Canadá enfrenta una de sus mayores tensiones económicas en el sector alimentario: la combinación de incertidumbre política, regulaciones cambiantes y falta de confianza en los mercados está frenando la inversión en acuicultura, especialmente en el cultivo de salmón en Columbia Británica. La advertencia proviene de un reciente informe del RBC Thought Leadership, que advierte que el país necesita urgentemente más inversión, mayor producción de alimentos y estabilidad para recuperar competitividad.
El diagnóstico es contundente: más de US$ 1 billón en inversiones ha salido de Canadá entre 2015 y 2024, marcando el mayor éxodo de capital en su historia reciente. Por cada dólar que ingresa como inversión extranjera directa, dos salen del país, reflejando un clima que desalienta nuevos proyectos.
Medios internacionales como SalmonBusiness y SeaWestNews han detallado esta situación en distintas crónicas, subrayando cómo la incertidumbre regulatoria y las decisiones políticas están afectando directamente al sector acuícola canadiense.
Columbia Británica: epicentro de la caída
El impacto ya es visible. Desde 2015, la producción de salmón de cultivo en Columbia Británica ha caído más de un 40%, mientras que la capacidad anual se redujo desde más de 90.000 toneladas a menos de 50.000 toneladas.
Este retroceso ha generado pérdidas por más de US$ 770 millones en producción anual, una caída de US$ 286 millones en el PIB, la eliminación de 3.000 empleos y una reducción de US$ 170 millones en ingresos familiares, reflejando el fuerte impacto económico y social que atraviesa el sector.
Gran parte de esta contracción se atribuye a la política impulsada durante el gobierno de Justin Trudeau, que busca eliminar el cultivo de salmón oceánico para 2029, pese a evaluaciones científicas que indican un riesgo mínimo para las especies silvestres.
Un golpe mayor en camino
Si la actual administración de Mark Carney no modifica el rumbo, el escenario podría deteriorarse aún más: la eliminación total del sector implicaría pérdidas por US$ 1.170 millones anuales en actividad económica, una caída de US$ 435 millones en el PIB, la destrucción de 4.560 empleos y un impacto de US$ 259 millones en ingresos familiares, a lo que se sumaría un costo fiscal estimado de hasta US$ 9.000 millones en compensaciones y subsidios.
Chile y Noruega avanzan
Mientras Canadá pierde terreno, otros actores aprovechan la oportunidad. Chile exportó 6.838 toneladas de salmónidos a Canadá por US$ 84 millones en los primeros nueve meses de 2024, con un crecimiento del 34% en volumen. Por su parte, Noruega incrementó en un 35% el valor de sus exportaciones de salmón hacia el mercado canadiense. Las importaciones totales de salmón en Canadá ya superan los US$ 700 millones anuales, más del doble que en 2015, evidenciando una creciente dependencia externa.
Empresas frenan y se repliegan
El impacto empresarial es directo: la gigante acuícola Mowi ha calificado sus operaciones en Canadá como de “futuro incierto”, mientras expande su presencia en mercados como Chile, Escocia e Islandia; en paralelo, se multiplican las señales de retroceso, con cancelación de proyectos industriales, despidos en plantas procesadoras, retiro de inversiones logísticas y venta de activos marítimos, en un contexto donde más de 70 empresas del sector advierten que la industria se acerca a un punto de quiebre económico en las comunidades costeras.
Impacto en comunidades indígenas
El sector también tiene un rol clave en las comunidades originarias. Actualmente, el cultivo de salmón genera más de US$ 134 millones anuales en beneficios económicos para pueblos indígenas y emplea directa e indirectamente a más de 1.000 personas. Sin embargo, expertos del Royal Bank of Canada sostienen que el futuro pasa por integrar asociaciones indígenas desde el inicio de los proyectos, alineadas con desarrollo local y certezas regulatorias.
¿Crisis o punto de inflexión?
La industria sostiene que, si se reemplaza la eliminación progresiva por un marco basado en ciencia y liderazgo indígena, el sector podría generar hasta US$ 2.500 millones en producción económica y crear 9.000 empleos hacia 2030. Por ahora, el mensaje es claro: el capital no espera. Y en medio de la incertidumbre, países como Chile avanzan, capturando mercado en una industria global cada vez más competitiva.


















