Julio César, Maquiavelo, Sun Tzu y Napoleon Bonaparte son algunos de los célebres personajes históricos a quienes se le atribuye el origen del término “divide y vencerás”, usualmente descrita como estrategia de guerra o método de sumisión de la población por parte de sus gobernantes. Sin embargo, ya en la antigüedad se encuentran referencias indirectas al principio de separar un problema en partes, lo que también posee una línea de desarrollo importante en la ingeniería y las ciencias de la computación.
Dividiendo y simplificando problemas
En un sentido estricto, resolver completamente un problema requiere de un conocimiento cabal, profundo y detallado de cada aspecto que allí interviene, desde el más evidente al más pequeño, incluyendo las variantes en el tiempo y los diferentes escenarios posibles. Sin embargo, al ser tremendamente costoso en tiempo y/o recursos, surge la necesidad de reducir variables y opciones para transformar el problema real en algo más simple, que no es exactamente lo mismo, pero que es lo suficientemente cercano para asumir que es igual. En otras palabras, lo real lo puedo entender como algo simplificado más un error, donde los beneficios de la simplificación son mayores a los costos de ese error.
Así, una simplificación bien concebida da lugar a la división del problema principal en una concatenación de problemas más pequeños, los cuales pueden abordarse con diferentes especialistas, con recursos diferenciados, con escalas de tiempo también distinguibles. Esto permite ir generando un proceso de avance por partes en el que la importancia del error acumulado debe ponderarse con los resultados de la solución.
Si bien este principio es aplicable a una infinidad de aspectos de la vida misma, en esta ocasión nos centraremos en mirar que ocurre en las componentes marinas del proceso de producción, desde la definición del lugar para engorda hasta la llegada del producto a la planta de proceso.

Las componentes de nuestro mar
En lo físico, corrientes, oleaje, marea, profundidades son componentes del cuerpo de agua marina que se combinan con factores meteorológicos como viento, precipitación y presión atmosférica, que definen las características de estructuras y de los elementos de apoyo para la operación. Asegurarse que las estructuras sean funcionales y que sobrevivan a las peores condiciones del lugar hasta el término del ciclo de producción son requisitos indispensables para la continuidad de la industria.
En lo químico, nutrientes, salinidad, oxígeno disuelto y temperatura del mar además de nubosidad, radiación solar y fuentes de agua dulce condicionan el entorno para el desarrollo de las componentes biológicas y con ello la caracterización de la condición ambiental.
En esto, la evaluación indirecta de los sulfuros en el sedimento mediante la caracterización de la macrofauna bentónica o bien la presencia de mantos bacterias para la evaluación de la calidad ambiental debido al desarrollo de la actividad acuícola son elementos relevantes para la continuidad de la industria. También en lo biológico, pero en un sentido más operacional, el desarrollo de las FAN, la presencia de caligus y, sobre todo, la salud de los peces y las condiciones para su supervivencia son factores claves para la industria.
Todo lo anterior, lo físico, lo químico y lo biológico presentan interrelaciones complejas en diferentes escalas espaciales y temporales que desafían una propuesta de solución o acción para enfrentarlas. Algunas cuestiones de interés se desarrollan dentro de una concesión y por ende abordable por un productor, otras en cambio, son del tamaño de Fiordo Comau, el Seno Skyring o del Golfo de Ancud por lo que se requieren acciones coordinadas e inclusive multisectoriales. En lo temporal, hay fenómenos que se presentan y desarrollan en la escala de días que se entremezclan con otros de la escala de meses y años superponiendo sus efectos.
Los desafíos de la salmonicultura
Así, en este contexto multifactorial nos encontramos con desafíos como pronosticar la ocurrencia y desarrollo de las FAN y bajas de oxígeno, reducir o evitar los aportes de materia orgánica al fondo marino, identificar los efectos sinérgicos de los CES y su alcance con las zonas protegidas, optimizar el diseño de las estructuras para una mejor operación y para evitar las fugas de peces, evitar la propagación de enfermedades y parásitos como piscirickettsiosis o caligus, evitar la anaerobiosis del cuerpo de agua, o la identificación de los barrios reales desde un punto de vista ambiental, entre otros.
Todos estos desafíos, de una manera u otra requieren de información precisa y un entendimiento profundo de patrones de corrientes y circulación marina; de los mecanismos ambientales y operacionales de propagación, crecimiento y decaimiento del fitoplancton, bacterias, enfermedades y parásitos; de la interacción fluido estructura de las balsas jaulas con corriente, oleaje y viento; entre otros.
Para abordar de manera adecuada este aparente sin fin de problemas se requieren especialistas capaces de comprender y emplear datos de sistemas de medición y pronóstico, modelación numérica, diseño estructural, análisis de valores extremos, inteligencia artificial, y otros más, todas herramientas de la ingeniería oceánica para el desarrollo de la acuicultura que abordaremos en detalle en los siguientes capítulos.
El Autor / Mauricio Molina Pereira, Ingeniero Civil Oceánico, Consultor en ingeniería marítima, ambiental y acuícola mauricio.molinap@gmail.com



















