La participación femenina en la investigación y la academia, específicamente en el sector acuícola, ha experimentado avances significativos en los últimos años, reflejados en el aumento de la presencia de mujeres en proyectos de investigación y en su creciente visibilidad en el ámbito científico. Sin embargo, aun persisten considerables desafíos estructurales propios del sistema que limitan este progreso.
A pesar de los esfuerzos que se han realizado en pos de la igualdad de acceso a oportunidades tanto en investigación como en el ámbito del desarrollo profesional, aún existe desigualdad de género en términos de financiamiento en proyectos de investigación y otras herramientas de innovación y desarrollo.
Según el último Reporte de Participación Femenina de la ANID, durante los últimos seis años, la participación femenina en postulaciones ha sido de aproximadamente 40,11%, y, aunque en el último año la adjudicación de fondos liderada por mujeres alcanzó el 42,67%, sigue habiendo una diferencia en comparación con el 57,33% adjudicado a hombres. Si bien se ha observado una tendencia hacia la paridad en los últimos años, es fundamental que estas políticas se sostengan en el tiempo para consolidar un cambio estructural real.
Esta brecha de género se hace aún más evidente en las áreas STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y en las regiones. Datos recientes muestran que, en disciplinas como las Ciencias Naturales, solo un 35,44% de las postulaciones admisibles fueron lideradas por mujeres, mientras que en Ingeniería y Tecnología este porcentaje descendía a un 28,21%. A nivel territorial, la adjudicación de fondos a mujeres en regiones no supera el 35%, lo que evidencia un obstáculo adicional para la equidad de género fuera de los grandes centros urbanos.
El impacto de estas desigualdades en el desarrollo de la acuicultura nacional es innegable. La investigación en este sector es clave para la innovación, la sustentabilidad y la competitividad global de la industria. Sin embargo, cuando las mujeres tienen menos oportunidades de acceder a fondos, becas y redes de colaboración, se limita la diversidad de perspectivas y enfoques en la investigación. Esto restringe el potencial de hallazgos científicos más inclusivos y sostenibles, que podrían aportar soluciones innovadoras para los desafíos actuales de la acuicultura, como el cambio climático, la gestión de enfermedades y la optimización de los recursos.
Otro factor clave es la baja representación femenina en los altos cargos académicos y de liderazgo. A nivel general, las mujeres representan cerca del 45% del total de los cuerpos académicos, pero su presencia disminuye drásticamente en las jerarquías superiores. Mientras que en los niveles iniciales de la carrera académica alcanzan el 52%, solo el 29% logra acceder al rango de profesor titular, el más alto en la jerarquía universitaria. Esto se traduce en una escasa participación femenina en la toma de decisiones y en la definición de políticas académicas y científicas, lo que perpetúa las brechas estructurales.
Uno de los mayores desafíos en este contexto es el modelo tradicional de liderazgo académico, que históricamente ha favorecido características asociadas a lo masculino, como la competitividad y el individualismo. En contraposición, cualidades como la colaboración, la empatía y la resiliencia, en las que las mujeres suelen destacar, han sido subvaloradas en la estructura académica. No obstante, la investigación académica y la gestión de equipos requieren de un enfoque integrador y multidisciplinario, en el que las habilidades de liderazgo femenino pueden jugar un papel clave para la creación de equipos más cohesionados y eficientes.
Para cerrar estas brechas y potenciar el desarrollo de la acuicultura nacional desde una perspectiva inclusiva, es esencial implementar medidas concretas. Entre ellas, se deben fortalecer las políticas de equidad en la adjudicación de fondos, asegurar mecanismos de monitoreo que garanticen la sostenibilidad de estas políticas a largo plazo, y promover la participación femenina en redes de investigación y colaboración internacional. Además, es crucial fomentar modelos de liderazgo más diversos y flexibles, que reconozcan y valoren los distintos estilos de gestión, asegurando que las mujeres puedan acceder a posiciones de toma de decisiones sin la necesidad de encajar en un molde prediseñado por y para hombres.
Si bien hemos dado pasos importantes en la reducción de las brechas de género en la academia, aún queda un largo camino por recorrer. La equidad en la investigación es una estrategia fundamental para impulsar el desarrollo sustentable y la innovación en la industria salmonera y acuícola en general. Solo con un compromiso real y sostenido podremos garantizar que el talento femenino alcance su máximo potencial y contribuya plenamente al avance del conocimiento y la sostenibilidad en la acuicultura nacional.



















