Diversos estudios y sistemas de control internacionales respaldan que el salmón de cultivo producido en Chile continúa siendo un alimento seguro, rico en omega-3 y sometido a estrictos estándares de monitoreo y trazabilidad.
Pese a ser uno de los principales productos alimentarios de exportación de Chile y una de las proteínas marinas más consumidas en el mundo, el salmón de cultivo sigue rodeado de cuestionamientos sobre su calidad nutricional y los métodos utilizados en su producción. Sin embargo, la evidencia científica disponible muestra un escenario muy distinto al que suele instalarse en el debate público.
Así lo plantea en su columna de opinión publicada en La Prensa Austral, el Dr. Pablo Gallardo, ingeniero y doctor en Acuicultura de la Universidad de Magallanes, quien advierte que «pocas especies alimenticias generan tantas opiniones como el salmón de cultivo. Para algunos, es uno de los alimentos más saludables disponibles para el consumo humano. Para otros, persisten dudas respecto a la presencia de hormonas, antibióticos o una supuesta menor calidad nutricional respecto de los peces silvestres. Sin embargo, la evidencia científica muestra una realidad muy distinta».
Una transformación alimentaria impulsada por la sostenibilidad
Hace tres décadas, la alimentación de los salmones cultivados en Chile dependía mayoritariamente de harina y aceite de pescado provenientes de pesquerías pelágicas, principalmente sardina y anchoveta. No obstante, el crecimiento sostenido de la acuicultura mundial y la necesidad de optimizar el uso de los recursos marinos impulsaron una profunda transformación tecnológica en la formulación de dietas.
«Con el crecimiento de la acuicultura mundial y el estancamiento de la extracción pesquera, surgió un desafío evidente: producir más alimento utilizando menos recursos marinos. La respuesta fue una profunda transformación tecnológica», explica Gallardo.
Durante las últimas décadas, investigadores y empresas desarrollaron nuevas formulaciones incorporando proteínas y aceites de origen terrestre. Según el académico, este proceso requirió años de investigación debido a la naturaleza carnívora de los salmones.
«Los salmones evolucionaron como peces carnívoros y adaptar su metabolismo a estos nuevos ingredientes requirió años de investigación en nutrición, digestibilidad y salud animal», sostiene.
El resultado, agrega, ha sido una reducción significativa en el uso de harina y aceite de pescado, mejorando la sostenibilidad de la producción sin comprometer la calidad nutricional del producto final.
Omega-3: un atributo que se mantiene
Pese a los cambios en la alimentación de los peces, el salmón continúa posicionándose entre las principales fuentes de ácidos grasos omega-3 para la dieta humana.
«Los cambios en la alimentación de los peces no han eliminado los atributos nutricionales que hacen del salmón un alimento altamente valorado», señala Gallardo.
El especialista destaca que nutrientes como DHA y EPA están ampliamente asociados al desarrollo neurológico, la salud cardiovascular y múltiples beneficios para el organismo.

Hormonas y antibióticos: qué dice la evidencia
Uno de los mitos más persistentes en torno al salmón de cultivo es el supuesto uso de hormonas para acelerar el crecimiento de los peces. Sin embargo, Gallardo es categórico al respecto. «El salmón cultivado en Chile no se produce utilizando hormonas para acelerar su crecimiento», afirma.
Asimismo, explica que la producción destinada a los mercados internacionales más exigentes se encuentra sometida a rigurosos sistemas de control sanitario.
«Los programas de control nacionales e internacionales impiden la comercialización de peces con residuos de medicamentos por sobre los límites permitidos», precisa el académico, agregando que la trazabilidad y el monitoreo permanente forman parte de los requisitos exigidos por mercados como Estados Unidos, Europa y Asia.
Un debate basado en evidencia
Si bien la salmonicultura enfrenta importantes desafíos ambientales, sanitarios y regulatorios, Gallardo sostiene que la discusión sobre el futuro de la actividad debe sustentarse en información objetiva.
«Esos debates deben desarrollarse sobre la base de información objetiva y no de percepciones que muchas veces carecen de respaldo científico», enfatiza.
En esa línea, el investigador plantea que Chile aún tiene una tarea pendiente en materia de consumo interno. «Quizás la discusión que deberíamos tener como país no es si debemos consumir salmón de cultivo, sino cómo logramos que este alimento llegue a más mesas chilenas», sostiene.
Finalmente, el experto concluye que «la evidencia disponible sugiere que estamos frente a un alimento seguro, nutritivo y producido bajo estándares cada vez más exigentes», abriendo además una reflexión: «Tal vez la pregunta no es por qué comemos salmón de cultivo, sino por qué, siendo Chile uno de los mayores productores del mundo, todavía no lo consumimos más en nuestro propio país».


















