Las palabras del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle en la Expo Osaka no pasaron desapercibidas. Al pedir sin matices “matar la Ley Lafkenche” para destrabar el crecimiento de la industria salmonera, desató una tormenta política, reavivando una tensión latente entre desarrollo económico, derechos indígenas y sostenibilidad territorial. En sus palabras hay un llamado urgente: si Chile quiere dar un salto exportador real, necesita remover los obstáculos que impiden a sectores estratégicos como el salmón desplegar todo su potencial. Pero la forma en que lo dijo —y lo que no dijo— también dejó heridas abiertas.
Origen de la iniciativa
La Ley Lafkenche, promulgada en 2008, ha sido un avance inédito en el reconocimiento del vínculo ancestral entre pueblos originarios y espacios costeros. Lejos de ser un simple instrumento burocrático, ha permitido a comunidades mapuche-lafkenche proteger zonas de pesca, patrimonio y cultura. No obstante, como ocurre con muchas políticas públicas, su implementación ha sido irregular y ha dejado espacio a usos distorsionados, solicitudes especulativas y bloqueo de proyectos que no necesariamente atentan contra el medioambiente ni los derechos comunitarios.
Entre el desarrollo y los derechos: una ley en disputa
En ese contexto, las palabras de Frei —aunque polémicas— logran algo que no debe subestimarse: vuelven a instalar el tema en el debate nacional. Las reacciones fueron inmediatas. Desde el mundo empresarial, figuras como Sady Delgado y Arturo Clément celebraron su franqueza, acusando que la ley en su estado actual pone en jaque a la salmonicultura y otros sectores productivos. Desde la política, en cambio, voces como la del senador Fidel Espinoza lo acusaron de desconocer el espíritu de una norma que busca justicia territorial y cultural, proponiendo en cambio una reforma profunda, no su eliminación.
Así llegamos al Salmon Summit 2025, que se celebrará el próximo martes 22 de julio en el Teatro del Lago de Frutillar, y que promete ser un hito. A diferencia de años anteriores, este encuentro contará con la presencia confirmada de candidatos presidenciales. Esto transforma la cita en mucho más que una conversación sectorial: será un espacio donde se discuta, cara a cara, cómo armonizar el desarrollo productivo con los desafíos de inclusión territorial y respeto al medioambiente.
Frutillar: el escenario de un debate urgente
El país necesita mirar esta ley —y lo que simboliza— desde una perspectiva más compleja. No basta con derogar ni con idealizar. Se necesita una reforma responsable, que corrija sus distorsiones sin borrar sus avances. Que reconozca los derechos de las comunidades, pero que también garantice certeza jurídica, inversión e innovación en territorios que dependen del empleo acuícola.
El verdadero valor del Salmón Summit no estará solo en los discursos ni en las cifras, sino en si logra ser el punto de partida de un diálogo más honesto y menos ideologizado. Porque no se trata solo del futuro de una ley. Está en juego la forma en que Chile imagina su desarrollo: centralizado o con rostro local, extractivo o sostenible, excluyente o participativo.
Eduardo Frei, guste o no, ha puesto sobre la mesa una discusión que ya no puede seguir siendo postergada. Ahora le toca al mundo político, empresarial y a las comunidades costeras demostrar que Chile está preparado para debatir de cara al futuro. Porque lo que está en juego no es solo el destino de una ley. Sino la manera en que el país entiende la convivencia en un territorio compartido. Y Frutillar, esta vez, podría ser el lugar donde esa conversación comience con la altura que merece.


















