Oxígeno, temperatura y ciencia: Dr. Kurt Paschke analiza los desafíos que enfrenta la salmonicultura
El académico de la Universidad Austral de Chile plantea que la industria debe avanzar hacia una gestión basada en las condiciones ambientales y en una mayor integración del conocimiento científico.
Durante años, el oxígeno disuelto fue una variable ambiental considerada prácticamente garantizada en el mar. Sin embargo, para el Dr. Kurt Paschke, director de la carrera de Biología Marina que la Universidad Austral de Chile abrirá en 2027 en su sede de Pelluco, en Puerto Montt, esta realidad está cambiando. El oxígeno en la salmonicultura podría convertirse en uno de los principales factores que condicionen a la industria durante los próximos meses.
En entrevista con Vértice TV, el académico explicó que el sector recién comienza a incorporar el oxígeno dentro de sus principales variables de gestión. La diferencia con la fase de agua dulce es especialmente relevante. Mientras allí el oxígeno siempre fue entendido como un insumo necesario para la producción, en el ambiente marino se asumió durante mucho tiempo que era un recurso disponible de manera natural. En ese contexto, Paschke recordó que «hace 10 años atrás no se hablaba del oxígeno».
El oxígeno en la salmonicultura cae durante la madrugada
Uno de los aspectos que el investigador puso sobre la mesa es la dinámica diaria del oxígeno en el agua. Esta puede generar condiciones críticas para los peces.
Durante el día, las microalgas realizan fotosíntesis y pueden generar condiciones de hiperoxia. Sin embargo, durante la noche el proceso se invierte. Como explicó Paschke, «no hay fotosíntesis y todas esas microalgas tienen que respirar igual que los demás organismos en este planeta».
A este consumo natural de oxígeno se suma el de la biomasa presente en los centros de cultivo, particularmente en aquellos que trabajan con altas densidades.
El resultado puede ser especialmente relevante durante las horas previas al amanecer, cuando la concentración de oxígeno alcanza sus niveles mínimos antes de que vuelva a comenzar la fotosíntesis.
Según detalló el académico, es precisamente a partir de las cuatro de la madrugada cuando pueden registrarse mortalidades asociadas a esta disminución del oxígeno.
La industria, explicó, ya trabaja con determinados umbrales para suspender la alimentación cuando los niveles bajan. Sin embargo, a su juicio, existe un margen anterior que todavía requiere mayor atención:
«El crecimiento se detuvo antes de llegar a ese nivel donde los individuos ya no quieren comer, y eso todavía no se maneja muy bien dentro de la industria».
La advertencia resulta particularmente relevante porque implica que los efectos del bajo oxígeno podrían comenzar antes de que las condiciones lleguen a niveles que tradicionalmente se consideran críticos para la alimentación o supervivencia de los peces.
Temperatura y oxígeno: una combinación que aumenta la presión
A la dinámica diaria del oxígeno se suma otro factor ambiental: la temperatura. Paschke abordó durante la entrevista la influencia de un fenómeno de El Niño, cuya presencia, según los pronósticos que citó, podría extenderse hasta marzo.
El problema surge porque el aumento de temperatura genera simultáneamente dos efectos sobre los peces y sobre la disponibilidad de oxígeno en el agua.
Por una parte, al estar regulada por el ambiente la temperatura corporal de los peces, un aumento térmico incrementa su tasa metabólica. Por consecuencia, aumenta su demanda de oxígeno. Por otra, el agua más cálida tiene una menor capacidad para mantener oxígeno disuelto.
De acuerdo con el académico, se genera así «un problema complejo entre que aumenta la demanda de oxígeno por la mayor temperatura y hay menos oxígeno disponible por litro de agua».
En el caso del oxígeno en la salmonicultura, esta interacción adquiere especial importancia. No se trata simplemente de monitorear una variable de manera aislada. Temperatura, oxígeno, metabolismo y condiciones oceanográficas terminan interactuando directamente sobre el desempeño de los peces.
El fenómeno podría ir más allá de los centros de cultivo
El investigador también planteó que los cambios en las condiciones ambientales pueden tener consecuencias sobre otros componentes del ecosistema marino.
En ese sentido, señaló que no le sorprendería observar alteraciones en las pesquerías. Algunas especies podrían dejar de encontrarse en los lugares y durante los meses en que tradicionalmente se registraban.
La búsqueda de aguas más profundas tampoco constituye necesariamente una solución, ya que en determinados ambientes —como los fiordos— también pueden existir condiciones de hipoxia.
La perspectiva de largo plazo añade otro elemento de incertidumbre. Frente a las proyecciones de un aumento global de cuatro grados hacia fines de siglo, Paschke destacó que hablar de un promedio no significa que los organismos vayan a experimentar un incremento térmico uniforme. Por el contrario, el escenario estaría marcado por eventos extremos cada vez más frecuentes.
Por eso, sostuvo que las condiciones que deberán enfrentar los organismos serán algo «más estresante y menos predecible».
Y ante este escenario, el académico cuestionó el nivel de preparación existente: «han sonado las alarmas en todos lados, pero no veo una gran preparación».
De la ciencia a la gestión: cambiar la forma de tomar decisiones
Más allá del monitoreo ambiental, Paschke planteó que uno de los principales desafíos consiste en incorporar de manera más efectiva el conocimiento científico a la toma de decisiones dentro de las empresas.
A su juicio, esta integración todavía no se encuentra suficientemente arraigada en el sector. El académico sostuvo que las decisiones productivas deberían construirse a partir de lo que está ocurriendo en el ambiente y no únicamente desde las estructuras administrativas de las compañías. En sus palabras, la toma de decisiones «debe venir de abajo hacia arriba, desde el ambiente y las condiciones ambientales, y no de la gerencia para abajo».
Una ciencia de alta calidad, pero con menor inversión
El diagnóstico de Paschke también se extendió al estado de la investigación científica en Chile. El académico reconoció que la inversión en investigación «sigue igual o peor», aunque destacó que existe una paradoja. Pese a los recursos disponibles, la producción científica chilena presenta una alta calidad cuando se mide, por ejemplo, a través del número de citas que reciben sus publicaciones.
Para Paschke, el problema está relacionado con la importancia que el país le ha otorgado históricamente a la investigación. En ese sentido, afirmó que «Chile no ha creído en la investigación».
También explicó que existen diferencias estructurales asociadas al tamaño de la economía. Un equipo científico, señaló, puede tener costos similares independientemente del país en que sea adquirido, por lo que una economía más pequeña enfrenta mayores restricciones cuando destina un mismo porcentaje de su PIB a investigación.
Biología Marina: más ciencia aplicada cerca de la industria
El escenario descrito por Paschke coincide con la próxima apertura de la carrera de Biología Marina de la Universidad Austral de Chile en Puerto Montt. La iniciativa comenzará en marzo de 2027 en la sede de Pelluco.
La carrera contará inicialmente con 25 cupos, la mitad de los que actualmente ofrece Valdivia. Funcionará bajo un modelo espejo, manteniendo las mismas asignaturas, pero con un cuerpo docente propio.
Paschke tiene además un vínculo particular con esta formación profesional, ya que integró la primera promoción de Biología Marina de la Universidad Austral.
La ubicación de Puerto Montt, explicó, ofrece una ventaja para la formación de los futuros profesionales debido a su cercanía con el mar, la industria acuícola y los sistemas de fiordos y canales. Esto permitirá, según sus palabras, «un acceso más rápido y más fluido a ese tipo de zonas».
La carrera también busca formar profesionales para un campo laboral que va mucho más allá de la investigación académica. Entre sus ámbitos se encuentran la investigación en organismos públicos, la regulación pesquera y los estudios ambientales vinculados con la acuicultura.
Durante años, el oxígeno disuelto fue una variable ambiental considerada prácticamente garantizada en el mar. Sin embargo, para el Dr. Kurt Paschke, director de la carrera de Biología Marina que la Universidad Austral de Chile abrirá en 2027 en su sede de Pelluco, en Puerto Montt, esta realidad está cambiando. El oxígeno en la salmonicultura podría convertirse en uno de los principales factores que condicionen a la industria durante los próximos meses.
En entrevista con Vértice TV, el académico explicó que el sector recién comienza a incorporar el oxígeno dentro de sus principales variables de gestión. La diferencia con la fase de agua dulce es especialmente relevante. Mientras allí el oxígeno siempre fue entendido como un insumo necesario para la producción, en el ambiente marino se asumió durante mucho tiempo que era un recurso disponible de manera natural. En ese contexto, Paschke recordó que «hace 10 años atrás no se hablaba del oxígeno».
El oxígeno en la salmonicultura cae durante la madrugada
Uno de los aspectos que el investigador puso sobre la mesa es la dinámica diaria del oxígeno en el agua. Esta puede generar condiciones críticas para los peces.
Durante el día, las microalgas realizan fotosíntesis y pueden generar condiciones de hiperoxia. Sin embargo, durante la noche el proceso se invierte. Como explicó Paschke, «no hay fotosíntesis y todas esas microalgas tienen que respirar igual que los demás organismos en este planeta».
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A este consumo natural de oxígeno se suma el de la biomasa presente en los centros de cultivo, particularmente en aquellos que trabajan con altas densidades.
El resultado puede ser especialmente relevante durante las horas previas al amanecer, cuando la concentración de oxígeno alcanza sus niveles mínimos antes de que vuelva a comenzar la fotosíntesis.
Según detalló el académico, es precisamente a partir de las cuatro de la madrugada cuando pueden registrarse mortalidades asociadas a esta disminución del oxígeno.
La industria, explicó, ya trabaja con determinados umbrales para suspender la alimentación cuando los niveles bajan. Sin embargo, a su juicio, existe un margen anterior que todavía requiere mayor atención:
«El crecimiento se detuvo antes de llegar a ese nivel donde los individuos ya no quieren comer, y eso todavía no se maneja muy bien dentro de la industria».
La advertencia resulta particularmente relevante porque implica que los efectos del bajo oxígeno podrían comenzar antes de que las condiciones lleguen a niveles que tradicionalmente se consideran críticos para la alimentación o supervivencia de los peces.
Temperatura y oxígeno: una combinación que aumenta la presión
A la dinámica diaria del oxígeno se suma otro factor ambiental: la temperatura. Paschke abordó durante la entrevista la influencia de un fenómeno de El Niño, cuya presencia, según los pronósticos que citó, podría extenderse hasta marzo.
El problema surge porque el aumento de temperatura genera simultáneamente dos efectos sobre los peces y sobre la disponibilidad de oxígeno en el agua.
Por una parte, al estar regulada por el ambiente la temperatura corporal de los peces, un aumento térmico incrementa su tasa metabólica. Por consecuencia, aumenta su demanda de oxígeno. Por otra, el agua más cálida tiene una menor capacidad para mantener oxígeno disuelto.
De acuerdo con el académico, se genera así «un problema complejo entre que aumenta la demanda de oxígeno por la mayor temperatura y hay menos oxígeno disponible por litro de agua».
En el caso del oxígeno en la salmonicultura, esta interacción adquiere especial importancia. No se trata simplemente de monitorear una variable de manera aislada. Temperatura, oxígeno, metabolismo y condiciones oceanográficas terminan interactuando directamente sobre el desempeño de los peces.
El fenómeno podría ir más allá de los centros de cultivo
El investigador también planteó que los cambios en las condiciones ambientales pueden tener consecuencias sobre otros componentes del ecosistema marino.
En ese sentido, señaló que no le sorprendería observar alteraciones en las pesquerías. Algunas especies podrían dejar de encontrarse en los lugares y durante los meses en que tradicionalmente se registraban.
La búsqueda de aguas más profundas tampoco constituye necesariamente una solución, ya que en determinados ambientes —como los fiordos— también pueden existir condiciones de hipoxia.
La perspectiva de largo plazo añade otro elemento de incertidumbre. Frente a las proyecciones de un aumento global de cuatro grados hacia fines de siglo, Paschke destacó que hablar de un promedio no significa que los organismos vayan a experimentar un incremento térmico uniforme. Por el contrario, el escenario estaría marcado por eventos extremos cada vez más frecuentes.
Por eso, sostuvo que las condiciones que deberán enfrentar los organismos serán algo «más estresante y menos predecible».
Y ante este escenario, el académico cuestionó el nivel de preparación existente: «han sonado las alarmas en todos lados, pero no veo una gran preparación».
De la ciencia a la gestión: cambiar la forma de tomar decisiones
Más allá del monitoreo ambiental, Paschke planteó que uno de los principales desafíos consiste en incorporar de manera más efectiva el conocimiento científico a la toma de decisiones dentro de las empresas.
A su juicio, esta integración todavía no se encuentra suficientemente arraigada en el sector. El académico sostuvo que las decisiones productivas deberían construirse a partir de lo que está ocurriendo en el ambiente y no únicamente desde las estructuras administrativas de las compañías. En sus palabras, la toma de decisiones «debe venir de abajo hacia arriba, desde el ambiente y las condiciones ambientales, y no de la gerencia para abajo».
Una ciencia de alta calidad, pero con menor inversión
El diagnóstico de Paschke también se extendió al estado de la investigación científica en Chile. El académico reconoció que la inversión en investigación «sigue igual o peor», aunque destacó que existe una paradoja. Pese a los recursos disponibles, la producción científica chilena presenta una alta calidad cuando se mide, por ejemplo, a través del número de citas que reciben sus publicaciones.
Para Paschke, el problema está relacionado con la importancia que el país le ha otorgado históricamente a la investigación. En ese sentido, afirmó que «Chile no ha creído en la investigación».
También explicó que existen diferencias estructurales asociadas al tamaño de la economía. Un equipo científico, señaló, puede tener costos similares independientemente del país en que sea adquirido, por lo que una economía más pequeña enfrenta mayores restricciones cuando destina un mismo porcentaje de su PIB a investigación.
Biología Marina: más ciencia aplicada cerca de la industria
El escenario descrito por Paschke coincide con la próxima apertura de la carrera de Biología Marina de la Universidad Austral de Chile en Puerto Montt. La iniciativa comenzará en marzo de 2027 en la sede de Pelluco.
La carrera contará inicialmente con 25 cupos, la mitad de los que actualmente ofrece Valdivia. Funcionará bajo un modelo espejo, manteniendo las mismas asignaturas, pero con un cuerpo docente propio.
Paschke tiene además un vínculo particular con esta formación profesional, ya que integró la primera promoción de Biología Marina de la Universidad Austral.
La ubicación de Puerto Montt, explicó, ofrece una ventaja para la formación de los futuros profesionales debido a su cercanía con el mar, la industria acuícola y los sistemas de fiordos y canales. Esto permitirá, según sus palabras, «un acceso más rápido y más fluido a ese tipo de zonas».
La carrera también busca formar profesionales para un campo laboral que va mucho más allá de la investigación académica. Entre sus ámbitos se encuentran la investigación en organismos públicos, la regulación pesquera y los estudios ambientales vinculados con la acuicultura.