Toda industria de producción animal se construye sobre la base de tres valores: (1) sobrevivencia a la cosecha, (2) tasa de crecimiento y (3) factor de conversión. Estos tres números determinan el curso de las cosas y explican la existencia de miles de otros números, tasas, proyecciones, además de las infraestructuras, inversiones y un largo etcétera. En el valor que estos tres parámetros obtienen al final de cada ciclo productivo hay una variable que tiene un peso específico capital: la alimentación y los componentes nutricionales.
En los salmónidos, en tanto organismos poiquilotermos, la tasa de crecimiento es una función de la temperatura del agua, pero, esto ocurre siempre y cuando los alimentemos como sus necesidades biológicas de mantención y crecimiento exigen. Porque, como es lógico, deben crecer lo más rápido dentro de los patrones fisiológicos de la especie, llegar a cosecha la mayor cantidad respecto de lo sembrado y con el mínimo factor de conversión.
Todo lo anterior es básico para la sostenibilidad de la industria, su crecimiento y sus mejoras en todo sentido. Buscamos consolidar una maquinaria virtuosa en la que gane la empresa y sus empleados, gane el medio ambiente, las comunidades locales y el país se enriquezca de esta experiencia.
Pues bien, siendo el alimento el factor clave en los tres valores que construyen la industria, hay un pequeño detalle: hace tiempo que los salmónidos se dejaron de alimentar con harina y aceite de pescado. Hoy se alimentan principalmente con vegetales. Reemplazar la harina de pescado, como fuente de proteínas, no ha sido tan complicado y hoy incluso hay dietas 100% vegetales, suplementadas con aminoácidos esenciales.
En el caso del aceite, aquí la cosa es un poco más complicada, ya que en el reino vegetal abundan los omega-6 (proinflamatorios) pero no los omega-3, lo que crea un problema que en muchas partes del mundo ha llevado a que científicos y científicas estudien la obtención de EPA y DHA a partir de vegetales, como es el caso del Instituto de Investigación en Alimentación, Pesca y Acuicultura de Noruega, quienes ya han reportado sus hallazgos y recomendaciones respecto del uso de aceite de canola genéticamente modificada (GMO). Un exceso de omega-6 se traduce en melanosis y esto debe ser evitado a toda costa.
Para la industria salmonicultora chilena ese no es el único desafío: alrededor del 90% de los insumos vegetales –materia prima para las dietas de los peces– hoy se importa, y eventos como el Covid y la invasión de Rusia a Ucrania han mostrado la fragilidad de esta dependencia, lo que se traduce, finalmente, en un aumento de costos.

Desafíos
En este desafío está el espíritu del Programa Tecnológico para la Producción Local de Insumos Nutricionales para la Acuicultura (PTEC-INVA), una iniciativa público-privada-académica impulsada por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) cuyo objetivo fundamental es generar una plataforma habilitante de apoyo para la producción y uso de insumos vegetales nutricionales provenientes de cultivos de rotación de la macrozona sur y austral de Chile como fuente sostenible de proteínas y aceites que puedan ser escalables, costo y ambientalmente sustentables y efectivas para su uso en la elaboración de dietas de salmónidos.
El Programa, que se encuentra en su tercer año de ejecución de un total de cinco, es liderado por la empresa Salmones Antártica, y como coejecutores participan el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), el Centro Tecnológico para la Innovación Alimentaria (CeTA), VeHiCe, Agrotop (Saprosem), la Universidad Católica de Temuco y la Universidad de Chile. El área de fomento productivo, en tanto, está enfocada en las regiones de La Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén y Magallanes, y las especies vegetales estudiadas son raps, camelina, canola, soya, alfalfa, trébol, lupino, arveja y trigo.
¿Cuál es la lógica de trabajo? Se trata se levantar un puntaje a partir de criterios ascendentes: primero el INIA, sembrando desde La Araucanía hasta Magallanes, establece un ranking sobre la base de criterios agronómicos (sobrevivencia de las plantas, rendimiento por hectárea, proporción de proteína y/o aceite, entre otros), para cada especie en las distintas regiones. Esto se complementa con la evaluación que efectuarán en sus unidades experimentales ambas universidades para establecer un nuevo ranking basado en la digestibilidad, y en parámetros productivos, para diferentes mezclas de ingredientes (conversión, sobrevivencia, tasa de crecimiento).

A lo anterior se suma el laboratorio VeHiCe, quienes evalúan desde una perspectiva sanitaria por medio de cuatro packs tecnológicos que miden el impacto positivo, negativo o neutro de los ingredientes sobre la salud del hueso, del sistema inmune, del hígado y de la flora intestinal.
Esto genera un nuevo ranking que viene a complementar los anteriores, y todo esto confluye hacia la dieta que en la última etapa del Programa se probará en balsas-jaula industriales en Salmones Antártica, siempre bajo el objetivo de lograr para cada región el o los vegetales más idóneos y costo-efectivos, sustentables y que generen en los peces la mejor conversión, mayor tasa de crecimiento y mayor sobrevivencia.
Como se desprende de lo anterior, tenemos, no sólo como Programa sino como industria, un desafío inmenso si queremos que la mayor parte de los insumos vegetales se produzcan en nuestro Chile. Esto significará miles de hectáreas dedicadas a este nuevo emprendimiento.
El consorcio generado a partir del PTEC-INVA cuenta con la participación de actores relevantes de la cadena acuícola en todas las regiones de la macrozona sur-austral, lo cual incluye, además del beneficio para los salmonicultores, a productores agrícolas de comunidades aledañas, pequeños, medianos y grandes, quienes se verán directamente beneficiados por las actividades de transferencia tecnológica y de desarrollo comercial, evidenciando con esto el valor compartido y el objetivo de generar una tercera industria a partir de la sinergia entre los rubros agrícola y acuícola.

Para producir 1 millón de toneladas de salmón y trucha se necesitan, más o menos, 1 millón doscientas mil toneladas de alimento. Hacer esto en nuestro país y concentrar proteínas (desafío del CeTA) trae infinitas posibilidades de desarrollo: plantas procesadoras, transportes, acopios, investigación, maquinarias, trabajo especializado, capacitación, mano de obra, por nombrar sólo algunas.
Por eso decimos que, junto con el Programa Tecnológico Estratégico para el Desarrollo de la Acuicultura Oceánica (PTECAO), el PTEC-INVA es por lejos el programa tecnológico estratégico más importante de la década para la industria salmonicultora chilena.
Daniel Nieto Díaz-Muñoz PhD
Gerente PTEC-INVA


















