El mercado estadounidense de productos del mar atraviesa uno de los períodos de mayor incertidumbre comercial de los últimos años. Una compleja combinación de litigios arancelarios, investigaciones comerciales y crecientes exigencias regulatorias está modificando las reglas del juego para exportadores de todo el mundo, incluidos importantes proveedores de salmón como Noruega y Chile.
De acuerdo a lo publicado en Seafood Media, analistas del sector advierten que el escenario actual no apunta a un cierre de mercados, sino a una creciente sofisticación de las barreras de acceso, obligando a productores y exportadores a incorporar mayores niveles de gestión de riesgo, trazabilidad y cumplimiento normativo para mantener su competitividad.
Aranceles en disputa y nuevas amenazas comerciales
El principal foco de incertidumbre proviene de la coexistencia de dos frentes regulatorios distintos. Por una parte, continúan las disputas judiciales relacionadas con los aranceles aplicados bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), implementados originalmente durante la administración de Donald Trump. Diversos tribunales federales han cuestionado la legalidad de estas medidas, señalando que el Ejecutivo habría excedido sus atribuciones al extenderlas sin una justificación legislativa suficiente.
Sin embargo, mientras las apelaciones siguen su curso, los aranceles permanecen vigentes. Esto obliga a los importadores estadounidenses a continuar pagando gravámenes al ingreso de mercancías mientras gestionan solicitudes de devolución y complejos procedimientos de corrección aduanera ante la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).
A esta situación se suma una segunda fuente de preocupación: las investigaciones abiertas bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. Los nuevos expedientes podrían derivar en aranceles adicionales de entre 10% y 12,5% para determinadas categorías de productos del mar.
La combinación de ambos procesos genera una presión financiera significativa sobre los importadores, quienes deben enfrentar simultáneamente costos heredados aún no resueltos y la posibilidad de nuevas cargas tributarias en el corto plazo.

Más de US$ 2.200 millones en aranceles
La magnitud económica del problema es considerable. Durante 2025, las empresas estadounidenses pagaron más de US$ 2.200 millones en aranceles para nacionalizar importaciones de productos del mar valoradas en aproximadamente US$ 26.600 millones.
La falta de criterios uniformes en la tramitación de devoluciones ha obligado a numerosos operadores a presentar reclamaciones individuales, incrementando los costos administrativos, legales y de auditoría.
Para muchos actores del mercado, la incertidumbre ya no se limita al monto del arancel, sino a la dificultad para proyectar costos futuros y estructurar contratos de suministro de largo plazo.
Contratos más complejos y compradores cautelosos
Uno de los efectos más visibles de esta situación es el cambio en el comportamiento de compra de distribuidores y cadenas alimentarias estadounidenses.
Aunque exportadores de Asia, América Latina y Europa continúan ofreciendo productos bajo condiciones FOB y CIF tradicionales, los compradores muestran una creciente reticencia a comprometerse con acuerdos de abastecimiento extensos.
Las negociaciones comerciales incorporan cada vez más cláusulas de ajuste arancelario, diseñadas para definir de antemano quién absorberá eventuales aumentos de costos derivados de nuevas medidas comerciales.
Asimismo, contratos previamente cerrados están siendo reabiertos para renegociar condiciones económicas, reflejando el elevado nivel de incertidumbre existente en el mercado.
Impacto potencial para el salmón
Aunque gran parte del debate se ha concentrado en productos como camarón, tilapia y abadejo, la industria salmonicultora sigue con atención la evolución de estas políticas.
Uno de los factores que genera preocupación es que las investigaciones bajo la Sección 301 podrían extenderse a diversos países exportadores estratégicos para el abastecimiento estadounidense, incluyendo Noruega, Canadá, Japón, Corea del Sur, México, Ecuador, Indonesia, Vietnam e India.
Para los productores de salmón, cualquier modificación arancelaria podría alterar las condiciones competitivas en el principal mercado de destino para muchos exportadores globales.
Además, la búsqueda de proveedores alternativos se presenta compleja. Los compradores estadounidenses requieren simultáneamente precios competitivos, volúmenes consistentes, altos estándares de calidad y seguridad frente a eventuales cambios regulatorios, condiciones difíciles de encontrar en un contexto de creciente incertidumbre.

Estados Unidos impulsa el consumo de productos nacionales
Paralelamente, la industria pesquera estadounidense está aprovechando este escenario para fortalecer el posicionamiento de los productos nacionales.
Empresas procesadoras y cadenas de restaurantes han comenzado a enfatizar el origen local y las certificaciones de sostenibilidad como elementos diferenciadores frente a las importaciones.
El caso del abadejo de Alaska es uno de los ejemplos más visibles. A medida que aumentan los costos asociados a las importaciones, los productos capturados y procesados dentro de Estados Unidos ganan atractivo para compradores y consumidores.
Esta tendencia podría fortalecerse si las investigaciones comerciales derivan en nuevos gravámenes sobre productos importados.
Certificaciones bajo la lupa
Más allá de los aranceles, las exigencias regulatorias continúan aumentando. El Senado estadounidense ha iniciado investigaciones relacionadas con los sistemas de certificación utilizados por productores de camarón en el Sudeste Asiático, particularmente en Indonesia.
Como consecuencia, programas de certificación ampliamente reconocidos a nivel internacional están siendo sometidos a un mayor escrutinio. Entre ellos destacan los estándares BAP, ASC y MSC.
Para los exportadores de salmón, este fenómeno refuerza una tendencia que ya venía consolidándose: los compradores estadounidenses exigen niveles crecientes de transparencia, trazabilidad digital, sostenibilidad ambiental, inocuidad alimentaria y cumplimiento de estándares laborales.
Las auditorías ya no se limitan al producto final, sino que abarcan toda la cadena de valor.

Un mercado más exigente, no necesariamente más cerrado
Los analistas coinciden en que Estados Unidos seguirá siendo uno de los mercados más relevantes para los productos del mar a nivel mundial.
No obstante, el acceso será cada vez más complejo. La industria deberá operar en un entorno donde los riesgos arancelarios, las exigencias regulatorias y la presión por demostrar sostenibilidad se transforman en variables permanentes de la gestión comercial.
Para exportadores de salmón y otros productos acuícolas, la competitividad futura dependerá no solo del precio o la calidad del producto, sino también de la capacidad para adaptarse rápidamente a un entorno comercial marcado por la incertidumbre y la evolución constante de las reglas de acceso al mercado estadounidense.



















