La salmonicultura es una actividad económica importante para Chile, pero también ha sido objeto de controversia en el escenario nacional y mundial. Bajo este escenario, el director de Comunicaciones y Asuntos Corporativos en Ventisqueros, Agustín Waidele, publicó una columna de opinión en Radio Biobío denominada “La verdad sobre la salmonicultura en Chile, hacerse cargo” que recalca en la importancia de abordar la salmonicultura con datos y no con mitos.
“Criticar a la industria salmonera se ha convertido en un hábito frecuente, aunque muchas de esas afirmaciones están más que alejadas de la realidad. Se le imputan impactos ambientales y deficiencias en sus estándares que, al contrastarse con los hechos, carecen de fundamento”, inició su análisis Waidele.
El ejecutivo invitó a reflexionar que “si la industria salmonera chilena fuera realmente depredadora y obsoleta, ¿cómo podría abastecer con éxito a los mercados globales, incluyendo países desarrollados reconocidos por sus altos estándares regulatorios y de sustentabilidad? ¿Cómo logra competir, de igual a igual, con una potencia como Noruega?”.
Agregó que “es innegable que toda actividad productiva genera externalidades, tanto positivas como negativas. No se trata de ignorarlas, sino de analizarlas con precisión y justicia. Solo las críticas fundamentadas y veraces contribuyen al debate; la desinformación, en cambio, no aporta nada”.
¿Quiere la salmonicultura operar en áreas protegidas?
El portavoz de Ventisqueros respondió a esta pregunta señalando que “no necesariamente. Sin embargo, el Estado no ha avanzado en la relocalización de concesiones dentro de estas áreas. Fue el propio Estado quien otorgó los permisos de operación en lugares que luego se constituyeron en reservas, o se otorgaron donde el objeto de protección originalmente solo se encontraba en tierra firme”.
Aseguró que “desde entonces, las empresas han solicitado la reubicación de sus concesiones, pero tras casi 15 años, aún no se concreta una solución”.
Fondo marino: Recuperación y regulación
Waidele indicó que “los centros de cultivo solo pueden operar por espacios de tiempo limitados. La normativa chilena exige que dejen de funcionar por un periodo llamado “descanso sanitario” hasta que el área concesionada, es decir, columna de agua y el fondo, recuperen sus condiciones naturales”.
Además, manifestó que “es clave poner en contexto la escala: toda la industria salmonera chilena ocupa solo el 0,001% de la Zona Económica Exclusiva del país”.
A la interrogante: ¿Cómo se recupera el fondo marino?, el director de Comunicaciones de la salmonicultora explicó que se produce “a través de los descansos sanitarios, de la acción de las corrientes que dispersan los sedimentos y por la degradación natural de la materia orgánica. Asimismo, la regulación obliga a las empresas a retirar cualquier elemento que pueda haberse hundido durante la operación”.
Antibióticos: Uso responsable y controlado
El ejecutivo justificó que “el uso de antibióticos en Chile es una necesidad para proteger a los salmones de enfermedades bacterianas endémicas, como el SRS, dado que aún no existe una vacuna totalmente efectiva”.
¿Se utilizan indiscriminadamente?, Waidele aseguró que “no. De hecho, hay centros de cultivo libres de antibióticos. ¿Llega salmón con antibióticos al consumidor? Tampoco. Todos los productos cumplen con estrictos periodos de carencia que garantizan su eliminación antes de la cosecha”.
Un debate informado y basado en hechos
El representante de Ventisqueros recalcó que “la salmonicultura en Chile debe ser analizada con información rigurosa y basada en evidencias. Es momento de separar mitos de realidades y trabajar en soluciones concretas que permitan a la industria seguir impulsando el desarrollo del país, asumiendo sus desafíos y elevando constantemente sus estándares”.
“Porque siempre se puede mejorar, y en Ventisqueros, ese es nuestro compromiso”, cerró el artículo.



















