Cuando Oxiquim certificó sus primeros proyectos bajo la Ley de incentivo tributario a la I+D, en 2013, no imaginaban que una década después tendrían seis iniciativas respaldadas por este instrumento, ni que su área de innovación se convertiría en el motor que impulsa nuevos negocios y desarrollo tecnológico con sello chileno. Hoy, con la extensión de la ley hasta 2035, la empresa celebra. Así lo destaca Corfo Conecta en una entrevista en su plataforma web, la cual replicamos en nuestro medio.
La historia de Oxiquim con la Ley I+D comenzó con dudas y con la necesidad de aprender a redactar proyectos técnicamente robustos. «Nos costaba identificar los desafíos tecnológicos y estructurar bien las ideas», recuerda Juan Canales, gerente de I+D en Oxiquim. Pero esa curva de aprendizaje, impulsada en parte por el acompañamiento de ejecutivos de Corfo y asesores externos, permitió a la empresa convertir la gestión de I+D en una capacidad sólida.
Gracias a esta experiencia, Oxiquim ha podido financiar equipos clave: «Algunas iniciativas se convirtieron en negocios que perduran hasta hoy; otras fueron más incipientes, pero nos dejaron aprendizaje y experiencia», cuenta Canales. El beneficio no solo ha sido económico: también han fortalecido su cultura interna de innovación y la colaboración entre áreas.
Por eso, ante la reciente extensión de la Ley I+D hasta 2035, en Oxiquim se fortaleció la convicción para seguir trabajando con este beneficio tributario. «Para nosotros, trabajar con la Ley I+D ya no es opcional, es parte de nuestro deber como industria. Nos desafía, nos posiciona, y además, permite que un tercero reconozca nuestro aporte en investigación y desarrollo», agrega Canales, quien hace un claro llamado a otras empresas: perder el miedo, acercarse a Corfo y entender que innovar, incluso con incertidumbre, es parte del camino al desarrollo.
Para conocer su experiencia con la Ley I+D y cómo esta se convirtió en un pilar fundamental para la empresa, Corfo Conecta conversó con este gerente, químico de la Universidad de Chile con más de diez años de trayectoria en investigación y desarrollo.

Inversiones en equipos estratégicos
–¿Qué rol juega el área de I+D dentro de su empresa y cómo ha cambiado desde que empezaron a usar la homónima ley?
El rol de la I+D en Oxiquim siempre ha sido fuerte. Desde hace más de 35 años, la organización ha invertido en investigación y desarrollo. Hoy consideramos esta área como una unidad estratégica, clave para mantenernos vigentes frente a las distintas tecnologías.
Comenzamos a utilizar la ley en 2013, con un proyecto que agrupaba tres iniciativas. Así, la Ley I+D nos ayudó a estructurarnos, a pensar en proyectos internos como externos, con objetivos bien definidos, como exige el instrumento. Contamos con presupuestos asignados, aunque la ley permite reducir el riesgo de proyectos con mayor incertidumbre. En el fondo, compartimos la inversión y el riesgo que implica generar conocimiento para enfrentar desafíos futuros.
Para nosotros, no se trata de decidir si hacemos o no I+D. Es una necesidad. Invertimos recursos importantes cada año. La ley nos habilita, nos mantiene vigentes y genera una percepción positiva dentro de la compañía.
–¿Cómo conocieron la ley y cómo identificaron los proyectos a certificar?
La ley comenzó en 2008, y al principio hubo mucho desconocimiento. Tuvimos que aprender a usar el instrumento y, sobre todo, atrevernos. Creo que esa es la principal barrera: perder el miedo. No hay que verlo como un problema, sino como una oportunidad.
En 2013, trabajamos junto con ejecutivos de Corfo. En ese tiempo, había una relación cercana con las empresas, algo que hoy se está retomando. Luego, entre 2015 y 2016, trabajamos en un proyecto de gestión de la innovación y comenzamos a colaborar con empresas asesoras. Estas nos ayudaron a salir del confort y atrevernos a emprender. Hoy seguimos trabajando con algunos asesores en ciertos proyectos, y otros los gestionamos de forma interna.
Actualmente tenemos cuatro proyectos certificados en ejecución y dos más en proceso. Es decir, Oxiquim tiene y tendrá proyectos bajo la ley.
–¿Trabajar con la ley les ha permitido asumir riesgos que no habrían tomado de otra forma?
Sin duda. En la industria privada respondemos a un directorio al que debemos rendir cuentas. Se espera que los proyectos generen rentabilidad, pero en I+D eso no siempre ocurre.
Nos planteamos, entonces, esa rentabilidad como meta, pero existe el riesgo de no lograr el conocimiento o tecnología necesarios. Sin embargo, la ley nos permite abordar esos desafíos con mayor seguridad.
–¿Qué desafíos enfrentaron al postular los primeros proyectos?
El principal fue desarrollar la capacidad para redactar buenos proyectos: identificar correctamente las problemáticas y desafíos tecnológicos, y argumentar su base con solidez. Al principio eso costaba. Hoy, con más de diez años de experiencia, nos resulta natural. Vencer esa resistencia inicial fue clave.
Con el tiempo, adoptamos metodologías de la ley para aplicarlas también a nuestros proyectos internos. Hoy, eso nos permite estructurarlos mejor y obtener recursos internos más fácilmente.
–¿Hubo resistencia interna desde otras áreas?
No hubo una resistencia directa, pero sí malentendidos, sobre todo con los tiempos. Por ejemplo, tenemos una política estricta sobre remuneraciones: yo no puedo conocer el valor hora de colegas de otras áreas. Eso exige una coordinación precisa para construir los proyectos.
Había que tener todo listo antes del 31 de agosto: cartas Gantt, horas hombre, etc., y luego pedir apoyo a otras áreas como contabilidad para subir todo a la plataforma de Corfo.
Al principio se veía como más trabajo, pero hoy ya es parte natural del funcionamiento de la empresa. Desde la gerencia hasta todos los niveles entienden su importancia. Nos permite recuperar parte del impuesto de primera categoría y aprovechar otros beneficios.
–¿Qué impacto ha tenido el uso de la ley en el negocio?
Con la Ley I+D hemos podido financiar inversiones en equipos estratégicos que luego usamos en otros proyectos. Desarrollamos un adhesivo con biomateriales que hoy comercializamos en Uruguay, y estamos trabajando en su segunda etapa.
También mejoramos tecnologías para adhesivos de tableros OSB e incursionamos en aditivos para la industria maderera.
Algunas de estas iniciativas se convirtieron en negocios sostenibles; otras no, pero nos dejaron mucho aprendizaje.

El robo de una idea
-¿Cómo valoran la extensión de la ley hasta 2035?
Fue una excelente noticia, la esperábamos con ansias, porque hoy en Oxiquim, trabajar con la Ley I+D ya no es opcional, es una obligación. No solo por el beneficio económico que implica emprender proyectos con mayor incertidumbre, sino también porque nos gusta que haya un reconocimiento externo de que estamos generando conocimiento e innovación.
-¿Creen que un mayor uso de esta ley podría cambiar cómo se hace investigación y desarrollo en Chile?
Sin duda, porque hoy el gasto en I+D en Chile está muy por debajo de lo que debiera ser para un país que aspire al desarrollo. Si las empresas tienen capacidad para generar conocimiento y convertirlo en emprendimientos, eso necesariamente se traducirá en desarrollo.
Creo que el Estado también debería aumentar la inversión en I+D. Hoy se hace, pero muchas veces no de manera formal. Algunas empresas temen postular por miedo a que se les copie una idea, por ejemplo. Si más empresas se atreven a usar la ley, se incentivará la investigación y desarrollo.
-¿Por qué cree que pocas empresas usan la ley? ¿Cuál es la principal barrera?
Puede ser, como nos pasó a nosotros, por desconocimiento al principio. Aunque hoy eso ocurre cada vez menos, gracias a que hay más difusión.
Otra barrera puede ser pensar que gestionar estos proyectos es demasiado demandante. O quizás el miedo a que la información de los proyectos se vuelva pública en estas entidades, y otras empresas conozcan en qué estás trabajando; existe ese prejuicio de que te pueden robar una idea.
Pero sobre todo, creo que se trata de una resistencia al cambio. Hay empresas que dicen: «Siempre lo he hecho así, ¿por qué cambiar?». Están cómodas, no las molestan y entonces prefieren seguir igual. Para nosotros, trabajar con la ley nos desafía, y siempre estamos abiertos a ese desafío.
-Y finalmente, ¿qué consejo darían a una empresa que quiere usar la Ley I+D, pero tiene dudas o temores?
Mi consejo es acercarse a Corfo, conversar con un ejecutivo y conocer mejor el instrumento. También generar lazos con empresas como la nuestra, que ya usamos la ley, un contacto que podría transmitir seguridad y experiencia. Hemos colaborado con otras empresas, porque tenemos una disposición genuina a ayudar.



















