El salmón de cultivo, ampliamente disponible en mercados en formatos frescos, congelados o ahumados, se alimenta principalmente de dietas formuladas con harinas de pescado y vegetales de alto contenido proteico. A diferencia de sus pares salvajes —que consumen crustáceos y otros peces—, estos ejemplares reciben suplementos específicos diseñados no solo para su crecimiento, sino también para influir en características visuales como el color de su carne.
Según información publicada en el portal Directo al Paladar, el característico tono anaranjado del salmón de pisciultura se debe en gran medida a la incorporación de astaxantina en su dieta, un pigmento natural del grupo de los carotenoides. Este compuesto, lejos de ser perjudicial, aporta beneficios tanto al pez como al consumidor final.
Astaxantina y color del salmón: mitos, nutrición y salud
La astaxantina se obtiene principalmente de microalgas como la Haematococcus pluvialis y posee un alto poder antioxidante, incluso superior al de la vitamina E. Su inclusión en la alimentación del salmón contribuye a mejorar su sistema inmune, favorecer su reproducción y aumentar la tasa de supervivencia de sus huevos. Al mismo tiempo, estos beneficios también pueden trasladarse a quienes consumen este pescado.
Pese a la creencia extendida, un color más intenso no necesariamente indica mayor calidad. De hecho, el salmón salvaje —cada vez menos frecuente en muchos mercados— presenta tonalidades más variables, dependiendo de su dieta natural. En cambio, en la acuicultura, el color responde a decisiones nutricionales controladas.
Asimismo, la publicación señala que más allá de su apariencia, el salmón sigue siendo un alimento altamente valorado por sus propiedades saludables. Comprender el origen de su color permite tomar decisiones de consumo más informadas, sin dejarse llevar únicamente por criterios visuales.


















