con comunidades forzó innovación. Ese dolor hoy es conocimiento. La salmonicultura, tienes algunos años menos de historia comercial, está viviendo su propia adolescencia industrial. Si copia bien, puede ahorrarse una década de curva de aprendizaje.
La gran minería chilena migró de la “cultura del cerro” al control remoto. Codelco, BHP y Antofagasta Minerals operan rajos y plantas desde Santiago con sus Centros Integrados de Operación: salas donde geólogos, mantenedores y ambientalistas ven en tiempo real cada camión, cada correa, cada m³ de agua.
Esto es factible de aplicar en la salmonicultura: Hoy un centro de cultivo depende del jefe de centro que está en la balsa. Sus ojos son los buzos y sus datos llegan con 24h de desfase. Imaginen un “CIO Acuícola” en Puerto Montt monitoreando 50 centros a la vez: sensores de oxígeno disuelto, cámaras submarinas con IA que cuentan piojos, boyas que predicen blooms de algas, y alimentación automatizada que se ajusta por biomasa real, no estimada.
Hay algunas empresas de este sector que ya lo hacen, pero esto debe ser ejemplo para todos los industriales del salmón y además integrar todo el proceso, lo que les permitirá hacer menos viajes en lancha, menos exposición a riesgo humano, y decisiones basadas en data fresca. La minería bajó 35% los accidentes graves con esta lógica. El mar también es hostil.
Ensayar el futuro antes de pagar el costo
Una mina no mueve una pala sin antes simular el rajo completo. Los gemelos digitales modelan geología, tronaduras, flota y clima. Así optimizan antes de ejecutar.
En el caso de la salmonicultura un gemelo digital de un fiordo puede simular cómo se dispersan los nutrientes, cómo impacta una jaula extra, o qué pasa si sube 1°C la temperatura del agua. SINTEF en Noruega ya lo hace. En Chile, IFOP tiene data oceanográfica brutalmente buena. Falta conectarla.
El mantenimiento predictivo también es una buena herramienta y que se puede aplicar a las labores en el mar, sensores que avisan con 3 semanas de antelación potenciales fallas. Esto no solo evita paradas inesperadas, sino que reduce los costos que puede tener.
Hemos conocido de diversos eventos de escapes de peces por falla estructural, en el caso de la minería se podría comparar con los relaves, con los sensores, los momentos de potenciales crisis se reducen considerablemente.
El cobre verde y el salmón verde
El cobre chileno ahora compite con “certificados de origen”. Las automotrices europeas exigen cobre con baja huella hídrica y cero fatalidades. Anglo American traza cada cátodo desde la mina hasta el puerto con blockchain.
Al salmón se le pide carbono neutral, además libre de antibióticos y con bienestar animal. Hoy la trazabilidad es un PDF. Mañana debe ser un QR en el supermercado que muestre: origen de las ovas, kilos de alimento usados, litros de peróxido, historial de oxígeno del centro, y horas de buceo humano, etc.
En minería, la seguridad de los trabajadores es intransable. son innegociables. La crianza de salmones tiene en forma intrínseca una de las labores más peligrosas que es el buceo. Según información, la tasa de fatalidad 10 veces mayor que la minería. Importar la gestión de riesgos críticos, los reportes de casi-accidentes y la autoridad para parar la faena, salva vidas. Y sin vidas, no hay industria. Esto no solo pone en riesgo la vida de los trabajadores, sino que califica mal a los mercados compradores. Por ello, hay que tener claro los recursos económicos que se utilizan en seguridad no es un costo, es una inversión y una responsabilidad de las empresas mandantes de enviar al final de la jornada con vida y sin accidentes a sus trabajadores.
Licencia para operar
El sector minero aprendió la lección. No puede llegar a un territorio sin saludar e informar antes. No basta con los estudios de impacto ambiental. La comunidad es parte importante para el que el proyecto se pueda desarrollar. La salmonicultura enfrenta el mismo rechazo en las comunidades en las que se desarrolla, que la minería en Huasco hace 15 años. La receta es conocida: transparencia de datos ambientales en línea, mesas técnicas con pescadores y turismo, y fondos de desarrollo con gobernanza compartida. No como RSE, sino como inversión para operar 30 años más.
El listado de acciones de la minería que son replicables en el área de los salmones son diversas, y no hay que dejar de mencionar el cierre de faenas mineras y la remediación, que lo propio debe desarrollarse en la acuicultura, quienes tienen una ventaja, que es que hay cosas que solo hay que replicar y no crearlas. No deben desaprovechar esta oportunidad.
Chile no se puede dar el lujo de que sus dos industrias estrella aprendan por separado. La minería gastó miles de millones de dólares y, lo más caro, vidas humanas, para llegar al estándar de hoy. La salmonicultura tiene la ventaja de ser el “hermano menor”: puede mirar, adaptar y saltarse errores.


















