La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que El Niño ya se ha desarrollado en el Pacífico tropical y proyecta que podría fortalecerse hasta alcanzar una intensidad moderada o incluso fuerte durante los próximos meses. Según sus pronósticos, existe una probabilidad del 63% de que las temperaturas superficiales del mar superen los 2 °C sobre lo normal en la región de monitoreo del Pacífico ecuatorial, umbral que la entidad considera característico de un evento “muy fuerte”.
Para la salmonicultura chilena, el anuncio reabre una pregunta recurrente: ¿qué tan expuesta está la Patagonia a una nueva temporada de floraciones algales nocivas similares a las que provocaron millonarias pérdidas en años anteriores?
Los investigadores consultados por InfoSALMON coinciden en que la respuesta depende de múltiples variables que aún se encuentran en desarrollo.
Un océano que ya parte desde condiciones cálidas
Uno de los aspectos que más llama la atención es que el nuevo ciclo climático se está instalando sobre una base térmica ya elevada en las zonas salmoneras del sur. Agustín Piña, médico veterinario y Product Manager de Codebreaker Bioscience, explica que los datos recientes muestran una situación que merece seguimiento estrecho. “El mar interior de Chiloé llegó al giro hacia El Niño desde una base ya cálida. En junio de 2026 la anomalía de temperatura superficial del mar alcanzó +0,52 °C como promedio espacial del área, respecto a la climatología 1993-2020. Es el primer mes claramente positivo tras varios meses en torno a cero”, detalló.
El investigador destacó que incluso durante el último verano, desarrollado bajo condiciones de La Niña, se registraron eventos térmicos inusuales. “Durante el verano de La Niña se registraron olas de calor marino de intensidades que en años anteriores aparecían durante El Niño fuerte. El canal Moraleda, en Aysén, tuvo un evento de categoría extrema que se extendió por cerca de dos meses entre diciembre y marzo, el más intenso de mi serie en décadas. Por otro lado, en Reloncaví, la zona del episodio de 2016, registró un evento prolongado de categoría alta durante el verano”, resaltó.
A juicio de Piña, el principal elemento de atención es que el máximo desarrollo proyectado para El Niño coincidiría con la ventana estacional históricamente asociada a las FAN. “El pronóstico de NOAA sitúa el peak de este El Niño en torno a noviembre-enero, al inicio de la ventana de floraciones de diciembre a abril. Si el evento llega con la base térmica elevada que estamos observando, sumado a viento que favorezca la estratificación y caudales de ríos bajos, el escenario se aproximaría al perfil de 2016”, sostuvo.
Sin embargo, enfatiza que aún es prematuro hablar de una repetición de aquel episodio. “Estos condicionantes todavía no están definidos. El evento es incipiente y los modelos tienen capacidad predictiva moderada a seis o nueve meses. El período crítico de observación va de agosto a noviembre de 2026”, apuntó.

El Niño no basta para explicar una crisis
Uno de los mensajes centrales de los investigadores es evitar interpretaciones simplistas. Piña es categórico al respecto: “El Niño no predice floraciones algales. Eleva la probabilidad de que se active el mecanismo físico detrás de las crisis anteriores. El marco aquí es de alerta temprana. El verano 2023-24 tuvo un El Niño fuerte y no registró FAN de impacto económico, lo que muestra que la temperatura por sí sola no basta”.
Incluso recordó que durante este mismo año se observó actividad algal relevante en ausencia de El Niño. “Sernapesca detectó una floración de Heterosigma akashiwo desde marzo de 2026 en el seno de Reloncaví, con once centros de cultivo que activaron sus planes preventivos, y según el reporte oficial sin mortalidades masivas asociadas. Ese episodio ocurrió antes del giro hacia El Niño que recién aparece en junio, durante condiciones ENSO neutrales o de La Niña. Refuerza la idea de que estos eventos se activan por factores locales y no requieren El Niño”, puntualizó.
La combinación de factores que preocupa a los expertos
Más que la temperatura por sí sola, los investigadores apuntan a una combinación de variables que pueden aumentar significativamente el riesgo. Según Piña, existen tres indicadores particularmente relevantes. “Vigilo tres indicadores que, al converger, elevan el riesgo. El primero son las olas de calor marino, que operan como amplificador. En 2021 la floración ocurrió con calor moderado, de modo que la categoría térmica eleva el riesgo sin ser condición obligatoria”, señaló.
El segundo corresponde al Modo Anular del Sur (SAM). “El segundo es el Modo Anular del Sur, o SAM, en fase positiva. Debilita los vientos del sur de Chile, reduce la mezcla vertical de la columna de agua y favorece la retención del fitoplancton en los fiordos. Fue el factor dominante en 2021, en plena La Niña”, especificó.
El tercer factor es la disponibilidad de agua dulce. “El tercero es el caudal de los ríos Puelo y Petrohué. Menos caudal produce una columna de agua más estratificada y floraciones que persisten semanas. En 2016 el daño no se explicó por el calor, ya que la anomalía local rondaba +0,35 °C durante el bloom, sino por la cantidad de días que la floración se mantuvo instalada por esa retención física”, indicó.
El investigador añade un antecedente clave para comprender la vulnerabilidad de algunas zonas productivas. “Sobre este punto, el propio IFOP ha señalado que el tiempo de renovación del agua en el seno de Reloncaví supera los 200 días, lo que ilustra por qué la retención importa tanto en esa zona”, recordó.
El rol del SAM en la ecuación climática
Una visión complementaria aporta el Dr. Patricio Díaz, investigador del Centro i~mar de la Universidad de Los Lagos, quien destacó que la industria debe mirar más allá del ENOS. “En la Patagonia norte, donde se desarrolla gran parte de la industria de la salmonicultura nacional, los potenciales efectos de una fase cálida del El Niño Oscilación del Sur (ENOS) no deben interpretarse como una respuesta inmediata ni lineal”, afirmó.
Según el académico, las primeras señales podrían comenzar a observarse durante la próxima temporada primavera-verano. “Una señal esperable es el incremento gradual de la temperatura superficial del mar, junto a cambios en los patrones de viento, radiación solar, precipitaciones y descargas de agua dulce hacia el sistema de fiordos y canales. Estas condiciones, que podrían comenzar a registrarse hacia primavera y verano 2026-2027, pueden estar asociadas a una mayor influencia de altas presiones sobre el Pacífico sur y la Patagonia, favoreciendo escenarios atmosféricos más estables”, apuntó.
Díaz advierte que estos cambios pueden alterar profundamente la dinámica de los ecosistemas acuáticos. “Estos cambios pueden traducirse en modificaciones de la estructura termohalina de la columna de agua, alterando la estratificación, la disponibilidad de nutrientes y las condiciones de estabilidad de la capa superficial. En conjunto, estos procesos pueden generar ambientes propicios para el desarrollo de floraciones algales nocivas (FAN), como ha ocurrido durante eventos climáticos previos, particularmente durante los veranos de 1998 y 2016”, detalló.
El investigador subrayó además la importancia del SAM. “Sin embargo, el ENOS no es el único modo climático de gran escala capaz modificar las condiciones oceanográficas y meteorológicas del sur de Chile. El Modo Anular del Sur (SAM), que corresponde a un patrón de variabilidad atmosférica del hemisferio sur asociado al desplazamiento del cinturón de vientos del oeste alrededor de la Antártica, también puede tener un rol relevante”, destacó.
Y agregó que “durante la fase positiva del SAM, los vientos del oeste tienden a intensificarse hacia latitudes más australes y a debilitarse en latitudes medias, lo que en Patagonia occidental puede asociarse a condiciones más secas, cálidas, estables y con menor influencia de sistemas frontales. En este contexto, la combinación de una fase cálida del ENOS con una fase positiva del SAM durante primavera y verano podría representar un escenario de mayor riesgo para la ocurrencia de FAN intensas, como ocurrió durante el evento de 2016”.
¿Es posible repetir una crisis como la de 2016?
La pregunta inevitable para la industria es si existe una probabilidad concreta de repetir un evento similar al ocurrido hace una década. Piña llama a la cautela. “Con solo dos eventos bien documentados no es posible calcular una probabilidad estadística formal”, afirmó.
Sin embargo, los registros históricos sí permiten identificar patrones. “Lo que muestran los datos de 33 veranos es un patrón: la única vez que convergieron los cuatro factores a la vez fue en 2016, el año de la única floración masiva. Tres veranos presentaron tres de los cuatro factores, incluido El Niño fuerte de 2023-24, sin crisis. La lectura es que la convergencia de factores parece necesaria, aunque no suficiente”, analizó.
Respecto de la situación actual, sostuvo que “a junio de 2026 vamos con dos factores en el umbral, El Niño en ascenso y SAM en el borde. Para acercarse al perfil de 2016 faltarían olas de calor durante el verano y caudales bajos; el de 2021 podría darse incluso con un El Niño más moderado, si el SAM se consolida positivo”.
Monitoreo intensivo y preparación operacional
Frente a este escenario, los expertos coinciden en que la clave estará en la capacidad de anticipación. Díaz recomendó fortalecer el seguimiento simultáneo de variables climáticas, oceanográficas y productivas. “Durante los próximos meses, la industria acuícola debería reforzar el monitoreo integrado de señales climáticas, oceanográficas, biológicas y productivas”, sugirió.
Y precisó cuáles serán los principales indicadores a observar: “A escala climática, es clave seguir la evolución del ENOS, especialmente las anomalías de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial, junto con el comportamiento del SAM, ya que la combinación de una fase cálida de ENOS con una fase positiva del SAM puede favorecer condiciones más estables, secas y propicias para eventos de FAN en la Patagonia”, especificó.
Asimismo, destacó la importancia de la vigilancia local. “A escala local, las señales más relevantes son el aumento sostenido de la temperatura del mar, mayor radiación solar, menor precipitación, reducción de caudales y cambios en la estratificación de la columna de agua”, señaló.
Finalmente, concluyó que la integración de información histórica y monitoreo en tiempo real puede marcar la diferencia. “Estos factores deberían complementarse con el monitoreo hidrográfico continuo, comparando esta información con las series de tiempo históricas existentes en los diferentes centros de cultivo de la Patagonia. Esto permitiría adoptar medidas de manejo oportunas, capaces de reducir significativamente los impactos socioeconómicos y ambientales observados durante episodios pasados”, recomendó.
NOAA: señales globales que la industria no debe ignorar
Aunque los efectos específicos de El Niño sobre la Patagonia dependen de múltiples factores regionales, la NOAA recuerda que históricamente estos eventos han estado asociados a modificaciones significativas en los ecosistemas marinos, incluyendo cambios en las rutas migratorias de peces, desplazamiento de especies de aguas cálidas hacia nuevas áreas de distribución y episodios de proliferación de floraciones algales nocivas.
La agencia también destaca que el debilitamiento de la circulación atmosférica conocida como Walker y el desplazamiento de aguas cálidas hacia la costa sudamericana son características centrales de estos eventos, factores que históricamente han influido en la dinámica oceánica del Pacífico oriental.
Para la salmonicultura chilena, significa una señal temprana que obliga a redoblar el monitoreo. El comportamiento del SAM, las olas de calor marino, los caudales fluviales y la evolución de la estratificación de los fiordos durante los próximos meses serán variables determinantes para evaluar si el verano 2026-2027 se aproxima a los escenarios que marcaron algunos de los episodios más complejos para la industria en las últimas décadas.


















