Recientemente, la Dra. Mónica Betancor desarrolló una conferencia magistral sobre el futuro y oportunidades para la producción de nuevos ingredientes sustentables y funcionales para la nutrición acuícola en el seminario de nutrición de peces realizado en la Universidad Católica de Temuco (UCT) organizado por el Laboratorio de Nutrición y Fisiología de Peces de la Facultad de Recursos Naturales a través del Núcleo de Investigación en Producción Alimentaria (NIPA-UCT), que contó con el apoyo clave del Instituto Interdisciplinario del Agua (IIA – Rukako), de Salmones Antártica y del innovador Programa Tecnológico para la Producción Local de Insumos Nutricionales para la Acuicultura (PTEC-INVA) impulsado por Corfo.
En la instancia destacó que es muy relevante tanto para la salmonicultura chilena como para la escocesa esta temática porque existe mucha sinergia y problemas comunes. Uno de ellos es el de los insumos y de dónde provendrán los ingredientes de los alimentos acuícolas que sean sostenible y también con efecto funcional.
Cáñamo
En entrevista con nuestro medio, Betancor, contó acerca de su proyecto sobre el cáñamo industrial, que a su juicio es una fuente de proteína ideal y que en el Reino Unido se espera que se expanda este tipo de producción. “Se piensa que en 2030 este producto podría sustituir a la soja en este país. De hecho, tiene un perfil de aminoácidos muy similar al de la soja”, destacó en su presentación.
En cuánto al cáñamo “el principal producto que se utiliza es el tallo para pellets energéticos y material de construcción. Mientras que el subproducto consiste en la “semilla rica en grasa y proteínas donde se ha conseguido un concentrado hasta 65% de proteínas que hemos utilizado en el salmón”, realzó la investigadora.
En su exposición, la experta señaló que desarrollaron un ensayo con una dieta control, una dieta con 30% de cáñamo y otra con 30% de concentrado de soya. Luego se observó el intestino donde se puso especial atención en las células Goblet que producen mucus y juegan un importante rol tanto en la inmunidad como en la digestión.
“Lo que vimos fue una proporción similar de las células neutras y ácidas en la dieta control y dieta cáñamo, mientras que la dieta con soja mostraba menos concentración de las neutras.
También medimos los niveles de ácido grasos circulantes, donde los ácidos grasos de cadena corta se han utilizado tradicionalmente como un indicador de cambios en el microbioma”, contó la investigadora.
Por otra parte resaltó que vieron “un incremento del valerato plasmático y se sabe que en los roedores este ácido graso de cadena corta tiene efectos antiinflamatorios, es decir, está relacionado con la disminución de IL-17 e incremento de IL-10. Por lo que se están desarrollando estudios para corroborar si es lo mismo en los peces”.
Macroalgas
La Dra. Betancor contó que las macroalgas se están utilizando como una mezcla entre aditivos e ingredientes. «Hay gente que los utiliza como aditivos pero tienen características a nivel de contenido de proteína, luego también puedes integrar el cultivo, ya sea como un monocultivo integrado, por ejemplo, en el norte de Europa se utilizan mucho alrededor de jaulas de salmón para mitigar el efecto de la producción en el medio ambiente. Es un producto muy interesante y se espera que en el futuro se cultive bastante», señaló.
La investigadora resaltó en su charla las particularidades de las macroalgas, como, que promueve y mejora la respuesta inmune de las mucosas frente a infección con T. maritimun en lubina. Mientras que las algas rojas mejoran la producción, estimulan la respuesta inmune y mejoran la microbiota intestinal en salmón y las algas pardas han demostrado mejorar la respuesta antioxidante en dorada y la síntesis de IgM. Por otra parte, destacó la particular característica de reducir las propiedades alergénicas de los peces.
Piojos de mar
La experta detalló que se desarrolló un desafío con piojos de mar y “lo que vimos fue que los peces que comieron el tratamiento con el aceite de algas de Veramaris, tuvieron en total menos piojos adheridos que el resto de los tratamientos y cuando íbamos a regiones (zonas del pez) vimos que tenían menos en el cuerpo y más en la cabeza”, describió.
«Entonces nuestra teoría es que, como la cabeza tiene menos células mucosas que el cuerpo, se puede deber a la variación en la producción de compuestos orgánicos volátiles y actualmente estamos en el proceso de análisis del microbioma que puede estar relacionado», explicó.



















