Los Indicadores de Gobernanza de la Acuicultura (AGI) son un marco científico social integrado para evaluar el desempeño de la gobernanza en la dirección de los sectores de la acuicultura hacia la sostenibilidad en todo el mundo. Los AGI evalúan cuatro dimensiones de la gobernanza en relación con tres principios de gobernanza.
Las cuatro dimensiones de la gobernanza – legislación, códigos y estándares voluntarios, acuerdos de colaboración y capacidades de gobernanza – permiten una cartografía sistemática del panorama de la gobernanza. En específico, los principios de gobernanza – legitimidad, efectividad y coordinación – se centran en la organización de roles y responsabilidades, la implementación y efectividad de la aplicación de la ley, el monitoreo y el aprendizaje, y la alineación de actividades.
Un nuevo artículo desarrollado por un equipo interdisciplinario internacional demostró el poder exploratorio y explicativo del marco AGI utilizando el caso de la gestión de enfermedades en las industrias del salmón de Noruega, Chile y Canadá.
De acuerdo a los expertos, los hallazgos muestran que la gobernanza del riesgo de enfermedades en estas industrias del salmón está fuertemente respaldada por la legislación estatal, pero sigue siendo limitada en la dirección hacia soluciones alternativas para evitar o mitigar los efectos de las enfermedades – y otros desafíos ambientales persistentes.
En este escenario, destacaron los autores que “el AGI proporciona un marco valioso para la reflexión y deliberación auto-guiada o guiada entre los tomadores de decisiones y las partes interesadas en los sectores de la acuicultura en todo el mundo”.
De esta forma, los investigadores adelantaron que “el desarrollo futuro del marco AGI se centrará en un conjunto global de evaluaciones de países, análisis comparativos entre regiones de producción, comparación con otros marcos de indicadores de acuicultura y el potencial del AGI para evaluar el desempeño de la gobernanza de los sistemas alimentarios de manera más amplia”.

Aplicación del marco AGI: Salmonicultura
En esta oportunidad, los autores presentaron una comparación de cómo se gestionan las enfermedades en los sistemas de cultivo de salmón del Atlántico (Salmo salar) en Noruega, Canadá y Chile, tres de los cuatro mayores países productores, que juntos representaron alrededor del 83% de la producción mundial en 2021.
La producción de salmón creció a un promedio del 4% en estos países entre 2011 y 2021. Sin embargo, el sector del salmón en los tres países también ha experimentado una variación considerable en la producción entre años, debido en gran medida a enfermedades infecciosas causadas por bacterias, virus y parásitos.
En Chile, el país más expuesto a las enfermedades, las pérdidas de ingresos se estiman en hasta US$700 millones al año. Otras limitaciones que afectan a la producción incluyen los desafíos regulatorios destinados a reducir el uso de antibióticos y mitigar los efectos más amplios de las enfermedades, los escapes y la capacidad de carga relacionada con los nutrientes en el medio ambiente.
Además, el hecho de que solo una quinta parte de la producción de salmón en Noruega esté certificada y que la mayor proporción en los tres países esté clasificada en rojo por el programa Monterey Bay Seafood Watch, refleja los desafíos que enfrentan estos países para mitigar los efectos de las enfermedades en la producción y el medio ambiente en general.

Algunos resultados relevantes del análisis en la industria del salmón
Los hallazgos muestran que la legitimidad y la coordinación influyen en la efectividad de la gobernanza de enfermedades en las industrias del salmón de Chile, Noruega y Canadá. Los resultados revelan que la legitimidad de las medidas de gestión de enfermedades en los tres países se deriva en gran medida del Estado, más que de la industria del salmón en los tres casos.
Sin embargo, “los efectos ambientales más amplios de las enfermedades en las poblaciones de salmón silvestre y la biodiversidad en general en cada país no han sido abordados eficazmente por la industria del salmón. Esto ha afectado, en parte, la confianza de los grupos de la sociedad civil en la capacidad de la industria para hacer frente a los brotes persistentes de enfermedades. Esta falta de confianza también ha dificultado la voluntad de la industria del salmón y la sociedad civil para reflexionar conjuntamente sobre la eficacia de las medidas de gestión pasadas y explorar medidas de mitigación alternativas”, aseveraron los expertos.
Por otro lado, “las puntuaciones relativamente bajas en coordinación indican una escasa coherencia y complementariedad en la mitigación de enfermedades en los tres países. Esto se ilustra, por ejemplo, por el escaso reconocimiento de los impactos ambientales acumulativos por parte de los actores de la industria y las ONG que participan en acuerdos de colaboración, así como en la legislación y los códigos y normas voluntarios. También se demuestra una escasa complementariedad en la identificación de una gestión ineficaz de las enfermedades entre los códigos y normas voluntarios y la legislación estatal. Además, se demuestra por la limitada influencia de los acuerdos de colaboración para fomentar el cumplimiento de los códigos y normas voluntarios, al menos a nivel nacional”, expusieron los investigadores.
Sin embargo, identificaron que, en Chile, el grupo de trabajo dedicado a la reducción del uso de antibióticos en el Proyecto Pincoy podría haber llevado a un mejor cumplimiento de normas como las del ASC. Asimismo, los compromisos adquiridos en acuerdos de colaboración internacionales, como la Global Salmon Initiative (GSI), han guiado el cumplimiento de normas y leyes.
“Sin embargo, la coordinación entre acuerdos se basa principalmente en la informalidad y sigue siendo bastante ad hoc y fragmentada, lo que socava las ambiciones de gestionar colectivamente el riesgo de enfermedades más allá de la escala del centro de cultivo. Además, existe una variedad en el grado en que los actores estatales e industriales son proactivos en su comunicación”, apuntaron los científicos.
“En Canadá, existen algunas asociaciones industriales activas que se comunican a nivel provincial y nacional, como la Alianza Canadiense de la Industria Acuícola (CAIA). Sin embargo, hay poca evidencia de que las agencias estatales de los tres países fomenten una «comunicación bidireccional» con el público en general”, reflexionaron.
Finalmente, Chile, Noruega y Canadá obtuvieron buenos resultados en cuanto a la efectividad de la gobernanza acuícola, es decir, las estructuras, los procesos y las prácticas establecidas para identificar y explotar las oportunidades colectivas para resolver problemas complejos.
“Esto se evidencia en primer lugar por la disponibilidad de información pública relacionada con las enfermedades, así como por el alto grado de conciencia de los impactos acumulativos asociados a las enfermedades tanto por parte del Gobierno como de la industria”, destacaron los autores.
Sin embargo, enfatizaron que “la limitada colaboración y coordinación dentro del sector significa que las acciones de gestión, a pesar del uso de enfoques colectivos de «área» o «zona» para gestionar la capacidad de carga y las enfermedades en Noruega y Chile, siguen centrándose en gran medida en el nivel del centro de cultivo”.
“Este enfoque a nivel de centro de cultivo en la gestión de enfermedades refuerza la toma de decisiones individuales sobre el uso de antibióticos y las medidas de bioseguridad, como la desinfección, la documentación del estado de vacunación y la detección de patógenos. Esto puede obstaculizar futuras oportunidades de coordinación entre empresas, el Estado y los actores de la sociedad civil que puedan aprovechar la gestión por área o zona para implementar una gestión de enfermedades a mayor escala ecosistémica”, explicaron.
Fundamental para la toma de decisiones, definición de roles y responsabilidades
El marco AGI permite un análisis comparativo sistemático de la gobernanza de la acuicultura a nivel de países y/o sectores. Además, facilita un diagnóstico de cómo se organizan la toma de decisiones, los roles y las responsabilidades actuales, las formas en que se fomenta el aprendizaje y el grado en que se alinean las prácticas y los procesos de gestión.
Es así como, los 26 indicadores señalados en el artículo proporcionan información sobre las interacciones entre la legislación, los códigos y estándares, y los acuerdos de colaboración y las capacidades de gobernanza que pueden conducir a una resolución legítima, efectiva y coordinada de los riesgos de producción y sistémicos en el sector acuícola.
Tras el análisis basado en el AGI de la salmonicultura en Noruega, Canadá y Chile se demuestra la influencia de las empresas internacionales verticalmente integradas en la gobernanza de riesgos clave como las enfermedades. Esto significa que, si bien los riesgos como las enfermedades son compartidos y están directamente relacionados con la salud del medio ambiente en el que se ubican las jaulas, existe un enfoque persistente en la innovación técnica dentro de la empresa con el apoyo del Estado.
Los resultados también demuestran el potencial del marco AGI para proporcionar orientación para fortalecer la gobernanza de la acuicultura a fin de permitir la resolución colectiva de problemas. En el caso del salmón, las formas colaborativas de gestión que van más allá de la industria y el Estado podrían ayudar a generar confianza pública con los principales responsables de la toma de decisiones encargados de mitigar los riesgos clave como las enfermedades y fomentar una mayor aceptación social del sector.


















