El ecosistema de startups e innovación en Chile enfrenta desafíos cruciales para traducir ideas en soluciones con impacto real; al respecto, el consultor internacional en acuicultura, Adolfo Alvial, publicó una reciente columna de opinión en el Diario El Llanquihue titulada “Que se mueva la aguja” donde hizo hincapié en la importancia de que la innovación pase de ser un concepto abstracto y se convierta en una verdadera herramienta de transformación.
Señaló que, en Chile, como en muchas partes del mundo, hemos sido testigos del auge de la innovación tecnológica y “este fenómeno ha permeado organizaciones y sociedad, impulsado por una explosión de tecnologías que potencian la investigación, el desarrollo y la innovación. Con la computación actual y el avance hacia la informática cuántica, las posibilidades de cambios disruptivos se amplían exponencialmente”.
El avance de la innovación
Alvial profundizó en el escenario actual indicando que un factor clave ha sido la inteligencia artificial (IA), que acelera la investigación, optimiza la toma de decisiones y transforma productos y servicios. Junto con ello, citó al informe McKinsey (2023) que indica que un tercio de las organizaciones usa IA generativa en al menos una función empresarial, y un 40% aumentará su inversión en IA. “No se trata solo de innovación industrial; también en lo social ha dado un salto significativo, desde la medicina personalizada hasta el diseño de políticas públicas eficientes”, especificó.
Enfatizó que más allá de estas herramientas, “lo crucial es el propósito de la innovación. Innovar significa cambios en productos o procesos con un valor tangible y medible, clave tanto en lo económico como en lo social. No basta con celebrar creatividad y emprendimiento si esas iniciativas no se traducen en resultados concretos”.
Ejemplificó que “muchas iniciativas que se presentan como innovaciones no son más que estrategias de marketing, que impresionan, pero colapsan. El fenómeno de las startups unicornio lo demuestra: empresas como WeWork o FTX, valoradas en miles de millones, fracasaron por modelos insostenibles. Según La República de Colombia (2024), el promedio de vida de las startups en Latinoamérica es de 2,44 años, y solo un 15% busca mantenerse en el tiempo. Esto muestra la necesidad de corregir errores comunes”.
Promesa de valor y evaluación de impacto
Sin embargo, aseveró que no todo es insostenible. “Hay empresas que, innovando activamente, se sostienen con sólidos modelos de negocio. En muchos casos, el problema radica en la falta de una promesa de valor clara y métricas objetivas para evaluar el impacto”, explicó.
Por esta razón, razonó que hoy “es clave transitar desde un financiamiento de “evangelización” indiscriminado hacia una consolidación basada en expectativas demostrables de mercado, con seguimientos rigurosos. En Chile y Latinoamérica, el éxito innovador se ha medido por la cantidad de iniciativas financiadas, sin considerar si realmente mueven la aguja de la economía”.
Recalcó que “la innovación en países en desarrollo debe centrarse en un impacto verificable. No podemos seguir llamando startups a proyectos sin una clara propuesta de valor, ni considerar innovación a procesos sin impacto real. Es hora de que las innovaciones realmente “muevan la aguja” en un sector, comunidad o actividad económica, con evidencia clara de su impacto. Sólo así, la innovación dejará de ser un concepto abstracto, para convertirse en una verdadera herramienta de transformación”.


















