Caligidosis: del estrés en la piel al control temprano del parásito
En el seminario técnico de InfoSALMON, Felipe Reyes López presentó diferencias estacionales en la respuesta del salmón frente a Caligus rogercresseyi. Hans Kossmann planteó un manejo que integre la condición del pez, las otras enfermedades y la retención de parásitos durante los tratamientos.
La caligidosis afecta una de las primeras barreras de defensa del salmón: la piel. Las lesiones, el estrés y los cambios en la respuesta inmune conectan la infestación con un desafío mayor. Se trata de preservar la capacidad del pez para enfrentar otras enfermedades.
Esa relación entre el parásito y su hospedador articuló el módulo de caligidosis del seminario “Desafíos Sanitarios Asociados a la Etapa de Engorda”, organizado por InfoSALMON el 15 de octubre en GreenHouse, en Chamiza, Puerto Montt.
El bloque reunió a dos especialistas. Uno fue Felipe Reyes López, académico del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile. El otro fue Hans Kossmann, gerente general de SalmoClinic. Sus exposiciones conectaron el estudio de la mucosa cutánea con las decisiones de manejo en los centros de cultivo.
Caligidosis: una respuesta distinta en otoño y primavera
Reyes López llevó la discusión hacia lo que ocurre en la piel de salmones infestados bajo condiciones productivas. Su línea de investigación considera una característica fundamental de los peces: su fisiología y sus defensas están influidas por la temperatura del ambiente.
Entre los trabajos que abordó, un estudio publicado en Animals comparó la expresión de genes en la piel de salmones del Atlántico naturalmente infestados. Los muestreos se hicieron en otoño y primavera, en centros de la Región de Aysén. Los perfiles de respuesta fueron marcadamente distintos entre ambas estaciones.
En otoño, el análisis identificó señales asociadas al estrés y a la reparación de tejidos. También detectó una regulación negativa de la proliferación de linfocitos T, células que participan en la respuesta inmune. En primavera, en cambio, se observaron mecanismos vinculados con la activación de las defensas innatas y adaptativas.
El académico también presentó mediciones de cortisol, una hormona relacionada con la respuesta al estrés. En los peces analizados en otoño, los ejemplares infestados mostraron niveles superiores a los no infestados. A partir de esos antecedentes, propuso un modelo. En él, el estrés y la señalización por corticosteroides podrían modular las defensas frente al parásito.
La investigación continúa integrando información sobre la actividad de los genes de la piel. También considera las proteínas del mucus (la capa mucosa que recubre la piel) y las condiciones ambientales. Reyes López explicó que estos análisis muestran asociaciones con la estación, la temperatura y la salinidad. El objetivo es comprender cómo se relacionan esas variables con la respuesta del pez durante la infestación.
Felipe Reyes López, académico del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile. Foto: InfoSALMON
La condición del pez en la decisión sanitaria
Esa mirada del hospedador encontró una continuidad práctica en la exposición de Kossmann, quien describió la carga de cáligus como un “multiplicador de riesgo sanitario”. Su planteamiento fue incorporar el estado de la piel, el estrés y el bienestar del pez a las decisiones de control de la caligidosis.
El ejecutivo explicó que las lesiones y el esfuerzo fisiológico para reparar los tejidos pueden comprometer la condición del salmón. Por ello, propuso actuar tempranamente, con manejos que procuren reducir el estrés y preservar su capacidad de respuesta.
Como parte de ese enfoque, planteó evaluar intervenciones desde la aparición de las primeras hembras ovígeras, es decir, las que portan huevos. La propuesta apunta a limitar tanto el daño sobre el pez como la continuidad del ciclo reproductivo del parásito.
La relación con otras enfermedades fue otro de los ejes de su presentación. En el caso de la piscirickettsiosis o SRS, abordó la asociación entre la abundancia de cáligus y las mortalidades atribuidas a Piscirickettsia salmonis. Un estudio epidemiológico publicado en 2019 encontró esa asociación en salmónidos cultivados en Chile, considerando posibles factores de confusión. Ese resultado respalda estudiar ambas enfermedades de manera integrada; por sí solo, no demuestra que el parásito transmita la bacteria.
Hans Kossmann, gerente general de SalmoClinic. Foto: InfoSALMON
Retener los parásitos también forma parte del control
Kossmann situó otra pregunta en el centro del manejo: qué ocurre con los cáligus que se desprenden durante un tratamiento. Explicó que removerlos del pez puede dejar parásitos viables en el agua, con posibilidades de volver a infestar.
Por eso, propuso incorporar su retención como parte de la estrategia sanitaria. El objetivo es retirar esos individuos del sistema y limitar las oportunidades de reinfestación, considerando también su posible participación en la transmisión de patógenos.
Para el virus de la anemia infecciosa del salmón, ISA, el expositor recordó evidencia experimental de transmisión mediante C. rogercresseyi. En ensayos publicados por Oelckers y colaboradores, parásitos procedentes de peces infectados transmitieron el virus a salmones sanos, incluso después de permanecer 48 horas separados de sus hospedadores. El hallazgo aporta un fundamento de bioseguridad a la discusión sobre la retención.
A ese manejo, Kossmann sumó la coordinación entre centros y empresas de una misma zona. Su propuesta busca abordar la presión parasitaria territorialmente, considerando que las acciones de un centro pueden tener implicancias para los demás.
La conexión entre ambas exposiciones sitúa una tarea para el manejo de la caligidosis. Hay que observar cómo enfrenta el pez la infestación. También, qué ocurre con los parásitos durante el control. La respuesta de la piel, las condiciones ambientales y el destino de los cáligus desprendidos aportan información. Sirve para tomar decisiones que reduzcan el daño y protejan la salud del salmón, en línea con el debate sobre los piojos de mar.
La caligidosis afecta una de las primeras barreras de defensa del salmón: la piel. Las lesiones, el estrés y los cambios en la respuesta inmune conectan la infestación con un desafío mayor. Se trata de preservar la capacidad del pez para enfrentar otras enfermedades.
El bloque reunió a dos especialistas. Uno fue Felipe Reyes López, académico del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile. El otro fue Hans Kossmann, gerente general de SalmoClinic. Sus exposiciones conectaron el estudio de la mucosa cutánea con las decisiones de manejo en los centros de cultivo.
Caligidosis: una respuesta distinta en otoño y primavera
Reyes López llevó la discusión hacia lo que ocurre en la piel de salmones infestados bajo condiciones productivas. Su línea de investigación considera una característica fundamental de los peces: su fisiología y sus defensas están influidas por la temperatura del ambiente.
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Entre los trabajos que abordó, un estudio publicado en Animals comparó la expresión de genes en la piel de salmones del Atlántico naturalmente infestados. Los muestreos se hicieron en otoño y primavera, en centros de la Región de Aysén. Los perfiles de respuesta fueron marcadamente distintos entre ambas estaciones.
En otoño, el análisis identificó señales asociadas al estrés y a la reparación de tejidos. También detectó una regulación negativa de la proliferación de linfocitos T, células que participan en la respuesta inmune. En primavera, en cambio, se observaron mecanismos vinculados con la activación de las defensas innatas y adaptativas.
El académico también presentó mediciones de cortisol, una hormona relacionada con la respuesta al estrés. En los peces analizados en otoño, los ejemplares infestados mostraron niveles superiores a los no infestados. A partir de esos antecedentes, propuso un modelo. En él, el estrés y la señalización por corticosteroides podrían modular las defensas frente al parásito.
La investigación continúa integrando información sobre la actividad de los genes de la piel. También considera las proteínas del mucus (la capa mucosa que recubre la piel) y las condiciones ambientales. Reyes López explicó que estos análisis muestran asociaciones con la estación, la temperatura y la salinidad. El objetivo es comprender cómo se relacionan esas variables con la respuesta del pez durante la infestación.
Felipe Reyes López, académico del Departamento de Patología Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile. Foto: InfoSALMON
La condición del pez en la decisión sanitaria
Esa mirada del hospedador encontró una continuidad práctica en la exposición de Kossmann, quien describió la carga de cáligus como un “multiplicador de riesgo sanitario”. Su planteamiento fue incorporar el estado de la piel, el estrés y el bienestar del pez a las decisiones de control de la caligidosis.
El ejecutivo explicó que las lesiones y el esfuerzo fisiológico para reparar los tejidos pueden comprometer la condición del salmón. Por ello, propuso actuar tempranamente, con manejos que procuren reducir el estrés y preservar su capacidad de respuesta.
Como parte de ese enfoque, planteó evaluar intervenciones desde la aparición de las primeras hembras ovígeras, es decir, las que portan huevos. La propuesta apunta a limitar tanto el daño sobre el pez como la continuidad del ciclo reproductivo del parásito.
La relación con otras enfermedades fue otro de los ejes de su presentación. En el caso de la piscirickettsiosis o SRS, abordó la asociación entre la abundancia de cáligus y las mortalidades atribuidas a Piscirickettsia salmonis. Un estudio epidemiológico publicado en 2019 encontró esa asociación en salmónidos cultivados en Chile, considerando posibles factores de confusión. Ese resultado respalda estudiar ambas enfermedades de manera integrada; por sí solo, no demuestra que el parásito transmita la bacteria.
Hans Kossmann, gerente general de SalmoClinic. Foto: InfoSALMON
Retener los parásitos también forma parte del control
Kossmann situó otra pregunta en el centro del manejo: qué ocurre con los cáligus que se desprenden durante un tratamiento. Explicó que removerlos del pez puede dejar parásitos viables en el agua, con posibilidades de volver a infestar.
Por eso, propuso incorporar su retención como parte de la estrategia sanitaria. El objetivo es retirar esos individuos del sistema y limitar las oportunidades de reinfestación, considerando también su posible participación en la transmisión de patógenos.
Para el virus de la anemia infecciosa del salmón, ISA, el expositor recordó evidencia experimental de transmisión mediante C. rogercresseyi. En ensayos publicados por Oelckers y colaboradores, parásitos procedentes de peces infectados transmitieron el virus a salmones sanos, incluso después de permanecer 48 horas separados de sus hospedadores. El hallazgo aporta un fundamento de bioseguridad a la discusión sobre la retención.
A ese manejo, Kossmann sumó la coordinación entre centros y empresas de una misma zona. Su propuesta busca abordar la presión parasitaria territorialmente, considerando que las acciones de un centro pueden tener implicancias para los demás.
La conexión entre ambas exposiciones sitúa una tarea para el manejo de la caligidosis. Hay que observar cómo enfrenta el pez la infestación. También, qué ocurre con los parásitos durante el control. La respuesta de la piel, las condiciones ambientales y el destino de los cáligus desprendidos aportan información. Sirve para tomar decisiones que reduzcan el daño y protejan la salud del salmón, en línea con el debate sobre los piojos de mar.