Al igual que otros parásitos, como los mosquitos y las garrapatas, los piojos del salmón secretan sustancias desde sus glándulas que facilitan su alimentación o les permiten evadir el sistema inmunológico de su hospedador.
El estudio, liderado por el investigador doctoral Alexander Dindial, junto con el profesor James Bron y el Dr. Sean Monaghan del reconocido Instituto de Acuicultura de Stirling, en colaboración con Kevin McLean del Moredun Research Institute, comparó las proteínas secretoras liberadas por piojos del salmón en su etapa larvaria infecciosa (copepoditos) con las presentes en los individuos adultos.
Los investigadores encontraron diferencias considerables en las proteínas entre ambas etapas del ciclo de vida, lo que, según indican, podría aportar información clave para entender la infección temprana exitosa en hospedadores susceptibles como el salmón del Atlántico.
Los piojos del salmón se alimentan de la piel, el mucus y la sangre del hospedador, provocando heridas abiertas que pueden derivar en infecciones, lo que reduce su valor comercial y aumenta el riesgo de infecciones secundarias y de otras enfermedades.
Desafíos en los tratamientos
Se han desarrollado diversos tratamientos para combatir las infestaciones de piojos de mar en la acuicultura —que le cuestan a la industria más de £1.000 millones al año (US$1.250 millones)—, pero estos pueden ser costosos, poco confiables, perjudiciales para el medio ambiente y tener efectos negativos sobre el bienestar animal.
En total, se identificaron 143 proteínas secretoras en las secreciones de los copepoditos que no están presentes en los adultos, incluidas muchas —como las serpinas, previamente descritas en ectoparásitos terrestres— que han demostrado desempeñar un papel en la limitación de la respuesta inmune del hospedador.

Investigador de doctorado, Instituto de Acuicultura de la Universidad de Stirling. Créditos: Universidad de Stirling.
El investigador principal, Alexander Dindial, explicó: “Debido a que esta es la primera etapa del ciclo de vida de este parásito, representa un punto crítico en las estrategias de control de esta especie. Este trabajo nos ayuda a comprender mejor la biología del piojo del salmón y podría desempeñar un papel clave en futuras investigaciones sobre su control, como la identificación de objetivos para vacunas, lo que en última instancia promueve la producción sostenible de salmón saludable y mejora la seguridad alimentaria global”.
El estudio implicó que los investigadores tomaran muestras de larvas de piojo del salmón (más de 100 copepoditos por mililitro de líquido) y las incubaran en agua de mar filtrada o en una solución compuesta por agua de mar filtrada e isoforona, un compuesto químico presente de forma natural en el mucus del salmón del Atlántico que actúa como atrayente para los copepoditos.
Posteriormente, concentraron las soluciones que contenían secreciones y analizaron las proteínas de alta calidad presentes.
Mediante una técnica denominada cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas en tándem, se analizaron las composiciones exactas de proteínas en cada muestra. Este proceso implicó el uso de equipos de última generación capaces de separar los componentes de las muestras, fragmentarlos y medir su masa, revelando la composición molecular única de cada proteína.
Candidatos clave
Luego, los investigadores filtraron los datos, identificaron las proteínas, determinaron cuáles eran de origen secretor y compararon las composiciones de cada muestra.
El Dr. Sean Monaghan, codirector del estudio, añadió: “Estos datos proporciona candidatos clave para futuras vacunas. Actualmente estamos explorando los genes de estas proteínas secretadas como parte de un proyecto financiado por el Biotechnology and Biological Sciences Research Council, denominado GeNoLice, para determinar si están influenciados por la interacción con el hospedador”.
La investigación sobre las proteínas identificadas en los productos secretores y excretores (SEPs) de la etapa infecciosa de copepodito del Lepeophtheirus salmonis fue publicada en la revista científica Veterinary Parasitology.
El estudio fue liderado por la University of Stirling, en colaboración con el Moredun Research Institute y financiado por EastBio.


















