Las branquias son uno de los órganos más críticos para la salud y el desempeño productivo del salmón. Son responsables de la respiración, la regulación de sales y agua, la eliminación de desechos metabólicos y la detección de cambios en el entorno. Sin embargo, también se encuentran entre los tejidos más expuestos a enfermedades, parásitos, floraciones algales nocivas y diversos factores de estrés presentes en los sistemas de cultivo.
Ahora, un nuevo estudio internacional ha revelado con detalle cómo el salmón del Atlántico (Salmo salar) logra reconstruir este órgano esencial tras sufrir una lesión significativa, identificando tres etapas biológicas claramente diferenciadas que se extienden durante al menos 20 semanas.
Una respuesta biológica masiva
Para estudiar el proceso, los investigadores realizaron una resección quirúrgica equivalente al 50% de la longitud de determinados filamentos branquiales en salmones juveniles y monitorearon posteriormente los cambios en la actividad genética del tejido regenerado.
Los resultados mostraron una respuesta molecular extraordinariamente intensa. Durante la primera semana posterior a la lesión, más de 2.500 genes modificaron significativamente su expresión, reflejando la magnitud de los mecanismos biológicos activados para iniciar la reparación.
A pesar de que los filamentos dañados recuperaron aproximadamente el 38% de su longitud original después de 20 semanas, los peces lograron restablecer gran parte de su capacidad respiratoria y de regulación iónica, dos funciones esenciales para la supervivencia y el crecimiento.

Primera etapa: inflamación y formación del tejido regenerativo
La fase inicial ocurre entre la primera y cuarta semana tras la lesión. Durante este período se desencadena una intensa respuesta inflamatoria acompañada por una rápida proliferación celular.
Los investigadores observaron la activación simultánea de genes asociados tanto a respuestas proinflamatorias como a mecanismos encargados de resolver la inflamación, un equilibrio que parece ser clave para una regeneración exitosa.
En paralelo, se activaron genes relacionados con la división celular, la remodelación de tejidos y la formación de estructuras similares a un blastema, un conjunto de células indiferenciadas capaz de generar nuevo tejido.
Esta etapa constituye la base sobre la cual se desarrollará posteriormente el nuevo tejido branquial.
Segunda etapa: crecimiento y construcción de nuevas estructuras
Entre las semanas cuatro y doce comienza una fase de rápido crecimiento y organización estructural. Aunque durante las primeras semanas el tejido regenerado presenta una apariencia aún poco definida, posteriormente se acelera la formación de nuevas estructuras funcionales.
Los análisis mostraron una fuerte activación de genes vinculados al metabolismo energético, el transporte de calcio y la reorganización del citoesqueleto celular, procesos fundamentales para dar forma al nuevo tejido.
Los investigadores sugieren que esta etapa demanda una gran cantidad de energía, necesaria para reconstruir la arquitectura de los filamentos y sus delicadas estructuras internas.
Asimismo, se detectó una creciente actividad de genes relacionados con la formación de cartílago, elemento clave para proporcionar soporte estructural durante la regeneración.

Tercera etapa: consolidación y recuperación funcional
La fase final, que se extiende aproximadamente entre las semanas 16 y 20, está marcada por la consolidación de los tejidos recién formados y la restauración progresiva de funciones especializadas.
Durante este período se fortalecen procesos asociados al desarrollo de cartílago y a la maduración de estructuras nerviosas que permiten recuperar capacidades sensoriales y regulatorias de las branquias.
Los científicos observaron además que las células neuroepiteliales —encargadas de detectar cambios químicos y ambientales— reaparecieron gradualmente en los filamentos regenerados. La conexión de estas células con fibras nerviosas avanzó desde niveles muy bajos en etapas tempranas hasta cerca del 90% al finalizar el estudio.
Paralelamente, genes involucrados en el transporte de iones y la osmorregulación mostraron una recuperación gradual, reflejando el restablecimiento de funciones críticas para mantener el equilibrio fisiológico del pez.
Una clave para mejorar la salud branquial
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que los peces con mejores tasas de recuperación mostraron una transición más rápida desde las fases inflamatorias y proliferativas hacia estados de diferenciación y maduración tisular.
En otras palabras, una respuesta inflamatoria prolongada o una permanencia excesiva en etapas tempranas de reparación podría limitar la capacidad regenerativa del tejido. Por el contrario, una progresión eficiente hacia la consolidación funcional parece favorecer una recuperación más exitosa.
Implicancias para la salmonicultura
Los autores destacan que los salmones cultivados en el mar están constantemente expuestos a agentes que comprometen la integridad de las branquias, incluyendo patógenos, parásitos y diversos factores ambientales. Comprender en detalle los mecanismos que permiten la regeneración de estos tejidos podría facilitar el desarrollo de futuras estrategias destinadas a fortalecer la salud branquial y aumentar la robustez de los peces frente a estos desafíos.
Aunque todavía quedan preguntas por responder sobre los mecanismos celulares específicos involucrados, los investigadores consideran que este trabajo proporciona el marco molecular más completo disponible hasta ahora para entender cómo el salmón reconstruye uno de sus órganos más importantes, un conocimiento que podría transformarse en una herramienta valiosa para mejorar el bienestar y la productividad de la industria salmonicultora. Final del formulario


















