La industria salmonera y de mitílidos enfrenta un nuevo antecedente crítico en la gestión de Floraciones Algales Nocivas (FAN). Un reciente estudio liderado por el profesor Jang K. Kim, de la Universidad Nacional de Incheon, Corea del Sur, ha demostrado que la peligrosidad de las algas Prorocentrum lima, no disminuye necesariamente cuando la biomasa se estabiliza. Por el contrario, el agotamiento de nutrientes en el agua (condición común tras la marea roja) dispara la producción de toxinas intracelulares.
Revelando que la microalga Prorocentrum lima (dinoflagelado conocido en las costas chilenas) puede multiplicar su toxicidad de forma explosiva justo cuando parece que la emergencia está terminando. Este escenario es letal para la seguridad sanitaria. Ya que ocurre precisamente cuando el alimento para las algas desaparece del agua, gatillando un estado de «supertoxicidad».
El «hambre» como motor de toxicidad
El estudio pone sobre la mesa un comportamiento interesante. Cuando el nitrógeno y el fósforo se agotan en el agua tras un peak de crecimiento, las algas no mueren de inmediato. En cambio, utilizan sus reservas internas para seguir multiplicándose en silencio, pero con una diferencia. Al dejar de dividirse tan rápido, empiezan a acumular toxinas en su interior. Mostrando que la carga de ácido okadaico (causante de intoxicaciones diarreicas) puede llegar a ser hasta cien veces mayor en una célula hambrienta que en una bien alimentada.
Para la industria salmonera chilena, esto cambia las reglas del juego en la gestión de crisis. Actualmente, muchos protocolos de vigilancia se basan en el conteo de células. Si el conteo baja, se asume que el riesgo disminuye. Pero este hallazgo demuestra que una población pequeña de algas en fase de declive puede ser mucho más tóxica que un gran florecimiento en pleno desarrollo.
Esto significa que un centro de cultivo podría estar operando bajo una falsa sensación de seguridad, con niveles de clorofila normales, mientras las redes y las estructuras albergan algas que son verdaderas «bombas químicas» concentradas. Causando comportamientos anormales y daño en las branquias e hígado de peces juveniles.
Impacto en el modelo de vigilancia chileno
El impacto para Chile es directo, considerando que nuestras aguas son el escenario ideal para estas dinámicas biológicas. En los fiordos, tras un evento de marea roja. El agotamiento de nutrientes es la norma. Si los centros de cultivo solo se fían de la apariencia del agua, podrían estar ignorando que el riesgo de contaminación y la persistencia de toxinas en el área de las balsas y jaulas.
Además, al ser algas que se pegan fácilmente a las mallas, su capacidad de seguir siendo tóxicas por más de un mes sin alimento externo las convierte en una amenaza extremadamente resiliente para las faenas logísticas y de cosecha.
En definitiva, esta investigación apunta a la industria salmonera a mirar más allá del conteo tradicional . Ya no basta con saber cuántas algas hay, sino en qué estado nutricional se encuentran. La lección para el rubro es que la vigilancia no puede terminar cuando la mancha desaparece. El «post-bloom» es una fase crítica donde el potencial tóxico alcanza su máximo nivel, y donde un error de evaluación podría costar caro en términos de seguridad alimentaria y acceso a mercados internacionales.


















