La búsqueda de nuevas herramientas para controlar la Enfermedad Amebiana de las Branquias (EAB) o (AGD, por sus siglas en inglés) podría estar entrando en una nueva etapa. Un estudio liderado por investigadores de la School of Biodiversity, One Health and Veterinary Medicine de la University of Glasgow demuestra que fármacos originalmente desarrollados para combatir enfermedades parasitarias humanas y veterinarias, como la tripanosomiasis y la leishmaniasis, podrían convertirse en una alternativa innovadora para enfrentar una de las patologías más costosas de la salmonicultura moderna.
La investigación, recientemente publicada como preprint científico, evaluó una estrategia basada en la reutilización de medicamentos ya existentes, identificando varios compuestos capaces de mejorar significativamente la condición branquial de salmones atlánticos expuestos naturalmente a AGD en condiciones comerciales.
Un enemigo persistente para la industria
La AGD, causada por la ameba marina Neoparamoeba perurans, continúa siendo una de las enfermedades más relevantes para la producción de salmónidos en todo el mundo. Sus impactos incluyen mortalidades, reducción del crecimiento, deterioro del bienestar animal y elevados costos operacionales asociados a tratamientos repetidos.
Actualmente, las principales herramientas de control son los baños de agua dulce y el uso de peróxido de hidrógeno. Sin embargo, estas estrategias suelen proporcionar un alivio temporal, requieren una intensa manipulación de los peces y representan importantes desafíos logísticos y económicos para los productores. Frente a este escenario, los investigadores buscaron una aproximación completamente diferente.
Aprovechando una vulnerabilidad biológica poco explorada
El equipo centró su atención en una característica singular de N. perurans: la presencia de un endosimbionte obligatorio conocido como organismo similar a Perkinsela (PLO), perteneciente al grupo de los cinetoplástidos, el mismo que incluye a parásitos de importancia médica como Trypanosoma y Leishmania.
Esta particularidad llevó a los científicos a plantear una hipótesis innovadora: si los medicamentos desarrollados para combatir cinetoplástidos afectan al endosimbionte de la ameba, podrían también comprometer su supervivencia o capacidad patogénica. Con esta premisa, se seleccionó un panel específico de compuestos tripanocidas para ser evaluados contra N. perurans.
Superando una barrera histórica en la investigación de AGD
Uno de los principales aportes del trabajo no fue solamente la identificación de candidatos terapéuticos, sino también el desarrollo de una metodología más precisa para evaluarlos.
La investigación enfrentó una dificultad conocida por la comunidad científica: la imposibilidad de cultivar N. perurans en condiciones completamente libres de bacterias. Esto provoca que muchas de las técnicas tradicionales utilizadas para medir la eficacia de los medicamentos generen resultados confusos debido a la interferencia bacteriana.
Para resolver este problema, los investigadores implementaron un sistema de microscopía holográfica digital que permitió monitorear directamente la movilidad de las amebas en tiempo real, sin necesidad de marcadores químicos y eliminando el ruido generado por las bacterias asociadas.
Gracias a esta tecnología fue posible diferenciar con precisión entre efectos amebicidas —que eliminan al organismo— y efectos amebostáticos, que simplemente detienen temporalmente su actividad.
Miltefosina e isometamidio destacan como los candidatos más prometedores
Los ensayos in vitro identificaron dos compuestos particularmente eficaces. La miltefosina mostró la mayor actividad, alcanzando una concentración efectiva media (EC50) de apenas 1,84 µM y generando efectos amebicidas sostenidos. Por su parte, el isometamidio registró una EC50 de 4,63 µM, produciendo principalmente efectos amebostáticos.
Posteriormente, ambos compuestos avanzaron a pruebas de tolerancia en salmón atlántico y, finalmente, a ensayos de eficacia en condiciones de campo en Irlanda, utilizando peces expuestos naturalmente a AGD.
Los resultados fueron alentadores: la miltefosina, el isometamidio y el benznidazol lograron mejoras estadísticamente significativas en las puntuaciones de daño branquial durante un período de cuatro semanas, siendo la miltefosina el tratamiento que mostró el mayor efecto.
Resultados que abren nuevas preguntas
Curiosamente, aunque los peces tratados presentaron una mejor condición branquial, los análisis moleculares no evidenciaron una disminución de la carga de N. perurans medida mediante qPCR. De hecho, algunos tratamientos mostraron niveles aparentemente más altos de ADN de la ameba.
Este hallazgo sugiere que los mecanismos de acción podrían ser más complejos de lo esperado y que la mejora clínica observada podría no estar directamente relacionada con una reducción de la presencia del patógeno, sino posiblemente con alteraciones en su virulencia, comportamiento o interacción con el hospedador.
Una plataforma para la próxima generación de tratamientos
Los autores enfatizan que todavía se requieren investigaciones adicionales para optimizar dosis, vías de administración y comprender completamente los mecanismos biológicos involucrados.
Sin embargo, consideran que el trabajo establece una sólida prueba de concepto para el uso de fármacos tripanocidas como una nueva línea terapéutica contra la AGD.
Para una industria que continúa buscando soluciones más eficaces, sostenibles y compatibles con el bienestar animal, los resultados representan una señal prometedora. Más aún, demuestran el potencial que tiene la reutilización de medicamentos existentes para acelerar la disponibilidad de nuevas herramientas sanitarias en acuicultura, reduciendo significativamente los tiempos y costos asociados al desarrollo de productos completamente nuevos.
En un contexto donde la presión sanitaria y las exigencias de sostenibilidad continúan aumentando, este enfoque podría convertirse en una de las vías más interesantes para fortalecer el control de la AGD durante los próximos años.



















