La vacunación contra la Enfermedad del Páncreas (PD) podría ofrecer un beneficio mucho más amplio de lo que se pensaba. Además de proteger a los salmones del daño causado por el virus, nuevas evidencias científicas muestran que algunas vacunas también reducen la cantidad de partículas virales que los peces infectados liberan al agua, disminuyendo potencialmente la transmisión entre centros de cultivo.
Así lo concluye un estudio publicado en Journal of Fish Diseases por investigadores del Instituto de Investigación Marina de Noruega, quienes evaluaron el desempeño de dos vacunas comerciales contra el subtipo 3 del virus del alphavirus de los salmónidos (SAV3), principal agente causante de la Enfermedad del Páncreas en el salmón Atlántico.
Los resultados sugieren que la vacunación podría convertirse en una herramienta clave no solo para proteger a los individuos, sino también para reducir la presión de infección a nivel poblacional.
Un factor poco estudiado: cuánto virus libera un pez infectado
La transmisión de enfermedades virales en ambientes acuáticos depende de un fenómeno conocido como shedding o excreción viral: la liberación de partículas infecciosas al agua por parte de peces infectados.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios de vacunas en acuicultura se han centrado en indicadores como mortalidad, crecimiento, carga viral en tejidos o lesiones patológicas. Sin embargo, los investigadores sostienen que la capacidad de una vacuna para reducir la excreción del virus puede ser igual de importante para limitar la propagación de la enfermedad entre centros de cultivo.
«Una vacuna eficaz debería no solo proteger al pez vacunado, sino también reducir la transmisión del patógeno dentro de la población», señalan los autores.

Más de 1.200 muestras para seguir el rastro del virus
Para responder esta pregunta, el equipo trabajó con salmones Atlánticos post-smolt vacunados con dos productos ampliamente utilizados en Noruega:
- Clynav, vacuna ADN desarrollada para inducir inmunidad específica contra SAV3.
- AlphaJect Micro 1-PD, vacuna inactivada de virus completo.
Posteriormente, los peces fueron expuestos experimentalmente al virus mediante un desafío por inmersión y monitoreados durante más de un mes.
La magnitud del trabajo fue considerable: los investigadores analizaron 1.233 muestras de agua provenientes de 39 estanques distintos, utilizando técnicas de concentración viral y RT-qPCR para cuantificar la presencia de SAV3 liberado al ambiente.
Menos peces excretando virus
Los resultados obtenidos en peces mantenidos individualmente fueron contundentes. Todos los salmones no vacunados liberaron partículas virales detectables al agua. En contraste, la vacunación redujo drásticamente tanto la cantidad de peces excretores como el tiempo durante el cual eliminaban el virus.
La vacuna AlphaJect Micro 1-PD mostró el efecto más marcado: ninguno de los peces vacunados presentó excreción detectable de SAV3 durante el periodo de monitoreo.
Por su parte, Clynav también logró reducir significativamente la duración de la excreción viral y el número de individuos que liberaban virus al agua.
Además, los peces vacunados presentaron menores cargas virales en el corazón y menos lesiones asociadas a la enfermedad en tejidos como páncreas y músculo.
La bacteria que cambió el escenario
Sin embargo, el estudio reveló una advertencia importante para las condiciones reales de cultivo. Durante los ensayos realizados en estanques colectivos apareció de forma inesperada una coinfección por la bacteria Tenacibaculum dicentrarchi, agente asociado a ulceraciones cutáneas y tenacibaculosis.
Bajo estas condiciones, la eficacia observada en los peces individuales cambió significativamente.
Aunque AlphaJect Micro 1-PD continuó reduciendo la cantidad total de virus liberado al ambiente, los peces vacunados mantuvieron la excreción viral durante un periodo más prolongado que incluso los grupos no vacunados.
Los investigadores sugieren que la infección bacteriana pudo haber alterado la respuesta inmunitaria de los peces, reduciendo parte de la protección conferida por la vacuna.
«Los resultados muestran que la eficacia vacunal puede verse influenciada por coinfecciones y otros factores ambientales presentes en las condiciones productivas», explican.
Una nueva herramienta para medir vacunas
Uno de los aportes más relevantes del estudio es metodológico. Los investigadores desarrollaron un sistema de monitoreo basado en muestreos de agua y análisis moleculares de alta sensibilidad que permite evaluar la excreción viral sin necesidad de sacrificar peces.
Esta aproximación podría transformarse en una nueva herramienta para evaluar vacunas en acuicultura, complementando indicadores tradicionales como mortalidad o carga viral tisular.
Además, el trabajo identificó una fuerte correlación entre la cantidad de virus detectada en el agua y la carga viral encontrada posteriormente en el corazón de los peces, lo que abre posibilidades para monitorear brotes de forma menos invasiva.
Implicancias para la salmonicultura
Los hallazgos tienen relevancia directa para regiones productoras como Chile y Noruega, donde la Enfermedad del Páncreas continúa siendo una amenaza sanitaria importante.
Reducir la excreción viral significa disminuir la cantidad de partículas infecciosas presentes en el ambiente marino y, por tanto, reducir la probabilidad de transmisión entre peces y centros de cultivo.
Sin embargo, el estudio también pone de manifiesto la necesidad de abordar la salud de los peces desde una perspectiva integral.
Las vacunas pueden ser altamente efectivas, pero factores como el estrés, la densidad de cultivo o las infecciones bacterianas concurrentes pueden modificar sustancialmente los resultados observados en condiciones de laboratorio.
Para los autores, el próximo desafío será incorporar pruebas que permitan distinguir entre partículas virales detectadas y virus realmente infecciosos, así como profundizar en los mecanismos inmunológicos que explican por qué algunas coinfecciones pueden reducir la capacidad de las vacunas para limitar la propagación de enfermedades.
En un contexto donde la bioseguridad y la sostenibilidad sanitaria son cada vez más relevantes para la salmonicultura global, el estudio aporta una nueva dimensión al concepto de vacunación: proteger al pez ya no es suficiente; también es necesario impedir que siga transmitiendo la enfermedad.



















