En la acuicultura moderna, cada gramo de alimento cuenta. No solo por su costo —uno de los principales en la producción de peces—, sino también por su impacto ambiental. Alimentar de más implica desperdicio, contaminación y pérdidas económicas; alimentar de menos significa crecimiento limitado y estrés en los peces. En medio de este delicado equilibrio, los investigadores buscan modelos matemáticos capaces de anticipar cuánto comerá un pez según sus condiciones fisiológicas y ambientales.
Hasta ahora, la mayoría de esos modelos se apoyaban en dos variables: el peso corporal y la temperatura del agua. Sin embargo, una nueva investigación pone sobre la mesa un tercer protagonista frecuentemente ignorado: el oxígeno disuelto (OD). Este parámetro, esencial para los procesos metabólicos, podría ser la clave para afinar las predicciones de ingesta alimentaria y hacer más sostenible la acuicultura.
Cuando el oxígeno marca la diferencia
Un nuevo estudio publicado en la revista Aquacultural Engineering abarcó tanto al salmón del Atlántico (Salmo salar) —una especie consolidada en la industria— como a la corvina (Argyrosomus regius), una especie emergente, desarrolló modelos matemáticos que integran tres factores determinantes: peso corporal, temperatura y oxígeno disuelto.
Los investigadores construyeron dos tipos de modelos: uno independiente del oxígeno, basado en datos extraídos de 64 estudios para salmón y 42 para corvina, y otro dependiente del oxígeno, fundamentado en experimentos controlados. Para evaluar su desempeño, aplicaron el Criterio de Información de Akaike (AIC) y midieron la precisión mediante el Error Porcentual Absoluto Medio (MAPE).
Los resultados fueron reveladores: en el salmón del Atlántico, los modelos que incorporaron el oxígeno ofrecieron predicciones significativamente más precisas de ingesta de alimento. En cambio, en la corvina, el modelo independiente del oxígeno —sin incluir este factor— resultó ser el más exacto. Esta diferencia refleja las particularidades fisiológicas de cada especie y su sensibilidad al ambiente acuático.

Más oxígeno, más crecimiento
Los ensayos experimentales confirmaron que los niveles de oxígeno influyen directamente en el crecimiento y el apetito. Los salmones expuestos a concentraciones altas de OD (8,31 mg/L) mostraron una mayor ingesta y peso final que aquellos mantenidos en condiciones medias o bajas. Algo similar se observó en la corvina, aunque su eficiencia en convertir alimento en biomasa (FCR) se mantuvo estable entre los diferentes niveles de oxígeno.
“Esto sugiere que el oxígeno afecta principalmente la cantidad de alimento que el pez puede consumir, más que la eficiencia con la que lo utiliza”, señalaron los autores. En otras palabras, respirar mejor permite comer más, pero no necesariamente aprovecharlo de manera distinta.
La ciencia detrás del apetito
El modelo matemático desarrollado no solo predice cuánta comida necesita un pez, sino que también ayuda a entender cómo interactúan sus procesos biológicos con las condiciones ambientales. En el caso del salmón, los modelos tipo Hill y Sigmoide resultaron ser los más efectivos para describir la relación entre el oxígeno disuelto y la ingesta diaria de alimento.
Además, las simulaciones permitieron identificar el umbral mínimo de oxígeno necesario para mantener una alimentación óptima. Mientras estudios previos situaban este punto en torno a los 5,4 mg/L, el nuevo modelo lo ajustó a aproximadamente 7,5 mg/L, un dato crucial para la gestión de jaulas marinas donde el oxígeno fluctúa constantemente.

Una herramienta práctica y adaptable
Más allá de la teoría, los modelos propuestos ofrecen un valor tangible para los acuicultores. Pueden aplicarse fácilmente con datos básicos de monitoreo —peso, temperatura y oxígeno disuelto— y adaptarse a las condiciones específicas de cada centro de cultivo.
Sin embargo, los investigadores reconocen una limitación: gran parte de los datos históricos utilizados provienen de estudios que no reportaban niveles de oxígeno, asumiendo que este no afectaba la ingesta. Futuros trabajos deberán enfocarse en experimentos diseñados específicamente para evaluar la interacción entre temperatura y oxígeno, con el fin de perfeccionar la calibración de los modelos y reducir la incertidumbre.
El oxígeno, un aliado vital
El estudio demuestra que el oxígeno disuelto no solo sostiene la vida bajo el agua, sino que también regula el hambre y el crecimiento de los peces. Su integración en los modelos de predicción de ingesta de alimento representa un paso clave hacia una acuicultura más precisa, eficiente y respetuosa con el medioambiente.
En un contexto donde la sostenibilidad depende de cada variable optimizada, entender cómo el oxígeno moldea el apetito de los peces puede marcar la diferencia entre un cultivo eficiente y uno derrochador. Porque en el mar, incluso el aire que no vemos puede transformar la forma en que alimentamos al futuro de la acuicultura.
Lea el estudio aquí: Improving feed intake predictions in aquaculture: Integrating dissolved oxygen, body weight, and temperature for Atlantic salmon and meagre



















