Desde hace décadas, el bienestar animal ha sido tema de discusión y cada vez cobra mayor relevancia en producción animal. Las cinco libertades que deben cumplirse para asegurar el bienestar animal incluyen: vivir libre de hambre, de sed y de desnutrición; libre de temor y de distrés; libre de molestias físicas y térmicas; libre de dolor, de lesión y de enfermedad; y libre de manifestar un comportamiento natural.
Se ha demostrado que especies acuícolas, por ejemplo, el salmón del Atlántico, cultivados bajo criterios de bienestar animal, mejoran sus índices productivos tanto en conversión, crecimiento y mortalidad. Medidas que se pueden tomar desde el punto de vista productivo que permiten aumentar el bienestar de los peces pueden incluir: mantención de densidades de cultivo y niveles de oxígeno óptimas, adecuación de manejos (ej. Muestreos, retiro de mortalidad, vacunaciones, baños), uso de mallas loberas, alimentación acorde a los requerimientos fisiológicos de la especie, entre otros.
Si bien las áreas de producción que podrían verse involucradas en aportar en la mejora del bienestar animal pueden ser clásicamente identificables, la genética también puede aportar a alcanzar los objetivos de bienestar animal.
¿Cómo podemos hacerlo?
Dentro de los objetivos de mejoramiento genético clásicamente incluimos mayor o más rápido crecimiento, resistencia a enfermedades, características de planta de proceso, y en general, características que tengan un impacto bioeconómico medible y que sean de interés del productor. Ahora bien, si consideramos que un pez que tiene mayor crecimiento por lo general también tiene una mejor conversión alimenticia, podemos inferir que este tipo de individuo se alimenta de forma óptima con los recursos entregados y por tanto puede exhibir un mayor potencial de crecimiento. Uno de los objetivos de seleccionar por peso o crecimiento, lleva de la mano la tendencia a la homogenización de los peces en su período de crecimiento.
Si consideramos que los peces crecerán de forma más homogénea, la alimentación se verá favorecida, ya que al haber menos peces que, por ser de menor talla o rezagados, sufran de inanición por no poder comer el calibre ofrecido.
Otro de los objetivos que se pueden considerar dentro de un programa de mejoramiento genético es la reducción de deformidad. Al productor le interesa tener el menor porcentaje de peces deformes en todo el ciclo productivo ya que de una u otra forma, la presentación de deformidad acarreará eliminación productiva, rezago o degradación del producto en planta de proceso. Pero esta característica no solo tiene una importancia económica y productiva, ya que reducir el porcentaje o la incidencia de deformidad también impacta al bienestar animal. Peces deformes podrían tener dificultad para el nado y también para alimentarse; por lo que incluir esta característica beneficia tanto al productor como a los mismos peces.
En línea con el punto anterior, encontramos la resistencia a enfermedades. En Chile, podemos encontrar dentro de los programas de mejoramiento genético, y generalmente con una gran importancia también en el índice de selección, la inclusión de rasgos como resistencia a SRS, BKD, IPN y cáligus.
En el caso de patologías como SRS y BKD, se espera reducir el porcentaje de mortalidad, o aumentar los días en los que los peces, sometidos a ensayos experimentales, mueren. La resistencia a enfermedades en peces tiene un componente que es heredable, por lo que su inclusión en programas de mejoramiento genético ha sido importante para la industria como una de las herramientas para enfrentar estas patologías. Presentar mayor resistencia a enfermedades, y por lo tanto reducir la incidencia de enfermedades, claramente aumentará los indicadores de bienestar animal, ya que por una parte reducirá el sufrimiento causado por la enfermedad, pero además reducirá la necesidad de tratamientos y por ende la cantidad de manejos necesarios, que de una u otra forma también involucran días de ayuno y estrés.
Algo similar ocurriría con la inclusión de la resistencia a la caligidosis en salmón del Atlántico: peces que tengan cargas parasitarias más bajas, tendrán menos sufrimiento, y desde un punto de vista de manejos, la frecuencia de baños o manejos para eliminar los parásitos serán también menor, reduciendo también el estrés y ayunos a los cuales los peces son sometidos.
Con esto quiero concluir que la genética no solo nos ayuda a obtener un producto de mejor calidad, a menor costo, sino que también esos beneficios económicos que observamos a nivel de la cadena de valor también se ven reflejados en mejoras que apuntan también a mejorar el bienestar de nuestros peces.


















