El nuevo centro, liderado por la Dra. Javiera Ortiz Severin y el Dr. Gastón Higuera, el FIRC viene a solucionar uno de los cuellos de botella más costosos para las empresas productoras: la validación de terapias y vacunas.
El pez cebra: un filtro temprano para la industria
Históricamente, la investigación en el INTA enfrentaba la falta de infraestructura para realizar ensayos de infección de manera segura y reproducible. Sin embargo, la industria salmonera lidia con sus propios desafíos, uno de ellos es la realización de investigaciones directa a los salmones. Ya que estas implican altos costos en recursos humanos, infraestructuras, tiempo y protocolos de bioseguridad.
En este contexto, el FIRC implementará un modelo para la validación local de las investigaciones. El centro, utilizará al Pez Cebra como un modelo alternativo al salmón.
«Diversas investigaciones nacionales e internacionales respaldan el uso del pez cebra como modelo de estudio, ya que se conoce desde su genoma hasta su capacidad de responder a distintos patógenos», explican los investigadores a InfoSALMON.
«Funcionará como un primer paso de selección, ya que permitirá filtrar vacunas o fármacos en etapas tempranas; solo los candidatos más exitosos avanzarían a pruebas en salmones, optimizando recursos y tiempos de respuesta para la industria».
Infraestructura de alta contención
El diseño del FIRC contempla una inversión inicial de más de $31 millones de pesos. Este presupuesto inicial permitirá construir instalaciones divididas en dos áreas críticas completamente aisladas. La primera será una «Sala de Mantención libre de patógenos» con sistemas de recirculación RAS.
La segunda es una «Sala de Desafíos» específicas para el manejo seguro de patógenos. Las cuales cumplen con las directrices del Comité Institucional de Cuidado y Uso de Animales (CICUA-UCH).
Con esta base, el centro no buscará experimentar a ciegas, sino que apunta a investigar a los mayores dolores sanitarios del sur de Chile.
«Nuestro foco inicial será consolidar modelos de infección para enfermedades de alto impacto local como SRS (piscirickettsiosis), vibriosis y flavobacteriosis, áreas donde ya poseemos trayectoria científica y patentes», afirman los Drs Ortiz e Higuera. Además, recalcan que la flexibilidad de las instalaciones les permitirá reaccionar rápidamente ante amenazas emergentes, como la bacteria Tenacibaculum.
En este marco, la experiencia del Dr. Higuera (referente en el control de enfermedades mediante bactoriófagos) abre la puerta a uno de los objetivos más grandes de la acuicultura moderna: La reducción del uso de antimicrobianos. Desde el centro afirman que el desarrollo de terapias distintas a los fármacos tradicionales «está en sus planes», utilizando la plataforma del pez cebra para probar nuevas estrategias.
La búsqueda de la soberanía sanitaria
El FIRC pretende expandirse. Su proyección a cinco años es convertirse en un centro de transferencia tecnológica integral, pero para ello, hacen un llamado a la industria.
«Se propone una sinergia donde la industria contribuya con el conocimiento de las problemáticas en terreno y el grupo de investigación del INTA aporte a la plataforma técnica», señalan. El centro ofrecerá servicios de desafíos, consultoría y validación temprana de dietas y aditivos, buscando dar «robustez experimental» a las soluciones antes de que lleguen a las balsas-jaula.
Si bien, la adjudicación de la VID marca el hito fundacional, el quipo del centro es optimista respecto al futuro » para alcanzar la totalidad de nuestros objetivos estratégicos a cinco años, será imperativo gestionar inversiones adicionales que permitan obtener certificaciones clave como la de SERNAPESCA», enfatizan.
Con el respaldo de redes internacionales de Noruega, Mexico, Dinamarca y Grecia, el FIRC da su primer paso hacia la trazabilidad sanitaria y la confianza de los mercados globales en el salmón chileno.


















