Un estudio del Centro INCAR², en colaboración con el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), reveló que las hembras del piojo de mar (Caligus rogercresseyi) son más resistentes a los tratamientos que los machos. Este parásito es uno de los principales que afectan a la salmonicultura chilena.
Hembras del piojo de mar: más tolerantes a los tratamientos
Esta diferencia es especialmente pronunciada frente a compuestos lipofílicos, aquellos con mayor afinidad por los lípidos. El hallazgo aporta una nueva dimensión al desafío sanitario de la industria. Demuestra que el sexo del parásito puede influir en la eficacia de las terapias de control.
El piojo de mar es un ectoparásito que se adhiere a la piel de los salmones. Provoca lesiones, estrés y una disminución del bienestar de los peces. Además, su presencia genera importantes costos para la producción acuícola, por los programas de control y tratamiento que exige, como ocurre con la caligidosis.
La investigación se publicó recientemente en la revista Aquaculture Reports. Analizó 340 ensayos biológicos realizados entre 2018 y 2026 en centros de cultivo del sur de Chile. En ellos, machos y hembras fueron expuestos a cinco principios activos con distintos mecanismos de acción. El objetivo fue evaluar su sensibilidad frente a los tratamientos comunes en la industria.
Resultados: hasta 3,7 veces más dosis para las hembras
Los resultados mostraron una tendencia consistente. La dosis necesaria para eliminar al 50% de las hembras fue entre 1,6 y 3,7 veces superior a la requerida para los machos. Esta diferencia se observó en todos los productos evaluados. Evidencia así una mayor tolerancia de las hembras a los compuestos usados contra el parásito.
Los investigadores observaron además que las diferencias de susceptibilidad se relacionaron con las propiedades químicas de los tratamientos. Las mayores brechas se registraron con productos lipofílicos, es decir, con afinidad por las grasas, como la deltametrina y la cipermetrina. En cambio, los compuestos hidrosolubles mostraron respuestas más similares entre ambos sexos.
Por qué importa el sexo del parásito
Hasta ahora, la eficacia de los tratamientos suele evaluarse considerando a la población de piojos de mar en su conjunto. No se distingue entre machos y hembras. Sin embargo, los autores advierten que este enfoque puede dar una visión incompleta del desempeño real de los tratamientos. Esto ocurre sobre todo cuando las hembras sobreviven en mayor proporción.
La relevancia del hallazgo es que las hembras producen los huevos y, por lo tanto, sostienen las poblaciones del parásito. Si sobreviven a un tratamiento, pueden transmitir a su descendencia una mayor tolerancia. Así favorecen, gradualmente, poblaciones más difíciles de controlar.
Frente a este escenario, los científicos recomiendan incorporar el análisis por sexo en los programas de monitoreo sanitario. También sugieren usarlo en la evaluación de la eficacia de los tratamientos. Esta información podría contribuir a estrategias de control más precisas y sostenibles. Ayudaría a reducir el riesgo de resistencia farmacológica y a fortalecer la salud de los peces, un tema que se suma al debate sobre los piojos de mar.

















