En esta columna, Carlos Aubert, director de Duoc UC Sede Puerto Montt, explica cómo formar talento exige vincular educación, empresas y sector público. Es una mirada que también impulsa Avanza Mar y la formación de talento técnico y profesional en la salmonicultura.
El desarrollo avanza cuando comprendemos cómo los distintos sectores se sostienen entre sí. Las instituciones educativas enseñan y preparan a quienes trabajarán. Las empresas producen, emplean, forman e innovan. El sector público regula, gestiona y conecta oportunidades. Estas funciones se cruzan en un mismo territorio y afectan a las mismas personas. Por eso, los cambios en la educación repercuten en el empleo, las transformaciones de la industria redefinen las capacidades necesarias y las necesidades sociales comprometen a todos. Avanzar exige reconocer esa interdependencia y trabajar desde ella.
Formar talento desde la realidad productiva
Esta interdependencia eleva la exigencia sobre la formación técnico-profesional. Una carrera debe ser pertinente y mantener su currículum alineado con las posibilidades de empleo, pero hoy eso es solo el punto de partida. El deber es formar desde la realidad productiva, con equipamiento e infraestructura vigentes, procedimientos exigentes, ambientes de trabajo reales y problemas cuya respuesta no está escrita, sino que constituye el punto de partida para investigar, proponer e innovar. Así, la aplicación práctica no se reserva para el final del proceso, sino que orienta desde el comienzo aquello que el estudiante aprende, ejercita y comprende.
La velocidad del cambio tecnológico vuelve esta tarea especialmente urgente. Un plan de estudios puede haber sido correctamente diseñado y, aun así, quedar detrás de una industria que avanza con mayor rapidez en automatización, inteligencia artificial, tecnologías y estándares de servicio. Todo esto ocurre en ciclos cada vez más breves, bajo una lógica constante de prueba, ajuste y mejora. Para evitar que la educación persiga estos cambios desde atrás, la industria debe incorporarse al proceso formativo completo: al diseño de las experiencias, a su aplicación práctica, a la actualización tecnológica y al aprendizaje guiado por expertos que conocen la operación.
Vinculación desde el momento cero
Por eso entendemos la vinculación desde el momento cero como un ciclo continuo. Las empresas aportan problemas, estándares, tecnologías, instalaciones y experiencia profesional. La institución integra esos elementos al diseño académico. Estudiantes y docentes los convierten en aprendizaje aplicado. Los resultados vuelven al entorno en forma de capacidades y competencias técnicas. El ciclo se retroalimenta de manera permanente.
Esta transformación tiene dos dimensiones inseparables. La primera es física: equipamiento, infraestructura, software y ambientes que reproduzcan condiciones actuales de trabajo. La segunda es humana y técnica: saber utilizar cada tecnología con precisión, comprender el procedimiento completo, aplicar protocolos, interpretar resultados y responder cuando las condiciones cambian. Un equipo avanzado, por sí solo, no produce aprendizaje relevante. Su valor aparece cuando se integra a una experiencia exigente, guiada por docentes y profesionales que conocen el estándar con el que opera la industria.
Créditos: DUOC UC.
Cinco laboratorios diseñados junto a empresas
En la sede Puerto Montt hemos llevado esta idea a decisiones concretas. Durante los últimos dos años inauguramos cinco nuevos laboratorios, todos diseñados e implementados junto con empresas. Son colorimetría digital con AkzoNobel, electricidad y robótica con RHONA y Mitsubishi Electric, instrumentación industrial con Endress+Hauser y neumática industrial con SMC. Hoy están en uso y permiten que los estudiantes se formen y certifiquen sus competencias en tecnologías presentes en entornos productivos.
Esta lógica también debe llegar a las asignaturas, los talleres y los desafíos académicos. Por eso estamos diseñando y desarrollando experiencias formativas junto con empresas y organizaciones gremiales, que participan tanto en su definición como en su aplicación. Este trabajo se concreta en asignaturas construidas a partir de desafíos de la industria acuícola; en informática, mediante aplicaciones vinculadas con la bioinformática; y en construcción, a través de experiencias relacionadas con la actividad marítima, portuaria y de astilleros. De esta manera, el sector productivo forma parte de todo el proceso de aprendizaje, aportando conocimiento experto, problemas reales y, cuando corresponde, sus propios espacios de operación.
La industria acuícola ha sido un pilar de esta mirada. Su cadena de valor reúne desafíos vinculados con tecnología, logística, mantenimiento, construcción, sostenibilidad, gestión de datos y comercio exterior. Por eso, sus necesidades involucran a distintas escuelas y no pueden abordarse desde una sola disciplina. Además, su evolución constante ofrece un entorno especialmente fértil para desarrollar experiencias formativas conectadas con la realidad regional. De cara a 2027, la incorporación de la carrera de Comercio Exterior responde también a este propósito de robustecer la oferta académica con una formación que, desde sus bases, dialogue con la actividad productiva local.
Colaboración con el sector público
A su vez, la colaboración con el sector público permite conectar el aprendizaje con desafíos concretos de las ciudades. En Puerto Montt, las experiencias desarrolladas en turismo contribuyen al posicionamiento de la ciudad como destino y fortalecen el vínculo de los estudiantes con su identidad local. En Puerto Varas, los apoyos técnicos en construcción aportan capacidad a la gestión municipal y, al mismo tiempo, convierten necesidades reales en oportunidades de aprendizaje aplicado. En estos contextos, una solución técnicamente correcta también debe considerar a quienes la utilizarán, la identidad del lugar y las particularidades de la gestión pública.
Flexibilidad y resiliencia para la empleabilidad
Para sostener este ciclo de vinculación permanente entre Duoc UC y su territorio, la formación técnica y aplicada debe incorporar, además del dominio técnico, la flexibilidad y la resiliencia como capacidades indispensables para una empleabilidad efectiva. Aprender a aprender, investigar, discernir, colaborar e innovar no son habilidades accesorias. Son las capacidades que permiten actualizar las competencias sin perder rigor y adoptar una tecnología sin quedar encasillado a ella.
Ningún sector tiene por sí solo una lectura completa de la realidad. Precisamente por eso, colaborar no significa repartir responsabilidades, sino asumirlas de una manera más realista y exigente.
El objetivo es entrelazar cada experiencia pedagógica con la realidad productiva, comunitaria y territorial. Que el estudiante no tenga que esperar su egreso para descubrir la realidad de los sectores y qué nivel se exige o por qué su conocimiento importa. Y que la industria no vea a la educación como una fuente distante de futuros trabajadores, sino como un espacio con el que puede aprender y construir capacidades desde hoy. El desarrollo regional se fortalece cuando esa relación deja de ser ocasional y pasa a formar parte del modelo de desarrollo.
En esta columna, Carlos Aubert, director de Duoc UC Sede Puerto Montt, explica cómo formar talento exige vincular educación, empresas y sector público. Es una mirada que también impulsa Avanza Mar y la formación de talento técnico y profesional en la salmonicultura.
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El desarrollo avanza cuando comprendemos cómo los distintos sectores se sostienen entre sí. Las instituciones educativas enseñan y preparan a quienes trabajarán. Las empresas producen, emplean, forman e innovan. El sector público regula, gestiona y conecta oportunidades. Estas funciones se cruzan en un mismo territorio y afectan a las mismas personas. Por eso, los cambios en la educación repercuten en el empleo, las transformaciones de la industria redefinen las capacidades necesarias y las necesidades sociales comprometen a todos. Avanzar exige reconocer esa interdependencia y trabajar desde ella.
Formar talento desde la realidad productiva
Esta interdependencia eleva la exigencia sobre la formación técnico-profesional. Una carrera debe ser pertinente y mantener su currículum alineado con las posibilidades de empleo, pero hoy eso es solo el punto de partida. El deber es formar desde la realidad productiva, con equipamiento e infraestructura vigentes, procedimientos exigentes, ambientes de trabajo reales y problemas cuya respuesta no está escrita, sino que constituye el punto de partida para investigar, proponer e innovar. Así, la aplicación práctica no se reserva para el final del proceso, sino que orienta desde el comienzo aquello que el estudiante aprende, ejercita y comprende.
La velocidad del cambio tecnológico vuelve esta tarea especialmente urgente. Un plan de estudios puede haber sido correctamente diseñado y, aun así, quedar detrás de una industria que avanza con mayor rapidez en automatización, inteligencia artificial, tecnologías y estándares de servicio. Todo esto ocurre en ciclos cada vez más breves, bajo una lógica constante de prueba, ajuste y mejora. Para evitar que la educación persiga estos cambios desde atrás, la industria debe incorporarse al proceso formativo completo: al diseño de las experiencias, a su aplicación práctica, a la actualización tecnológica y al aprendizaje guiado por expertos que conocen la operación.
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Vinculación desde el momento cero
Por eso entendemos la vinculación desde el momento cero como un ciclo continuo. Las empresas aportan problemas, estándares, tecnologías, instalaciones y experiencia profesional. La institución integra esos elementos al diseño académico. Estudiantes y docentes los convierten en aprendizaje aplicado. Los resultados vuelven al entorno en forma de capacidades y competencias técnicas. El ciclo se retroalimenta de manera permanente.
Esta transformación tiene dos dimensiones inseparables. La primera es física: equipamiento, infraestructura, software y ambientes que reproduzcan condiciones actuales de trabajo. La segunda es humana y técnica: saber utilizar cada tecnología con precisión, comprender el procedimiento completo, aplicar protocolos, interpretar resultados y responder cuando las condiciones cambian. Un equipo avanzado, por sí solo, no produce aprendizaje relevante. Su valor aparece cuando se integra a una experiencia exigente, guiada por docentes y profesionales que conocen el estándar con el que opera la industria.
Créditos: DUOC UC.
Cinco laboratorios diseñados junto a empresas
En la sede Puerto Montt hemos llevado esta idea a decisiones concretas. Durante los últimos dos años inauguramos cinco nuevos laboratorios, todos diseñados e implementados junto con empresas. Son colorimetría digital con AkzoNobel, electricidad y robótica con RHONA y Mitsubishi Electric, instrumentación industrial con Endress+Hauser y neumática industrial con SMC. Hoy están en uso y permiten que los estudiantes se formen y certifiquen sus competencias en tecnologías presentes en entornos productivos.
Esta lógica también debe llegar a las asignaturas, los talleres y los desafíos académicos. Por eso estamos diseñando y desarrollando experiencias formativas junto con empresas y organizaciones gremiales, que participan tanto en su definición como en su aplicación. Este trabajo se concreta en asignaturas construidas a partir de desafíos de la industria acuícola; en informática, mediante aplicaciones vinculadas con la bioinformática; y en construcción, a través de experiencias relacionadas con la actividad marítima, portuaria y de astilleros. De esta manera, el sector productivo forma parte de todo el proceso de aprendizaje, aportando conocimiento experto, problemas reales y, cuando corresponde, sus propios espacios de operación.
La industria acuícola ha sido un pilar de esta mirada. Su cadena de valor reúne desafíos vinculados con tecnología, logística, mantenimiento, construcción, sostenibilidad, gestión de datos y comercio exterior. Por eso, sus necesidades involucran a distintas escuelas y no pueden abordarse desde una sola disciplina. Además, su evolución constante ofrece un entorno especialmente fértil para desarrollar experiencias formativas conectadas con la realidad regional. De cara a 2027, la incorporación de la carrera de Comercio Exterior responde también a este propósito de robustecer la oferta académica con una formación que, desde sus bases, dialogue con la actividad productiva local.
Colaboración con el sector público
A su vez, la colaboración con el sector público permite conectar el aprendizaje con desafíos concretos de las ciudades. En Puerto Montt, las experiencias desarrolladas en turismo contribuyen al posicionamiento de la ciudad como destino y fortalecen el vínculo de los estudiantes con su identidad local. En Puerto Varas, los apoyos técnicos en construcción aportan capacidad a la gestión municipal y, al mismo tiempo, convierten necesidades reales en oportunidades de aprendizaje aplicado. En estos contextos, una solución técnicamente correcta también debe considerar a quienes la utilizarán, la identidad del lugar y las particularidades de la gestión pública.
Flexibilidad y resiliencia para la empleabilidad
Para sostener este ciclo de vinculación permanente entre Duoc UC y su territorio, la formación técnica y aplicada debe incorporar, además del dominio técnico, la flexibilidad y la resiliencia como capacidades indispensables para una empleabilidad efectiva. Aprender a aprender, investigar, discernir, colaborar e innovar no son habilidades accesorias. Son las capacidades que permiten actualizar las competencias sin perder rigor y adoptar una tecnología sin quedar encasillado a ella.
Ningún sector tiene por sí solo una lectura completa de la realidad. Precisamente por eso, colaborar no significa repartir responsabilidades, sino asumirlas de una manera más realista y exigente.
El objetivo es entrelazar cada experiencia pedagógica con la realidad productiva, comunitaria y territorial. Que el estudiante no tenga que esperar su egreso para descubrir la realidad de los sectores y qué nivel se exige o por qué su conocimiento importa. Y que la industria no vea a la educación como una fuente distante de futuros trabajadores, sino como un espacio con el que puede aprender y construir capacidades desde hoy. El desarrollo regional se fortalece cuando esa relación deja de ser ocasional y pasa a formar parte del modelo de desarrollo.