La nueva investigación denominada “Pacifying seaweed: imagining docile objects for novel blue bioeconomies” fue desarrollada por los investigadores Sebastián Ureta, Patricio Flores, José Barrena y Paula Miranda de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la University of Warwick, el Centro IDEAL de la Universidad Austral de Chile y la Universidad Alberto Hurtado, respectivamente.
En el estudio, los expertos plantearon la problemática de que la bioeconomía azul se ha presentado como una forma para que las industrias marinas rompan con los modelos tradicionales de extracción implacable de recursos y daño extenso a los ecosistemas marinos. Centrado en la innovación y el fomento biotecnológico, el concepto promete un futuro que compatibiliza el crecimiento económico continuo con la sostenibilidad ambiental. “Sin embargo, en la práctica, la bioeconomía azul sigue siendo más objeto de imaginación que una realidad”, aseveraron.
Sobre el artículo
En este artículo se analizó “una de las principales causas de esa falta de efectividad: las formas reduccionistas en que la mayoría de las propuestas de bioeconomía azul se relacionan con las agencias de las entidades marinas. Adoptando un marco analítico de los estudios de ciencia y tecnología (CTS), comprendemos las múltiples estrategias orientadas a producir versiones limpias y simples de los seres marinos como formas de «pacificación» que permiten la transformación de estos seres en productos básicos que se pueden comercializar fácilmente en los mercados globales, a expensas de su complejidad sociobiológica”, señalaron los expertos.
Para explorar cómo funciona la pacificación, el artículo profundiza en los intentos actuales de renovar la industria de las algas marinas en Chile. “Analizamos especialmente dos propuestas de políticas: una centrada en convertir las algas marinas en la base de una economía de carbono azul y la otra centrada en el potencial de las algas marinas como nuevos alimentos de alta gama para la exportación, mostrando cómo producen versiones altamente pacificadas de las algas marinas que tienen poco parecido con los seres complejos que pueblan los mares chilenos. Las algas marinas pacificadas son útiles para las propuestas de políticas orientadas al mercado, pero tienden a funcionar bastante mal más allá de ellas”, indicaron los profesionales.
Visiones
En el documento se presentan visiones atractivas en las que las algas marinas se han convertido en el producto central en sofisticados acuerdos basados en el mercado, basados en la comercialización de créditos de carbono azul y la exportación de nuevos alimentos gourmet. “El único problema es que tales visiones no se han convertido en realidades. Nunca se ha comercializado un crédito de carbono azul centrado en un bosque de algas marinas chileno (algo que cabría esperar debido a la controversia que aún rodea el tema)”, manifestaron los expertos.
Paralelamente, y a pesar de algunos experimentos recientes a pequeña escala, “no se ha promulgado ningún proyecto de conservación importante basado en el potencial de carbono azul de los bosques de algas marinas. En cuanto a la posibilidad de convertir el Cochayuyo (o cualquier otra alga) en Seaweed as novel food (SNAF), nunca se ha otorgado un solo permiso de comercialización de la Unión Europea para las algas marinas chilenas. Más allá de las páginas de ambos informes, las algas marinas chilenas están tan lejos como siempre de convertirse en Seaweed as carbon sink SACS y SANF comercializables”, afirmaron los investigadores.
Por otro lado, los autores recalcaron que “convertir las algas marinas en SACS/SANF corre el riesgo de crear nuevas formas de acaparamiento de los océanos a través de cambios en la asignación de recursos y/o mediante la creación de nuevos cercos marinos, lo que podría provocar impactos en los medios de vida, pérdida de acceso a los recursos y exclusión de la toma de decisiones para los grupos ya desfavorecidos. Si se convirtieran en realidades, los SACS/SANF probablemente pondrían en peligro los llamamientos internacionales a la justicia azul en el sector de las algas marinas (Bennett et al. 2021)”.



















