La acuicultura enfrenta uno de sus mayores dilemas: avanzar hacia dietas más sostenibles sin perder aquellos atributos que el mercado y los consumidores consideran irrenunciables. En los salmónidos, uno de ellos es inconfundible: el color rosado-rojizo del filete, un sello de calidad que depende casi por completo de la astaxantina, un pigmento tan valioso como complejo de aprovechar.
Un reciente estudio científico se propuso responder una pregunta clave para el futuro del sector: ¿hasta qué punto es posible reemplazar la harina de pescado por proteínas vegetales sin comprometer la pigmentación de la trucha arcoíris?
Cuando el problema no es el pigmento, sino el pez
El trabajo evaluó dietas con reemplazos progresivos de harina de pescado por una mezcla de proteínas vegetales, todas con la misma cantidad de astaxantina natural proveniente de Haematococcus pluvialis. El resultado fue claro: las dietas con niveles moderados de sustitución lograron mantener el color del filete, pero las formulaciones con alta inclusión vegetal provocaron una pérdida significativa de pigmentación, aun cuando el pigmento estaba presente en la dieta.
La explicación no se encuentra en la astaxantina en sí, sino en lo que ocurre dentro del organismo del pez.
Los peces alimentados con dietas altamente vegetales mostraron menores concentraciones de astaxantina en sangre y músculo, acompañadas de una reducción en los puntajes de coloración dorsal y ventral. A la vez, su crecimiento fue más lento, la eficiencia alimenticia disminuyó y el hígado acumuló menos lípidos. Todo apuntaba a un problema sistémico.
El eje intestino–hígado–microbiota, bajo la lupa
La investigación reveló que las dietas con alto contenido de proteínas vegetales alteran profundamente el metabolismo lipídico del pez. En particular:
- Disminuyen el colesterol dietario, un componente ausente en ingredientes vegetales pero esencial para los peces carnívoros.
- Reducen la síntesis y circulación de ácidos biliares, claves para la digestión y absorción de grasas y compuestos liposolubles como la astaxantina.
- Comprometen la digestibilidad de la astaxantina esterificada, especialmente las formas diesterificadas, que requieren hidrólisis previa para ser absorbidas.
Como consecuencia, una mayor proporción de astaxantina pasa sin ser aprovechada y se elimina en las heces, reduciendo su disponibilidad para la pigmentación muscular.
A este escenario se suma un tercer actor decisivo: la microbiota intestinal. Los peces alimentados con dietas altamente vegetales mostraron cambios marcados en la composición bacteriana del intestino distal, incluyendo una fuerte reducción de bacterias de la familia Bacillaceae, previamente asociadas a una mejor pigmentación. Estas bacterias parecen jugar un rol indirecto en la eficiencia de utilización del pigmento, reforzando la idea de que el color del filete también se construye desde el microbioma.

No todas las dietas vegetales son iguales
Uno de los mensajes más relevantes del estudio es que el problema no es la inclusión de proteínas vegetales en sí, sino su nivel y manejo nutricional. Cuando la sustitución de harina de pescado fue moderada, la pigmentación se mantuvo, el metabolismo funcionó de forma equilibrada y la microbiota conservó una composición favorable.
En cambio, una alta dependencia de ingredientes vegetales generó un desajuste en la homeostasis colesterol–ácidos biliares que el organismo del pez no logró compensar, aun activando mecanismos metabólicos de respuesta.
Implicancias para la acuicultura del futuro
Los resultados aportan evidencia mecanística sólida para un fenómeno ampliamente observado en la industria: la pérdida de color en peces alimentados con dietas altamente vegetales. Pero, más importante aún, abren oportunidades concretas de mejora.
Optimizar dietas sostenibles no pasa solo por añadir más pigmento, sino por ajustar el aporte de colesterol, mejorar la digestibilidad lipídica, diseñar estrategias para modular la microbiota intestinal y elegir adecuadamente la forma y la matriz de incorporación de la astaxantina.
En un contexto donde la sostenibilidad es ineludible, este estudio demuestra que la ciencia puede marcar el camino para avanzar hacia alimentos acuícolas más responsables sin sacrificar la calidad del producto final.
Porque, al final, el color del filete no depende solo de lo que se agrega al alimento, sino de cómo el pez es capaz de aprovecharlo.
Lea el estudio completo: High Dietary Plant Protein Impairs Astaxanthin Pigmentation in Rainbow Trout by Disrupting Cholesterol–Bile Acid Metabolism and Gut Microbiota


















