Chile cuenta con décadas de experiencia científica y productiva en torno a las algas, pero aún enfrenta una brecha decisiva para transformar ese conocimiento en nuevas industrias. Así lo planteó el Dr. Alejandro Buschmann Rubio, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, durante su participación en el programa Voces del Futuro de UESTV+, en el marco de las actividades vinculadas al Congreso Futuro 2026.
El académico, reconocido por su trayectoria en ecología y cultivo de algas marinas, sostuvo que el país dispone de capacidades científicas instaladas, laboratorios especializados y una comunidad de investigadores con reconocimiento internacional. Sin embargo, advirtió que el principal desafío está en pasar desde la escala experimental hacia una validación tecnológica e industrial que permita atraer inversión y abrir nuevas oportunidades productivas.
“Tradicionalmente, las algas han tenido una importancia relevante en la pesquería en Chile y en el desarrollo de la acuicultura”, afirmó Buschmann, recordando que en los años 90 el país llegó a ser considerado un caso de estudio a nivel mundial por el cultivo de Gracilaria (pelillo) para la obtención de agar.
Según explicó, Chile llegó a producir cerca de 120 mil toneladas de esta alga, mientras que hoy la producción bordea las 40 mil toneladas, principalmente por razones de mercado. Aun así, destacó que esa trayectoria permitió formar una “escuela” nacional en torno al estudio de algas, con especialistas distribuidos en universidades costeras y enfoques que van desde la fisiología y la genética hasta la ecología.
La brecha entre el laboratorio y la industria
Para Buschmann, el gran punto crítico aparece cuando los desarrollos científicos deben abandonar el laboratorio y demostrar su factibilidad en condiciones productivas reales.
“En Chile podemos hacer pruebas hasta cierto nivel de escala, generalmente en laboratorio. Pero cuando uno quiere probar tecnologías a una escala que un industrial o un inversionista considere factible, tanto técnica como económicamente, la situación cambia”, sostuvo.
El investigador graficó el problema señalando que no basta con obtener algunos gramos de un producto en un frasco. El verdadero desafío comienza cuando se requiere procesar cientos de toneladas y obtener datos que permitan proyectar costos, eficiencia y viabilidad industrial.
“Para tener esos números necesitamos infraestructura que en Chile no está”, advirtió.
Esta falta de infraestructura piloto limita la posibilidad de escalar procesos desarrollados por la ciencia chilena. Incluso cuando existen colaboraciones internacionales, llevar biomasa nacional a otros países puede convertirse en una dificultad adicional, tanto por costos logísticos como por estándares regulatorios.
Buschmann explicó que algunas algas chilenas pueden presentar mayores niveles de ciertos metales, debido a las condiciones naturales del territorio, el volcanismo y la tectónica de placas. Esto puede dificultar su ingreso a mercados o laboratorios de países europeos, restringiendo la posibilidad de realizar pruebas de mayor escala fuera de Chile.
Ciencia, inversión pública y diversificación productiva
A juicio del académico, esta brecha no solo afecta a la ciencia del mar, sino también a otras áreas productivas donde Chile podría desarrollar nuevas industrias basadas en conocimiento.
“Mientras no exista un área desarrollada y con una espalda suficiente para instalar esas capacidades, mantenemos una brecha grande. Creo que eso influye en que no tengamos más industrias nuevas instaladas, capaces de diversificar nuestra matriz productiva”, afirmó.
En ese contexto, Buschmann fue enfático en señalar que el primer impulso debe venir desde el Estado. A su juicio, la inversión pública en ciencia, tecnología e innovación sigue siendo insuficiente para que el país pueda superar sus limitaciones estructurales.
“El 0,4% que invierte el Estado de Chile en ciencia y tecnología es demasiado pobre”, señaló. “No hay ningún país que haya logrado salir del desarrollo sin invertir en ciencia, tecnología e innovación por sobre el 1,2%”.
La reflexión conecta directamente con uno de los debates centrales para el futuro de la acuicultura chilena: cómo avanzar hacia una matriz más diversa, sostenible y tecnológicamente sofisticada, donde las algas puedan cumplir un rol productivo, ambiental y biotecnológico.
El valor de la presencialidad y la ciencia desde regiones
Durante la entrevista, el investigador también valoró el rol del Congreso Futuro como espacio de encuentro entre ciencia, tecnología, política pública y ciudadanía. Si bien reconoció el aporte de herramientas como la virtualidad y la inteligencia artificial, recalcó que los vínculos presenciales siguen siendo fundamentales para acelerar procesos de colaboración.
“El trato persona a persona cambia significativamente las relaciones y las velocidades con que ocurren los cambios”, comentó, destacando el valor de las conversaciones informales, los encuentros en los pasillos y la generación de redes entre actores de distintos ámbitos.
Buschmann también tuvo palabras para el rol de la Universidad de Los Lagos y del Centro i~mar en la construcción de capacidades científicas desde el sur de Chile. Tras casi 40 años vinculado a la institución, destacó la transformación de la universidad y el desarrollo de equipos científicos, técnicos, administrativos y estudiantiles que hoy sostienen investigación de alto nivel desde Puerto Montt.
“Hay capacidades instaladas en el Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos. Hemos logrado armar una especie de cofradía de científicos, estudiantes, ayudantes técnicos y equipos administrativos, que hace gratificante ir cada día a trabajar”, sostuvo.
Desde esa mirada, el mensaje de Buschmann apunta a un desafío mayor: Chile tiene conocimiento, historia y capital humano para proyectar una industria de algas con impacto en acuicultura, biotecnología y sostenibilidad. Pero para que ese potencial se convierta en desarrollo productivo, el país deberá resolver una brecha que ya no está solo en la ciencia, sino en la capacidad de escalar, invertir y transformar conocimiento en industria.


















