En un contexto donde la acuicultura se consolida como el sector alimentario de más rápido crecimiento del mundo, una amenaza invisible pone en jaque su sostenibilidad: las enfermedades virales. Entre ellas, el síndrome de miocardiopatía (CMS) emerge como uno de los mayores desafíos para la producción de salmón Atlántico.
Un reciente estudio liderado por investigadores del Royal Veterinary College y centros científicos de Europa da un paso decisivo para entender esta enfermedad. A través del análisis de 311 genomas del virus de la miocarditis del salmón (PMCV) —la causa del CMS— los científicos lograron reconstruir, con una precisión sin precedentes, cómo evoluciona y se dispersa este patógeno en la industria acuícola.
Un virus que creció con la industria
Los resultados apuntan a una coincidencia inquietante: el PMCV habría emergido y expandido globalmente en paralelo al crecimiento de la acuicultura moderna, con un ancestro común que se remonta entre las décadas de 1970 y 1990.
Esto sugiere que la intensificación productiva —más peces, más granjas y mayor conectividad— no solo impulsó la producción, sino también las condiciones ideales para la propagación viral.
Hoy, el impacto es significativo. En países como Noruega, las enfermedades infecciosas explican cerca de un tercio de la mortalidad en salmones, y el CMS destaca por atacar en la fase final del ciclo productivo, cuando la inversión ya es máxima.
La geografía del contagio: cercanía y densidad
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la propagación del virus no es aleatoria.
Los investigadores identificaron tres factores clave:
- Proximidad geográfica: los centros de cultivo cercanos tienen mayor probabilidad de compartir variantes del virus.
- Alta densidad de centros en el mar: zonas con más producción funcionan como focos de dispersión.
- Conectividad operativa: especialmente a través de embarcaciones que transportan peces.
En términos simples, el virus se mueve como lo hace la industria: siguiendo rutas logísticas, concentraciones productivas y flujos de operación.
El rol de los barcos: autopistas invisibles
El estudio pone especial atención en los wellboats —embarcaciones que transportan peces vivos— como posibles vectores de transmisión a larga distancia.
Si bien a escala local el contagio parece dominado por factores ambientales (como corrientes marinas), a nivel regional estos barcos podrían actuar como “puentes epidemiológicos”, conectando zonas distantes.
Este hallazgo refuerza la necesidad de fortalecer protocolos de limpieza, desinfección y planificación de rutas en la logística acuícola.
¿Transmisión desde el origen? El debate sigue abierto
Uno de los temas más debatidos en la industria es si el virus puede transmitirse desde los reproductores a los peces (transmisión vertical).
El estudio no encuentra evidencia concluyente de que esta sea la principal vía. De hecho, muchos centros presentan múltiples variantes del virus, lo que sugiere infecciones repetidas más que un origen único.
Sin embargo, ciertos patrones —como la presencia de virus similares en granjas que comparten proveedores de ovas— dejan abierta la posibilidad de una transmisión ocasional, lo que mantiene vigente la importancia de la bioseguridad en hatcheries.
Un virus dinámico, pero bajo control evolutivo
A nivel genético, el PMCV muestra una evolución relativamente estable, dominada por selección negativa (es decir, cambios que tienden a eliminar mutaciones perjudiciales).
No obstante, una región específica del virus —el gen ORF3— presenta mayor variabilidad y señales de adaptación, lo que podría estar relacionado con su capacidad de transmisión.
Esto abre nuevas líneas de investigación sobre cómo el virus interactúa con el hospedador y el ambiente.
Un cambio de paradigma: vigilancia genómica
Más allá de los hallazgos específicos, el estudio instala un mensaje claro: la genómica se está convirtiendo en una herramienta esencial para la sanidad acuícola.
Gracias a estas tecnologías, hoy es posible, rastrear el origen de brotes, identificar rutas de dispersión y diseñar estrategias de control más precisas. En palabras simples, la industria comienza a “ver” al enemigo con claridad.
Implicancias para la salmonicultura global y Chile
Las conclusiones del estudio no se quedan en el plano académico: trazan una hoja de ruta concreta para la salmonicultura global y, en particular, para países líderes como Chile.
Los investigadores advierten que el control del virus exige una mirada territorial más que individual, impulsando una gestión por áreas que coordine ciclos productivos y descansos sanitarios entre centros cercanos.
A esto se suma la necesidad de reducir la densidad en zonas críticas para bajar la presión de infección, junto con reforzar el control logístico —especialmente en el transporte marítimo— para evitar la propagación a larga distancia.
En paralelo, la ciencia propone dar un salto hacia una vigilancia genómica activa, capaz de detectar y anticipar brotes antes de que escalen, marcando así el paso hacia una acuicultura más predictiva, integrada y resiliente.



















