En un contexto global marcado por el crecimiento poblacional, la necesidad urgente de alimentos sostenibles y la presión por reducir el impacto ambiental, el cultivo de salmón emerge como una pieza clave en la industria alimentaria del futuro. El “Salmon Farming Industry Handbook 2025” de la conocida productora del salmón Mowi entrega una radiografía detallada del presente y futuro de este sector, destacando su relevancia como fuente de proteína, sus desafíos regulatorios y su apuesta por la sostenibilidad.
El salmón: protagonista de una transformación alimentaria
Con una población mundial que se estima alcanzará los 9.700 millones en 2050, la demanda por proteínas crecerá al menos un 20%. Aunque el mar cubre el 70% del planeta, solo el 6% de las proteínas que consumimos proviene del pescado. En este contexto, el salmón, especialmente el del Atlántico cultivado, se posiciona como una opción nutritiva, eficiente y con bajo impacto ambiental.
En 2024, el consumo de salmónidos —que incluye especies como el salmón del Atlántico, la trucha y el coho— alcanzó 3,3 millones de toneladas. De esta cifra, más del 80% provino de cultivo. Noruega, Chile, Escocia y Canadá lideran la producción global.
Acuicultura: motor de crecimiento y solución alimentaria
A diferencia de la pesca extractiva, cuyo crecimiento se ha estancado, la acuicultura sigue expandiéndose. Desde 2016, la mayor parte del pescado consumido por humanos proviene de cultivos. En 2024, la acuicultura representó el 57% de la oferta total de pescado, una tendencia que continuará al alza, con proyecciones de un consumo per cápita que superará los 21 kg en 2033.
El salmón destaca por su alto nivel de industrialización, eficiencia alimentaria (28% de retención proteica) y un rendimiento comestible del 73%, lo que lo convierte en una de las proteínas animales más sostenibles del planeta.
Salmón y sostenibilidad: una alianza estratégica
Uno de los puntos centrales del informe es el impacto ambiental de la industria. Producir un kilo de salmón genera 5,1 kg de CO₂, significativamente menos que el pollo (8,4 kg), el cerdo (12,2 kg) o la carne de vacuno (39 kg). Además, consume menos agua (2.000 litros por kg) que otras proteínas animales.
Mowi ha logrado que el 82% de sus tratamientos contra el piojo de mar en Noruega no requiera medicamentos, gracias a nuevas tecnologías como jaulas sumergidas, sistemas cerrados y uso de láseres. También ha reducido el uso de ingredientes marinos en los alimentos, pasando de 65% de harina de pescado en 1990 a solo 16% en 2024.
Desafíos ambientales y regulatorios
No obstante, el crecimiento de la industria no está exento de desafíos. Las condiciones ambientales, como la temperatura del agua, influyen fuertemente en la productividad. Además, el riesgo de fugas de salmones cultivados sigue siendo una preocupación ambiental por su potencial impacto genético en poblaciones silvestres.
En Noruega, cinco de las 13 áreas de producción presentan alto riesgo de alteraciones genéticas en el salmón salvaje debido a escapes. Asimismo, aunque el impacto de los residuos orgánicos es considerado bajo, la industria está obligada a monitorear y mitigar continuamente su huella ambiental.
El marco regulatorio es otro factor clave. Cada país productor tiene su propia legislación, y en todos ellos se requiere una licencia para operar. Esto representa una barrera de entrada importante, pero también un incentivo para adoptar prácticas más sostenibles y transparentes.
Mercados y consumo: Europa y EE.UU. dominan
El salmón cultivado es exportado principalmente en forma fresca, lo que favorece mercados cercanos. Noruega abastece a Europa y Asia; Chile, a Estados Unidos y América del Sur; y Canadá, al mercado norteamericano.
EE.UU. y la Unión Europea son los mayores consumidores, pero el crecimiento más acelerado se observa en Brasil y China. En los últimos 10 años, la demanda global ha aumentado un 7% anual en valor, mientras que la producción solo creció un 3%, generando una brecha estructural favorable para los productores.
El salmón ha mantenido un precio estable en los últimos dos años, con un promedio de EUR$6,4 por kilo en Noruega. Esto lo posiciona como una proteína de valor, aunque más costosa que el pollo o el cerdo.
Concentración de la industria y liderazgo de Mowi
El informe destaca que la industria ha experimentado una fuerte consolidación. En Noruega, 10 empresas concentran el 73% de la producción. Mowi lidera globalmente con más de 300.000 toneladas producidas en 2024, y presencia significativa en Europa, América del Norte y el Reino Unido.
Aunque existen cerca de 1.360 licencias comerciales en Chile, solo 385 están activas. Las 10 mayores compañías controlan el 90% de las licencias activas, lo que evidencia una alta concentración y profesionalización del sector.
Innovación y perspectivas de futuro
La industria enfrenta límites biológicos y geográficos: pocas zonas del mundo tienen condiciones óptimas para cultivar salmón en el mar (temperaturas entre 8 y 14°C). Por ello, el desarrollo de tecnologías como el cultivo en tierra (land-based) y el offshore farming (mar abierto) están ganando interés, aunque su escala aún es limitada.
Las mejoras en alimentación, genética, sistemas de monitoreo y procesamiento están abriendo nuevas posibilidades de eficiencia y bienestar animal. Mowi, por ejemplo, proyecta mejoras en tasas de mortalidad mediante el uso de smolt más grandes y tecnologías digitales (Mowi 4.0).
En síntesis, el salmón se ha convertido en una proteína clave para un mundo que necesita alimentos sostenibles, eficientes y saludables. El informe de Mowi no solo destaca las fortalezas de la industria, sino también sus retos, especialmente en términos ambientales y sociales. En un entorno donde el consumidor exige cada vez más transparencia y responsabilidad, el éxito del salmón cultivado dependerá de la capacidad del sector para innovar sin perder de vista su impacto en el planeta.
Lea el informe completo aquí: “Salmon Farming Industry Handbook 2025”


















