La intensificación de las industrias acuícolas en todo el mundo ha llevado a una mayor susceptibilidad y exposición a enfermedades. Para garantizar el bienestar animal y la rentabilidad de la industria, muchos centros acuícolas recurren a tratamientos antibióticos.
Sin embargo, con la creciente presencia de resistencia antimicrobiana (RAM), se ha vuelto importante regular y limitar el uso de antibióticos, especialmente en la producción animal y en relación con los antibióticos considerados de importancia crítica para la salud humana por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Es por ello que un equipo de investigadores crearon el Proyecto Keystone sobre Resistencia Antimicrobiana en la acuicultura que tiene como objetivo aprovechar la agencia colectiva y la experiencia dentro de la iniciativa SeaBOS para abordar este apremiante problema, demostrando cómo la ciencia y los negocios pueden trabajar juntos para lograr acciones concretas.
Sobre la investigación
Esta revisión publicada en la revista Aquaculture International describe cómo se han desarrollado las estrategias de mitigación de la RAM a lo largo del tiempo en entornos internacionales y cómo se relacionan con la acuicultura. Además, analiza cómo diferentes países y regiones cumplen con estos estatutos, así como los estándares antibióticos de una selección de esquemas de certificación.
El estudio combina información proveniente de documentos de orientación nacional, investigación, así como de organismos intergubernamentales y no gubernamentales para crear un panorama de los estándares, recomendaciones y regulaciones actuales sobre el uso de antibióticos en la acuicultura.
Para el análisis se seleccionaron 17 países/regiones en función del volumen de producción, ubicación geográfica e influencia en el mercado, así como de la disponibilidad de políticas y regulaciones. Los países evaluados fueron Australia, Canadá, Chile, China, Ecuador, EU (incluido Islandia), Islas Feroe, India, Indonesia, Japón, Noruega, Tailandia, Reino Unido, Estados Unidos, Vietnam, Rusia y Corea del Sur.
Algunos resultados
“Nuestros resultados muestran que el papel de la acuicultura se ha abordado de manera implícita en los documentos de orientación internacional y que es necesario aumentar aún más las actividades de las operaciones acuícolas en la lucha contra la RAM, con énfasis en las alternativas al uso de antibióticos”, comentaron los investigadores.
Se determinó que existe un margen de mejora y es necesario que los países aumenten la rigurosidad de sus regulaciones sobre antibióticos, especialmente en relación con el uso profiláctico, los antibióticos autorizados y el número de tratamientos.
“Sería beneficioso un mayor énfasis en el intercambio de conocimientos y la colaboración con diferentes actores interesados en cuanto a alternativas a los tratamientos antibióticos, como vacunas, bacteriófagos, extinción de quórum, probióticos y prebióticos, anticuerpos de yema de huevo de pollo y derivados de plantas medicinales”, sugirieron los expertos.
“También encontramos que la mayoría de los países y regiones permiten el uso de antibióticos de máxima prioridad o de importancia crítica en la acuicultura, lo que podría tener efectos perjudiciales para la salud animal, ambiental y pública. Como resultado, la mayoría de los países no cumplen con las recomendaciones y estándares establecidos por las organizaciones internacionales y los esquemas de certificación”, afirmaron.
La investigación reveló que ninguno de los países posee restricciones sobre el número de tratamientos antimicrobianos por ciclo de producción. Sin embargo, los dos programas de certificación (ASC y BAP) han establecido un límite de tres en la mayoría de las normas.
“Podría argumentarse que tres tratamientos siguen siendo un número bastante alto que, mediante prácticas adecuadas de manejo de la salud animal, podría reducirse aún más. Como resultado, un paso importante para minimizar el uso de antibióticos es contar con un sólido sistema de gestión prescriptiva con un análisis continuo de la salud animal y ambiental en los centros de cultivo. Esto incluye, entre otras cosas, el uso de pre y probióticos, la reevaluación y optimización de la composición de los alimentos, la optimización de la densidad de población y la limitación de la interacción humana (manipulación)”, señalaron los autores.
Finalmente, los científicos sostuvieron que un mayor conocimiento sobre cómo difieren las regulaciones sobre el uso de antibióticos entre los países es importante, ya que indica dónde puede faltar capacidad y comprensión.


















