La acuicultura es hoy el sector de producción de alimentos que crece con mayor rapidez a nivel mundial. En un escenario marcado por el aumento sostenido del consumo de pescado, la presión sobre los recursos marinos y la necesidad de sistemas productivos más sostenibles, la ciencia ha comenzado a mirar hacia un actor hasta hace poco invisible: la microbiota intestinal de los peces.
Una reciente tesis doctoral desarrollada en la Universidad Sueca de Ciencias Agrarias (SLU) por la investigadora Shuowen Cao explora precisamente este universo microscópico y su enorme impacto en la salud, el crecimiento y la eficiencia productiva de los salmónidos, en particular el salmón del Atlántico (Salmo salar) y la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss).
El intestino como centro de control biológico
El intestino de los peces no es solo un órgano digestivo. Es también una barrera inmunológica y un ecosistema complejo donde miles de microorganismos interactúan con la dieta, el ambiente y el propio organismo del pez. Esta comunidad microbiana influye directamente en la digestión de nutrientes, la modulación del sistema inmune y la resistencia a enfermedades.
En este contexto, la tesis de la investigadora demuestra que la composición de la microbiota intestinal no es fija ni universal. Por el contrario, está moldeada por una combinación de factores ambientales, características del hospedador y, de manera crítica, decisiones metodológicas y dietarias.
En este sentido, el estudio de Cao traza una guía clara de cómo los factores ambientales, tecnológicos y nutricionales —en particular la incorporación de hongos filamentosos y levaduras con potencial probiótico— pueden influir en la configuración del ecosistema intestinal, favoreciendo el desarrollo de peces más saludables y resistentes.
Meta-análisis: cuando los datos hablan en conjunto
En el primer estudio, Cao aplicó un enfoque de meta-análisis integrando datos de secuenciación 16S rRNA provenientes de múltiples estudios independientes sobre salmónidos en agua dulce. El resultado fue claro: la diversidad y estructura de la microbiota intestinal están fuertemente influenciadas por variables como la temperatura del agua, el sistema de cultivo, el tipo de dieta, el tamaño del pez e incluso los métodos de muestreo y análisis utilizados.
Este hallazgo subraya un punto clave para la investigación futura: sin estandarización metodológica, comparar estudios de microbiota puede conducir a interpretaciones erróneas. La microbiota no solo responde a la biología del pez, sino también a cómo los científicos la observan.
Hongos filamentosos: proteínas alternativas con impacto microbiano
En un contexto donde la dependencia del fishmeal y la soya plantea serios desafíos ambientales y económicos, la tesis evaluó el potencial de hongos filamentosos como fuentes alternativas de proteína en dietas para trucha arcoíris. Especies como Aspergillus oryzae, Neurospora intermedia y Rhizopus spp., cultivadas sobre subproductos de la industria del etanol, mostraron perfiles nutricionales prometedores.
Aunque su digestibilidad fue ligeramente inferior a la de dietas convencionales, su inclusión produjo cambios significativos en la diversidad microbiana intestinal, lo que sugiere que estos ingredientes no solo alimentan al pez, sino también a su microbiota. Con mejoras en los procesos de digestibilidad, estos hongos podrían convertirse en pilares de una acuicultura circular y de bajo impacto ambiental.
Levaduras probióticas: no todas funcionan igual
El tercer estudio abordó uno de los temas más relevantes en nutrición funcional: los probióticos. Se evaluaron dos levaduras, Kluyveromyces marxianus y Rhodosporidium babjevae, incorporadas a dietas de trucha arcoíris.
Los resultados fueron contundentes. Solo R. babjevae fue capaz de modular favorablemente la microbiota intestinal, promover bacterias beneficiosas y regular genes clave asociados a la integridad de la barrera intestinal y la respuesta inmune, como occludin y TGF-β. En contraste, K. marxianus no mostró efectos comparables, a pesar de pertenecer al mismo grupo funcional.
Este hallazgo refuerza una idea central en probiótica: los efectos son altamente específicos de cada cepa, y no pueden generalizarse por género o especie.

Más allá del crecimiento: salud intestinal como estrategia productiva
Un aspecto particularmente relevante de la investigación es que muchos de los efectos positivos observados no se reflejaron necesariamente en un mayor crecimiento a corto plazo. En cambio, se manifestaron en una mejor regulación inmunológica y una microbiota más estable, factores que podrían traducirse en mayor resiliencia frente a estrés ambiental y enfermedades en el largo plazo.
En sistemas acuícolas intensivos, donde el estrés térmico, la densidad y los patógenos representan amenazas constantes, invertir en salud intestinal puede ser tan importante como optimizar la tasa de crecimiento.
Hacia una acuicultura basada en microbiología funcional
Finalmente, el trabajo de Shuowen Cao aporta una visión integradora y basada en evidencia sobre cómo la dieta, los microorganismos y el hospedador interactúan para definir la salud intestinal de los salmónidos. Sus resultados respaldan el uso de ingredientes microbianos —hongos y levaduras— como herramientas clave para avanzar hacia una acuicultura más sostenible, eficiente y biológicamente informada.
En un futuro donde alimentar al mundo sin agotar los ecosistemas será uno de los mayores desafíos, comprender y manejar la microbiota intestinal de los peces podría marcar la diferencia entre producir más o producir mejor.
Lea el estudio completo aquí: Shaping the salmonid gut microbiota


















