Durante su presentación titulada “Vaccine strategies against Piscine lactococcosis”, el Dr. Esteban Soto Martínez, médico veterinario y microbiólogo, profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de California Davis, compartió con los asistentes del webinar organizado por el Centro INCAR los principales avances en el desarrollo de vacunas para prevenir la lactococosis en peces.
El investigador explicó que esta enfermedad, causada por bacterias del género Lactococcus, se ha convertido en un problema sanitario emergente en distintas regiones del continente americano, afectando gravemente a la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), una especie de alto valor económico y productivo.
“Desde 2007 se han registrado brotes de lactococosis en Brasil —particularmente en especies como pintado y tilapia—, y posteriormente en México, Estados Unidos y Canadá, muchos de ellos asociados a una gran cantidad de mortalidades y pérdidas productivas significativas.”, señaló el especialista, agregando que el primer gran brote en California fue reportado en 2020.
Tres especies de Lactococcus y una identificación clave
Históricamente, los casos de lactococosis se atribuían a Lactococcus garvieae. Sin embargo, gracias a análisis genómicos comparativos realizados por el equipo del Dr. Soto y otros grupos internacionales, hoy

Don Preisler/UCDavis
se sabe que existen tres especies responsables de la enfermedad: L. garvieae, L. formosensis y L. petauri.
“En América, y especialmente en California, la mayoría de los brotes se deben a Lactococcus petauri, una especie que hasta hace pocos años no había sido descrita en peces. Este descubrimiento cambió completamente nuestra comprensión de la epidemiología de la enfermedad”, explicó el investigador.
La lactococosis en peces es causada por bacterias grampositivas del género Lactococcus, muy similares a los estreptococos. La enfermedad produce signos como melanosis, exoftalmia —a veces bilateral—, nado errático y mortalidades asociadas a septicemia aguda o incluso hiperaguda. En varios países se han detectado cepas resistentes a oxitetraciclina, uno de los antibióticos más utilizados en acuicultura.
Brotes en América y respuesta sanitaria
El especialista destacó que los brotes de lactococosis han sido reportados en Brasil, México, Estados Unidos y Canadá, afectando tanto a truchas como a tilapias y otras especies de cultivo.
En el caso de Estados Unidos, los primeros aislamientos se detectaron en California, Arizona y Pensilvania entre 2020 y 2022. “El organismo regulador decidió eliminar más de tres millones de peces en centros de cultivo positivos, para contener el riesgo de diseminación”, comentó Soto.
El Dr. Soto explicó que algunas especies de Lactococcus pueden tener un potencial zoonótico, pero enfatizó que gran parte de la confusión proviene de problemas en la correcta identificación del agente causal, lo que ha dificultado la aplicación de medidas sanitarias adecuadas.
El desafío de la vacunación: bacterinas, vivas atenuadas y nuevas plataformas
El Dr. Soto detalló que su laboratorio ha evaluado diversos tipos de vacunas frente a Lactococcus petauri, con el fin de determinar su eficacia y factibilidad de aplicación a gran escala.
Las vacunas inactivadas o bacterinas mostraron alta protección cuando fueron aplicadas por inyección intraperitoneal, alcanzando hasta 100% de supervivencia en ensayos experimentales. Sin embargo, el método requiere manipulación individual de los peces, lo que incrementa los costos y el estrés animal.
“En cambio, las vacunas de inmersión o orales son más prácticas y seguras, aunque su respuesta inmune suele ser más débil”, explicó el investigador.
Por ello, su equipo ha trabajado en vacunas vivas atenuadas, utilizando mutagénesis aleatoria y exposición a rifampicina para reducir la virulencia de la bacteria. El investigador señaló que las vacunas atenuadas desarrolladas con rifampicina lograron niveles de protección superiores al 87% (RPS), un resultado muy significativo tratándose de una bacteria grampositiva.
Estudios inmunológicos y potencial de las vacunas de mucosa
El equipo de la Universidad de California Davis también ha realizado estudios de inmunología comparada para determinar qué tipo de respuesta —humoral o celular— es más eficaz en la prevención de la infección.
El Dr. Soto explicó que las vacunas aplicadas a nivel de mucosa, ya sea por inmersión o vía oral, estimulan directamente el sistema inmune local, lo que puede representar una ventaja frente a las vacunas inyectables al prevenir la infección desde el sitio inicial de entrada del patógeno.
En los ensayos realizados con truchas, el Dr. Soto indicó que las vacunas aplicadas por inmersión lograron cerca del 90% de RPS, lo que calificó como un resultado muy bueno considerando las dificultades que normalmente existen para vacunar frente a este tipo de bacterias.
Búsqueda de antígenos específicos y nuevas tecnologías con microalgas
El Dr. Soto explicó que, a través de estudios inmunoproteómicos, su equipo identificó proteínas específicas de Lactococcus petauri que también mostraron reactividad cruzada con L. garvieae y L. formosensis, lo que indica la presencia de antígenos compartidos que podrían utilizarse en el desarrollo de vacunas con protección cruzada.
En colaboración con una empresa biotecnológica del sur de California, actualmente exploran una tecnología basada en microalgas diatomeas modificadas genéticamente que expresan las proteínas de interés. Estas microalgas se incorporan al alimento de los peces, permitiendo una inmunización oral con potencial de protección a nivel de mucosa.
“Si logramos mantener la estabilidad de la proteína y una adecuada respuesta inmune, las vacunas basadas en microalgas podrían representar una revolución en la vacunación acuícola”, proyectó el investigador. También agradeció el apoyo del California Department of Fish and Wildlife, del U.S. Fish and Wildlife Service, y de distintos colaboradores académicos.


















