La tensión en torno a la pesca de krill en la Antártica cruzó esta semana una línea crítica. La Armada de Chile informó que el 31 de marzo la Capitanía de Puerto “Soberanía” recibió una denuncia radial del buque pesquero noruego Antarctic Enabler, luego de que la nave Bandero, perteneciente a la Fundación “Capitán Watson”, realizara acciones de obstrucción en el estrecho Bransfield y llegara a efectuar un abordaje, poniendo en riesgo la seguridad de la navegación. Frente a ello, la autoridad chilena ordenó el cese inmediato de esas maniobras y dispuso el despliegue del ATF-60 Lientur para resguardar la zona.
En paralelo, Aker QRILL Company denunció que otra de sus embarcaciones, la Antarctic Sea, fue embestida deliberadamente por la Bandero en el sector de popa de babor, justo sobre un tanque de combustible diésel. La compañía afirmó que el hecho fue registrado en video, que la tripulación no resultó lesionada y que el impacto causó daños menores, aunque advirtió que una rotura mayor pudo haber derivado en un derrame y en un incidente de mayor gravedad en un entorno especialmente sensible. La fundación publicó que, antes de la colisión, activistas habrían intentado dañar las redes de otra nave de la firma.
Fundación Captain Paul Watson reconoció que la intervención fue intencional
La propia Captain Paul Watson Foundation no negó los hechos. En un comunicado publicado el 1 de abril, la organización señaló que su tripulación a bordo de la Bandero realizó una “intervención directa” contra un arrastrero industrial de krill operado por Aker QRILL. Un día después, la fundación volvió a referirse al episodio y confirmó expresamente que la intervención fue intencional, en el marco de su campaña “Operation Krill Wars”.
La fundación está ligada a Paul Watson, una figura histórica del activismo marítimo confrontacional. Greenpeace sostiene que Watson fue un miembro temprano e influyente de la organización, pero no fundador, y recuerda que fue expulsado de su liderazgo en 1977. La propia biografía difundida por la Captain Paul Watson Foundation señala que luego fundó Sea Shepherd y que en 2022 cofundó su actual organización. Ese trayecto ayuda a entender que no se trata de una ONG ambientalista convencional, sino de un actor identificado con tácticas de acción directa en el mar.
Más allá de la posición que exista sobre la pesquería de krill, el punto de fondo es otro: una protesta o campaña pública no equivale a habilitar maniobras de choque o interferencia física contra naves en operación, menos aún en un área remota, compleja y expuesta a condiciones extremas. La propia Aker QRILL sostuvo que el episodio desplazó el debate desde la diferencia de posturas hacia un problema concreto de seguridad para tripulantes, embarcaciones y medio ambiente.
Pesca de krill opera bajo cuotas, observación científica y normas de la CCAMLR
El caso vuelve a encender el debate sobre el krill, pero conviene precisar que esta actividad no se desarrolla en ausencia de regulación. La pesquería antártica opera bajo la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, más conocida como CCAMLR, organismo que reúne a 27 miembros y que define reglas, límites de captura y medidas de conservación para distintas pesquerías del Océano Austral.
En el Área 48, donde se concentra buena parte de la actividad sobre krill antártico, el régimen vigente establece una barrera de precaución diseñada para evitar que la pesca se concentre en zonas sensibles del ecosistema antártico con un total de 620.000 toneladas para las subáreas 48.1, 48.2, 48.3 y 48.4. El mismo informe oficial de CCAMLR detalla que, en 2024, la captura total de Euphausia superba en las subáreas 48.1, 48.2 y 48.3 fue de 498.350 toneladas, es decir, por debajo de ese umbral.
Ese mismo marco incluye exigencias de notificación previa, restricciones operativas, medidas de protección ambiental durante la pesca y despliegue de observadores científicos. El reporte pesquero 2024 indica además que la cobertura de observadores en las subáreas 48.1, 48.2 y 48.3 alcanzó 100% durante ese año, lo que refuerza que se trata de una actividad sometida a seguimiento técnico y no de una extracción fuera de control.
Del debate ambiental a un problema de seguridad marítima
La pesca de krill sigue siendo materia de debate internacional, sobre todo por su importancia dentro del ecosistema antártico y por su relación con especies que dependen de este recurso. Sin embargo, su desarrollo se da actualmente dentro de un marco regulatorio internacional que considera evaluación científica, monitoreo y medidas de manejo definidas en el ámbito de la CCAMLR. En ese contexto, la discusión sobre esta actividad se ha centrado tanto en su sostenibilidad como en la forma en que debe administrarse en el tiempo y en el espacio.
Bajo ese escenario, el incidente ocurrido en el estrecho Bransfield agrega un nuevo elemento a la controversia. Más allá de las posiciones que existan frente a la pesquería, el episodio involucró una intervención directa sobre embarcaciones en operación y motivó la actuación de la autoridad marítima chilena. Con ello, el caso no solo vuelve a poner atención sobre la pesca de krill en la Antártica, sino también sobre las condiciones en que se desarrolla el debate en torno a una actividad regulada y sometida a supervisión internacional.


















