La acuicultura argentina ha tenido un desarrollo incipiente, especialmente en comparación con países como Chile, que posee la segunda mayor industria salmonera del planeta. Para analizar los desafíos y oportunidades de esta actividad al otro lado de la cordillera, InfoSALMON conversó con destacados expertos en la materia, quienes coincidieron en que tiene potencial, pero enfrenta obstáculos estructurales.
Historia con oportunidades perdidas
Favio Rescia, argentino licenciado en Ciencias Biológicas, creó la empresa especializada en acuicultura Aquatango y cuenta con una larga trayectoria en el área. “Hace más de 30 años que trabajo en proyectos acuícolas: una diversidad de iniciativas vinculadas a cultivos y al entorno acuático. Llegué básicamente por casualidad a cuestiones innovadoras”, relató.

En los años 90, Rescia conformó un programa de desarrollo acuícola en la provincia de Chubut, impulsado por la Fundación Chile. Sin embargo, el proyecto no logró ejecutarse. “Estaba basado en demostrar la factibilidad de las tecnologías y del negocio de la acuicultura en Argentina, pero sobre la base de mostrar empresas que funcionaban y con alternativas a lo tradicional”, explicó.
Uno de los principales problemas que enfrenta la acuicultura argentina es su baja producción. “Si sumamos a todos los que participan en el sector (…) no superamos las 10 mil toneladas”, señaló el especialista. Para poner el número en perspectiva, explicó que esta cantidad equivale a la producción de un solo centro de cultivo de las empresas del “mainstream”.
La oportunidad del RAS y la cooperación con Chile
Dado que Argentina carece de las particularidades geográficas de Chile, como grandes extensiones de fiordos y canales protegidos, propicios para el cultivo de salmones en mar, el investigador considera que el futuro de la acuicultura argentina se sostiene en los sistemas de recirculación (RAS).
Sobre esto, Rescia señaló: “El nuevo paradigma nos llama a pensar en recirculación como la primera próxima etapa”. Agregó que el ambientalismo tiene un gran peso en el país vecino y que se ha consolidado como un actor fuerte en la toma de decisiones sobre proyectos en el borde costero. “Entonces, el RAS creo que nos va a dar ese nuevo paradigma, pero hay que demostrarlo”, sostuvo.
En otro ámbito, el investigador propuso la posibilidad de convertir a Argentina en un proveedor estratégico de smolts para la industria salmonera chilena: “Argentina puede asociarse para producir smolts para Chile, aprovechando el agua dulce que tiene de este lado en establecimientos en tierra, que son más seguros desde el punto de vista sanitario”.
Horizontes en el mar abierto
Lucas Maglio, Country Manager del grupo chileno Mar Andino en Argentina, apunta su mirada directamente hacia el Atlántico: “Yo creo que la mayor potencialidad de Argentina está, sin dudas, en el mar abierto”.
El ingeniero en Acuicultura trasandino, quien vivió 14 años en Chile, sostuvo que su visión está respaldada por organismos internacionales como la FAO en su artículo 549, que ubica al país vecino entre los primeros lugares a nivel mundial para el cultivo multitrófico, junto con Chile. Agregó que el NOAA de EE. UU. llegó a la misma conclusión.

El especialista planteó que las condiciones oceánicas argentinas son óptimas para desarrollar acuicultura en zonas de alta energía, con fondos seguros y un entorno natural que maximiza el bienestar animal. “Si los peces pudieran elegir, irían al mar abierto, a 12 kg/m³, expuestos a corrientes, sol y oleajes, y no a 70 kg/m³ bajo techo con luz artificial”, afirmó. Maglio también señaló que Argentina cuenta con corrientes marinas adecuadas, niveles óptimos de oxígeno, temperatura y clorofila para desarrollar cultivos a mar abierto.
Sin embargo, planteó que, a pesar de estas condiciones favorables, el Estado argentino se abstiene de establecer Áreas Aptas para la Acuicultura (AAA), una regulación que definió como fundamental para el desarrollo de la industria. Indicó que este vacío normativo, junto con la percepción social negativa, ha obstaculizado el crecimiento del sector.
Como ejemplo, citó un proyecto en el Canal Beagle, en Tierra del Fuego. Definió ese lugar como “inadecuado” debido a la alta biodiversidad y baja profundidad. “El problema es que se puso todo en la misma bolsa y la provincia, impulsada por una fuerte campaña mediática, avanzó en la ley de prohibición para todo el territorio”, explicó.
El experto recalcó que el mar abierto, además de ofrecer un menor impacto ambiental, brinda oportunidades para la producción a gran escala: “No deja de ser un desafío, pero es el lugar. La biodiversidad es muy baja comparada con la del Canal Beagle, el espacio físico es inmenso y las posibilidades de producir de manera sustentable son muy altas”, afirmó.
Explorando caminos
Para Maglio, el crecimiento de la salmonicultura chilena es un punto de referencia inevitable. Expuso que mientras el mar interior de Chiloé, con unos 8.000 km², produce cerca de 300.000 toneladas de salmón, el golfo de San Matías en Argentina sigue sin actividad acuícola significativa. “No solo no hacemos nada, sino que además ya no se pesca casi nada”, expresó.
El especialista también mencionó que Argentina tiene ventajas estratégicas, como costas con baja densidad poblacional, recursos hídricos provenientes de la cordillera que podrían abastecer a la acuicultura marina, una industria agropecuaria altamente desarrollada y una industria pesquera en declive que se podría reconvertir a la acuicultura.
Sobre cultivos en tierra, para Maglio el país vecino podría producirlos, pero no con el tradicional sistema RAS, debido a sus altos costos y complejidad operativa. “Teniendo un potencial de energía eólica extremadamente alto en toda la costa argentina, creo que la alternativa son sistemas de reúso o flujo abierto”, dijo, y relacionó lo anterior con alternativas de producción más sustentables que aprovechen energías renovables o incluso el agua residual para el desarrollo de otros organismos.
Desafíos con el salmón atlántico y el potencial de la trucha

Oscar Garay, ingeniero pesquero y en Administración de Empresas, pionero en tecnologías RAS en nuestro país, coincidió en el potencial de la acuicultura trasandina, aunque agregó particularidades: “Si se enfocan en producir salmón del Atlántico, Argentina no es un gran consumidor de salmones, así que debiera orientarse al mercado brasileño (…) ahí entraría a competir con Chile”, analizó. Asimismo, consideró que la trucha sería una alternativa más viable y complementaria a la producción chilena.
Sobre la trucha en el panorama chileno, el especialista afirmó: “Según la última estadística, cada vez se produce menos trucha; estamos hablando de un 4% del total de la producción de salmónidos”. Añadió que actualmente ya se cultivan truchas en Argentina y que este negocio podría escalarse.
Si bien Garay destacó que, desde el punto de vista técnico, no hay impedimentos y que existe la tecnología para producir salmones en tierra, hizo hincapié en las dudas respecto a los proyectos con salmón del Atlántico. “Estos proyectos son muy rentables cuando se realizan lo más cerca posible del mercado, porque ahí se ahorra un importante costo en fletes”, afirmó.
Sobre la posibilidad de que empresas chilenas inviertan en Argentina, Garay puntualizó que el gobierno de Javier Milei ha manifestado posturas nacionalistas que podrían dificultar acuerdos de complementariedad entre ambos países: “Que se siga abriendo a la inversión, sí, pero en cuanto a un trabajo colaborativo, ahí hay ciertas interrogantes”, advirtió.

Agua dulce abundante, menos restricciones y un nuevo escenario económico

Carlos Wurmann, especialista en planificación del desarrollo y presidente del consultora CIDEEA, que creó el “Proyecto Argentina” lleva décadas impulsando la acuicultura trasandina.“Argentina tiene una disponibilidad de agua dulce infinita. Tiene ríos gigantescos donde se puede hacer tilapia y otros cultivos de agua dulce”, afirmó, además de destacar una costa poco explotada.
Para Wurmann, el nuevo gobierno podría generar un cambio de paradigma similar al que vivió Chile en los años 80. “La llegada de Milei va a abrir una nueva avenida. En Argentina va a ocurrir lo mismo que pasó en Chile cuando se liberalizó el comercio (…) están eliminando trabas, promoviendo nuevos negocios, entonces se están dando muy buenas condiciones para el desarrollo de la acuicultura”, declaró.
En este contexto, el experto resaltó que Argentina tiene una ventaja importante en la producción de smolts para la industria salmonera chilena debido a la disponibilidad de agua dulce.
“El agua en Argentina es excepcional y con menos restricciones que en Chile. Esto permite un cultivo de smolts con menos riesgos sanitarios, lo que podría convertir al país en un proveedor confiable para Chile, sobre todo en un momento en que se busca diversificar la producción y mejorar la bioseguridad”, argumentó.
Aun así, también advirtió que Argentina llega tarde a la industria acuícola y enfrentará una fuerte competencia. “Si ingresa hoy a esta carrera de producción, le costará mucho más porque ya hay competencia establecida en casi todos los rubros”, concluyó.
Acuicultura en un entorno cambiante
El desarrollo de la acuicultura argentina enfrenta diversos desafíos, que van desde una regulación compleja hasta la inexistencia de un negocio consolidado. De todas formas, la tecnología RAS, la apertura económica que representa el gobierno de Milei y una eventual colaboración con Chile podrían abrir nuevas oportunidades.
Eso sí, convertir a Argentina en un actor fuerte en la acuicultura a nivel global aún se presenta como una ruta larga y con numerosos obstáculos.


















