Una mirada al riesgo en la cadena productiva de la Salmonicultura: El rol del proveedor y cómo estar preparados frente a potenciales fallas
El alimento concentra una parte crítica del costo y del desempeño productivo en la salmonicultura, pero también expone a las compañías a riesgos de precio, calidad y continuidad de suministro. Deloitte plantea que anticipar esas vulnerabilidades y mapear proveedores críticos será clave para enfrentar escenarios de mayor presión en la cadena acuícola.
El alimento pesa más que cualquier otro insumo en la cadena acuícola
La salmonicultura es un sector que tomó enorme relevancia en los últimos años, alcanzando en los primeros siete meses de 2026 un total de 494.778 toneladas de salmón y trucha por un valor récord de US$3.960 millones. En comparación con el mismo período de 2025, cuando se enviaron 438.890 toneladas por US$3.741 millones, las cifras representan un crecimiento de 12,73% en volumen y de 5,84% en reto
Felipe Santelices, Socio Líder de Aquanima en Deloitte Chile. Foto: Deloitte
rnos, según registra el reporte mensual de estadísticas Comex, elaborado por el Departamento de Estudios del Servicio Nacional de Aduanas.
Para alcanzar esta posición, el alimento ha sido duda el insumo más relevante – y que sostiene a un centro de cultivo – en el resultado final de la producción, por sobre la genética, medicamentos veterinarios, servicios marítimos, e incluso la tecnología. Pero, al mismo tiempo, es el principal componente del costo de producción y el factor que más determina la sanidad, el crecimiento y la conversión del pez, lo que lo convierte en el proveedor cuya falla, cuya alza de precio o cuya pérdida de continuidad tiene mayor impacto directo sobre el negocio. Ningún otro eslabón de la cadena de suministro acuícola concentra tanta influencia sobre el resultado final en manos de un tercero.
El rigor regulatorio y de gestión mira al centro de cultivo, no a quien lo abastece
Para alcanzar el liderazgo que tiene hoy la industria, la salmonicultura ha debido adoptar una serie de regulaciones, construyendo un nivel de estándar muy alto sobre lo que ocurre al interior de cada centro de cultivo: sanidad, trazabilidad del pez, certificaciones de proceso y cumplimiento ambiental están sometidos a revisión constante, tanto interna como de terceros.
Sin embargo, según explica Felipe Santelices, Socio Líder de Aquanima en Deloitte, equipo de la firma dedicado a la eficiencia de costos, “este mismo nivel de exigencia pocas veces se traslada hacia atrás en la cadena, hacia el proveedor que entrega el insumo que más pesa en ese resultado. En el mercado ya se observa una presión creciente sobre el costo de los insumos críticos, lo que hace más urgente entender qué tan expuesta está cada compañía a un solo proveedor de alimento y bajo qué condiciones”.
Esa asimetría, cuenta Santelices de Deloitte, no se nota en la operación diaria mientras el proveedor cumple. “Se vuelve visible recién cuando deja de hacerlo, y para entonces la compañía ya está resolviendo el problema bajo presión, no con anticipación”, precisa.
Un centro de cultivo impecable no protege de un proveedor que falla
Una compañía puede tener un manejo sanitario muy por sobre lo que puede exigir la ley, la trazabilidad más sólida y el cumplimiento ambiental más ejemplar, y aun así seguir completamente expuesta si su proveedor de alimento sube el precio de un día para otro, deja de cumplir un estándar de calidad o enfrenta un problema propio de continuidad. Esa exposición no se resuelve mejorando la operación interna, porque el riesgo no está adentro del centro de cultivo, está en la dependencia de un tercero que la compañía no controla directamente. Cuanto más concentrada esté esa dependencia en pocos proveedores, o en uno solo, mayor es el efecto de cualquier falla.
Manuel Gálvez, Socio Líder del sector Acuícola en Deloitte. Foto: Deloitte
Muchas compañías gestionan esa relación con el mismo proveedor durante años, a veces décadas, y confunden la antigüedad del vínculo con tener el riesgo bajo control. Son cosas distintas: conocer bien a un proveedor no es lo mismo que saber qué pasaría si ese proveedor no pudiera entregar, o si su precio se moviera de forma abrupta. Esa pregunta rara vez se responde hasta que el problema ya ocurrió.
Para Manuel Galvez, Socio líder del Sector Acuícola de Deloitte Chile, las compañías que llegan mejor preparadas frente a una falla de suministro “son las que ya mapearon su gasto y sus proveedores críticos con una mirada de riesgo, no solo de costo: cuánto depende cada categoría de un solo proveedor, qué tan expuesta está esa relación a variables sanitarias, ambientales o de mercado, y qué alternativas existen si algo falla. Ese ejercicio suele revelar que la compañía tiene menos alternativas reales de las que asume, precisamente porque nunca tuvo que probarlas”.
Según Gálvez de Deloitte, a partir de ahí la conversación deja de ser sobre mantener la relación con el proveedor de siempre y pasa a ser sobre qué tan preparada está la compañía para sostener su operación si esa relación cambia, se encarece o se interrumpe. “Las compañías que ya iniciaron ese ejercicio van a poder reaccionar cuando el mercado de insumos se mueva, mientras las que no lo hayan hecho van a estar decidiendo bajo presión, con menos opciones y menos tiempo”, precisa el socio de Deloitte.
El alimento pesa más que cualquier otro insumo en la cadena acuícola
La salmonicultura es un sector que tomó enorme relevancia en los últimos años, alcanzando en los primeros siete meses de 2026 un total de 494.778 toneladas de salmón y trucha por un valor récord de US$3.960 millones. En comparación con el mismo período de 2025, cuando se enviaron 438.890 toneladas por US$3.741 millones, las cifras representan un crecimiento de 12,73% en volumen y de 5,84% en reto
Felipe Santelices, Socio Líder de Aquanima en Deloitte Chile. Foto: Deloitte
rnos, según registra el reporte mensual de estadísticas Comex, elaborado por el Departamento de Estudios del Servicio Nacional de Aduanas.
Para alcanzar esta posición, el alimento ha sido duda el insumo más relevante – y que sostiene a un centro de cultivo – en el resultado final de la producción, por sobre la genética, medicamentos veterinarios, servicios marítimos, e incluso la tecnología. Pero, al mismo tiempo, es el principal componente del costo de producción y el factor que más determina la sanidad, el crecimiento y la conversión del pez, lo que lo convierte en el proveedor cuya falla, cuya alza de precio o cuya pérdida de continuidad tiene mayor impacto directo sobre el negocio. Ningún otro eslabón de la cadena de suministro acuícola concentra tanta influencia sobre el resultado final en manos de un tercero.
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El rigor regulatorio y de gestión mira al centro de cultivo, no a quien lo abastece
Para alcanzar el liderazgo que tiene hoy la industria, la salmonicultura ha debido adoptar una serie de regulaciones, construyendo un nivel de estándar muy alto sobre lo que ocurre al interior de cada centro de cultivo: sanidad, trazabilidad del pez, certificaciones de proceso y cumplimiento ambiental están sometidos a revisión constante, tanto interna como de terceros.
Sin embargo, según explica Felipe Santelices, Socio Líder de Aquanima en Deloitte, equipo de la firma dedicado a la eficiencia de costos, “este mismo nivel de exigencia pocas veces se traslada hacia atrás en la cadena, hacia el proveedor que entrega el insumo que más pesa en ese resultado. En el mercado ya se observa una presión creciente sobre el costo de los insumos críticos, lo que hace más urgente entender qué tan expuesta está cada compañía a un solo proveedor de alimento y bajo qué condiciones”.
Esa asimetría, cuenta Santelices de Deloitte, no se nota en la operación diaria mientras el proveedor cumple. “Se vuelve visible recién cuando deja de hacerlo, y para entonces la compañía ya está resolviendo el problema bajo presión, no con anticipación”, precisa.
Un centro de cultivo impecable no protege de un proveedor que falla
Una compañía puede tener un manejo sanitario muy por sobre lo que puede exigir la ley, la trazabilidad más sólida y el cumplimiento ambiental más ejemplar, y aun así seguir completamente expuesta si su proveedor de alimento sube el precio de un día para otro, deja de cumplir un estándar de calidad o enfrenta un problema propio de continuidad. Esa exposición no se resuelve mejorando la operación interna, porque el riesgo no está adentro del centro de cultivo, está en la dependencia de un tercero que la compañía no controla directamente. Cuanto más concentrada esté esa dependencia en pocos proveedores, o en uno solo, mayor es el efecto de cualquier falla.
Manuel Gálvez, Socio Líder del sector Acuícola en Deloitte. Foto: Deloitte
Muchas compañías gestionan esa relación con el mismo proveedor durante años, a veces décadas, y confunden la antigüedad del vínculo con tener el riesgo bajo control. Son cosas distintas: conocer bien a un proveedor no es lo mismo que saber qué pasaría si ese proveedor no pudiera entregar, o si su precio se moviera de forma abrupta. Esa pregunta rara vez se responde hasta que el problema ya ocurrió.
Para Manuel Galvez, Socio líder del Sector Acuícola de Deloitte Chile, las compañías que llegan mejor preparadas frente a una falla de suministro “son las que ya mapearon su gasto y sus proveedores críticos con una mirada de riesgo, no solo de costo: cuánto depende cada categoría de un solo proveedor, qué tan expuesta está esa relación a variables sanitarias, ambientales o de mercado, y qué alternativas existen si algo falla. Ese ejercicio suele revelar que la compañía tiene menos alternativas reales de las que asume, precisamente porque nunca tuvo que probarlas”.
Según Gálvez de Deloitte, a partir de ahí la conversación deja de ser sobre mantener la relación con el proveedor de siempre y pasa a ser sobre qué tan preparada está la compañía para sostener su operación si esa relación cambia, se encarece o se interrumpe. “Las compañías que ya iniciaron ese ejercicio van a poder reaccionar cuando el mercado de insumos se mueva, mientras las que no lo hayan hecho van a estar decidiendo bajo presión, con menos opciones y menos tiempo”, precisa el socio de Deloitte.